La vida múltiple de un Don Juan 3.0 en Lavapiés

Mejor que muerto

Fidel Moreno

Barcelona, Random House, 2025

344 págs.

La primera novela de Fidel Moreno es una tragicomedia sobre un hombre que se enfrenta a la crisis de los cuarenta y la crisis de la masculinidad. Es también una novela de aventuras narrada en tercera persona que nos muestra, con grandes dosis de humor, las contradicciones en las que vive inmerso el Hombre Promedio actual.

Mejor que muerto es una novela adictiva que posee un ritmo frenético y en el que se entretejen multitud de temas, tanto políticos como existenciales. Julio, el imprevisible protagonista, arrastra al lector a situaciones en las que aparecen los grandes y pequeños debates que han ido configurando a mi generación, la nacida a finales de los setenta: el problema de la vivienda y la precariedad laboral, el amor romántico y otras drogas, el desencanto de la política, la paternidad a partir de los cuarenta, el individualismo y la soledad, la inmigración, las nuevas parejas y las nuevas familias, la disfunción eréctil y la pócima mágica de la eterna juventud.

El autor disfruta rompiendo esquemas, cuestionando incisivamente la realidad, y destrozando los consensos que se consideran indiscutibles. Fidel Moreno juega con las expectativas del lector, y aunque a ratos parece imposible ponerse de parte del protagonista, lo cierto es que la impunidad de la que parece gozar nos atrae irresistiblemente.

Julio consume heroína esporádicamente, pero no acaba convertido en yonqui. Julio disfruta de la vida sin tener que trabajar, pero cuando se le pide que eche una mano en la empresa de su suegro, cumple con su misión impecablemente. Julio es un buen compañero de su esposa, pero también disfruta de las mieles del romance adúltero. Cumple con lo que se espera de él, pero se escapa en cuanto puede. Parece un adulto “normal”, pero cuando le dejan da rienda suelta a su complejo de Peter Pan.

Los personajes de Mejor que muerto no son maniqueos y su ambigüedad los hace humanos: en esta novela no hay buenos ni malos. No es preciso que les juzguemos, ni que establezcamos ningún tipo de vínculo emocional con ellos: el autor simplemente nos invita a acompañarlos y a divertirnos con sus aventuras y desventuras.

Sara, la vecina okupa, es un buen ejemplo. Si se espera una representación intachable del fenómeno de la okupación por parte del autor, en la novela se muestra como un caso más en el que la lógica del beneficio capitalista se impone a otras consideraciones bienintencionadas.

Mejor que muerto muestra las contradicciones de un hombre que se debate entre el confort burgués de su matrimonio y el romance lumpen con la vecina okupa. Aquejado de esa insatisfacción permanente tan común en estos tiempos, Julio busca un arreglo entre la realidad y el deseo. No se conforma con el privilegio de la doble vida, el sueño húmedo de cualquier Hombre Promedio: él prefiere soñar con la “vida múltiple”: “No tenía que justificarse, ni ordenar la jerarquía de sus afectos. La vida múltiple no pedía coherencia sino entrega gozosa a los acontecimientos”.

Julio sigue así el tirón de sus desviaciones, sin culpa ni castigo, entregado a la búsqueda del placer. Yo me dedico a investigar al Hombre Promedio en mi vida profesional, así que como lectora ha sido un lujo poder entrar en el interior de un varón posmoderno y contemplar cómo se enfrenta a la pérdida de su potencia sexual y sus privilegios.

Nuestro donjuan lavapiesero se resiste como puede ante los cambios de la misma manera que muchos hombres de su generación. Julio se pliega a los deseos de su empoderada esposa, y cumple con su papel a la perfección, pero se resiste por lo bajo, burlando su control cada vez que puede. Defiende con uñas y dientes su libertad, como cualquier hombre promedio, porque cree que tiene derecho a disfrutar al máximo de la vida, un leitmotiv que comparten muchos hombres de nuestro tiempo.

Tengo muchos amigos que quisieran vivir como Julio, pero pocos lo logran. Supongo que por eso me hablan de esta novela con tanta fascinación: Julio da rienda suelta a sus delirios sin autocensura de ningún tipo. Goza escandalizando al personal, como hace unos cuantos siglos lo hacía el burlador de Sevilla.

En un mundo en el que los hombres están perdiendo la impunidad gracias a los avances de la lucha feminista, Julio se las apaña para saltar por los balcones en pleno confinamiento: no sale a la calle, pero tiene impunidad total para salir de su hogar a divertirse con su amante, que vive unos pisos más abajo.

