La vida entre teoremas
Antonio Córdoba
Madrid, Jot Down Books, 2014
282 pp. 15 €

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Antonio Córdoba es autor de varios libros de divulgación, casi siempre en torno a uno de sus temas de investigación más queridos: la Teoría de Números. Pero este libro que ahora reseñamos es diferente, porque en él vierte lo que ha sido toda una vida dedicada a las matemáticas, y más concretamente, a la investigación matemática de excelencia. Así que encontraremos matemáticas, pero entrelazadas con sus vivencias personales, de lo que constituye, sin duda alguna, una vida entre teoremas.

El libro surgió de una serie de conferencias que el autor impartió en el Colegio Libre de Eméritos en 2012. Estas conferencias, junto con materiales que había desarrollado en otros contextos, han constituido la base de este ameno libro. Ameno, en efecto, porque si el potencial lector se ha asustado por esos «teoremas» incluidos en el título, debe dejar atrás sus temores. El libro «se deja leer» muy bien, y está plagado de comentarios y anécdotas que destilan la sutil ironía del autor.

Tan solo uno de los capítulos (y el autor lo advierte ya desde el principio) precisa de un conocimiento matemático algo más elevado, y es, precisamente, el análisis que hace Antonio Córdoba de la tesis doctoral de Bernhard Riemann (y dicho sea de paso que pocos matemáticos se atreverían a ello, lo que da muestra del conocimiento que posee de variados campos de las matemáticas).

El libro está dividido en ocho capítulos, con un interesante epílogo («Una mente bella») que es una última reflexión sobre la belleza y la creación matemáticas. Por otra parte, el libro comienza con el debate sobre la necesidad de la divulgación científica, anatemizada por G. H. Hardy (¡tareas impropias de un auténtico científico!) y sobre cómo la necesidad de instruir al público, por un lado, unida a la de justificar la financiación de la ciencia, por otro, han supuesto un cambio dramático de escenario, algo a lo que el propio autor no ha sido inmune.

Los capítulos discurren de manera casi independiente, y puede viajarse por el libro en muchas direcciones (aseguro al lector que en cada rincón encontrará algo interesante). Es muy instructivo el conocer de primera mano el choque intelectual de un investigador formado en Chicago y Princeton con el estado de las matemáticas en nuestro país en aquellos años ochenta, en los que se pusieron bases importantes del actual sistema de ciencia y tecnología: Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP), financiación de proyectos, complementos de investigación. No fueron tiempos fáciles, pero sí ilusionantes. Aunque el cambio en la ciencia española (y especialmente en las matemáticas) en los últimos veinticinco años ha sido espectacular, todavía estamos lejos de las cotas de excelencia de las universidades recién citadas de Estados Unidos, y en ocasiones parece, además, como si tras cada intento de excelencia se organizase una particular conjura de necios, no vayamos a hacer algo diferente que trastoque el orden establecido.

Otro tema recurrente a lo largo del libro es el arte, y muy en particular la pintura y la poesía. Sobre la primera de estas artes versa el capítulo segundo, en el que el autor la conecta de manera extraordinaria con las matemáticas y, además, con su propio trabajo de investigación. Sobre la poesía, digamos que Antonio Córdoba es un gran amante de los versos, en los que ha hecho sus pinitos con algún que otro soneto.

Antonio Córdoba no se limita a opinar sobre su disciplina, sino que «entra en política», como se decía antes. Formó parte en los años ochenta de la comisión que se encargó de modernizar el sistema de financiación de la ciencia española y que sentó las bases de lo que ahora tenemos. Precisamente en el capítulo titulado «Felipe II, el diablo y las matemáticas», aprovecha los problemas de encriptación del Estado Mayor del rey para reflexionar sobre lo necesario que sería que nuestros gobernantes se rodeasen de científicos (y matemáticos) que les asesoraran adecuadamente y evitar así muchos de los sinsentidos que vemos en el día a día de nuestro país.

Y, cómo no, la cooperación de matemáticas y computadores (el centauro contemporáneo, en terminología del autor) es asimismo objeto de reflexión. ¿Cuándo podemos decir que una demostración auxiliada por la computación de un ordenador es una auténtica demostración en el más estricto sentido matemático? Las pruebas del Teorema de los Cuatro Colores y de la Conjetura de Kepler constituyen una excelente ocasión para esta reflexión.

Hay muchas más cosas en este libro, en el que quienes conocemos y admiramos al autor lo reconocemos en cada frase. Es historia viva de los últimos cuarenta años de las matemáticas en España, además de una mirada a muchos de los temas que nos interesan a los matemáticos y a los ciudadanos. Mi recomendación es muy clara: lean el libro.

Manuel de León es profesor de investigación en el CSIC y director del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT). Sus últimos libros son La geometría del universo (Madrid, Los Libros  Rompiendo códigos. Vida y legado de Turingde la Catarata, 2012) y, con Ágata Timón García-Longoria, (Madrid, Los Libros de la Catarata, 2014).

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