Mentiría si ocultara que me ha sido imposible no rendirme en parte a sus encantos, porque Mejor que muerto es una novela muy divertida, y es inevitable enternecerse con el carácter quijotesco de su protagonista y sentir simpatía por su carácter rebelde: su prodigiosa verborrea te arrastra con él hasta el punto de que su manera de razonar te resulta convincente incluso cuando más delira. Si te montas en su ola y sigues sus razonamientos acabas estallando en carcajadas. Hacía años que no me reía tanto con un libro.

Mejor que muerto es una novela adictiva no solo por su sentido del humor, o porque tenga mucho sexo explícito y muchas drogas, sino porque la fantasía de poder vivir un tiempo como te da la gana, sin pedir permiso ni pedir perdón, sin miedo ni culpa, engancha mucho. Nos engancha a todos. Y a todas.

Las mujeres ni de lejos podemos soñar con hacer lo que hace un Don Juan 3.0 como Julio: nosotras solo podemos observar cómo disfrutan los hombres. Y enfadarnos porque no podemos vivir como ellos: a nosotras no se nos permite escaparnos.

Los hombres reivindican su libertad, pero jamás nos animan a comportarnos igual que ellos ni a escaparnos de vez en cuando del infierno del matrimonio. Julio admite en un momento de debilidad que no podría soportar que su esposa viviera una doble vida, o una vida múltiple. Prefiere que Casilda siga siendo una mujer virtuosa y que su objetivo sea trabajar para ganar mucho dinero, convertirse en madre y formar una familia feliz. Porque solo así puede un hombre pasarse las mañanas follando con la vecina y drogándose mientras su mujer trabaja y sale a comprar cositas lindas para el futuro bebé.

El Hombre Promedio siempre ha justificado el privilegio de la doble vida porque se siente preso en la cárcel del amor de pareja. Y ahora, además, tienen que soportar a las mujeres empoderadas sosteniendo discursos airados contra sus privilegios.

Aunque lo adorne con un discurso elaborado y citando a Agustín García Calvo, Julio participa de esta lógica: es el representante ideal de esos machos que parecen progres y esos cuarentones que se sienten adolescentes. Entre otras contradicciones, cuando teoriza acerca de su ideal de virilidad, en lugar de acordarse del “Soy un truhan, soy un señor” de Julio Iglesias recurre a la voz de Franco Battiato: “Sin atender a lo que decía, Julio percibía en aquella voz inteligencia, valentía, asombro, delicadeza, amor, humor, internacionalismo… La voz de Battiato resonando en el interior de su coche le revelaba una manera ejemplar de ser hombre, a igual distancia de la rígida virilidad tradicional y de la blanda virilidad contemporánea. La aventura y la quietud, el viaje cósmico y el viaje interior, el misticismo y la sensualidad, oriente y occidente se mezclaban sin conflicto en aquella voz melodiosa.”

Julio nos invita a navegar por las aguas dulces de la ambigüedad moral como una forma de resistencia en la era de la posverdad: cumple como marido, disfruta de la vida cómoda del burgués, y actúa como el rey que, aburrido de los placeres de la Corte, se escapa de palacio y se mezcla a ratitos con la plebe. Pero no para renunciar a su corona, sino para sacudirse el vacío existencial y la angustia de un mundo sin sentido.

Los hombres promedio se justifican con la excusa de que necesitan un poco de oxígeno para cumplir mejor. Y estas escapadas son mecanismos de compensación que regala el patriarcado a los varones para que sigan siendo funcionales: salir de su realidad y saltarse las normas un ratito les permiten volver de nuevo al redil con renovadas energías.

Julio disfruta como nadie de sus aventuras, ahora que las escaleras de su piso se han convertido en un cuadro de Escher, y ahora que la farmacología le permite vivir la fantasía de poder copular como un veinteañero soltero. Y no necesita tu permiso ni tu aprobación: mientras pueda, seguirá siendo el rey. Podrás verle siempre que quieras bajando por la calle Ave María en la madrugada lavapiesera, cantando solo y borracho la famosa ranchera de los hombres que lloran cuando se les derrumba el imperio: “Con dinero y sin dinero / hago siempre lo que quiero/ y mi palabra es la ley. / No tengo trono ni reina, / ni nadie que me comprenda, / pero sigo siendo el rey”.

Coral Herrera Gómez es doctora en Humanidades y Comunicación, escritora y bloguera.

Womanizer. Imagen de Charles Erotoma
Womanizer. Imagen de Charles Erotoma

Ficha técnica

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El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.

Elvira Navarro es escritora de fama internacional. Su última obra publicada es La sangre está cayendo al patio.

Jesús García Calero es periodista, director de ABC Cultural.

Javier Moscoso, profesor de investigación del CSIC, es director de Revista de Libros.

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