La necesaria historia de la novela popular en España

Una historia de la novela popular española 1850-2000

Fernando Eguidazu

Ediciones Ulises, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Madrid, 2020

La sociedad de consumo global del siglo XXI viene marcada por una creciente atracción hacia lo visual, el auge del entretenimiento breve, la distribución de efímeros vídeos con la posibilidad de convertirse en virales y la producción de contendidos a la carta promovidos en múltiples temporadas por las plataformas digitales. Estas dinámicas tienen sus raíces en fenómenos culturales desarrollados en el siglo XIX que han evolucionado hasta transformarse en las prácticas actuales mediadas por una diversidad de pantallas. En el siglo XIX y hasta casi finales del siglo XX, el papel era, no obstante, el soporte más popular y asequible. El papel, especialmente el barato, de poca calidad, facilitó la amplia difusión de relatos destinados a la distracción pura y fugaz; relatos consumidos, más que por la masa a la que iban dirigidos, por el público general. Desde la época decimonónica, los relatos serializados, así como el interés por los formatos breves y la fascinación por la imagen, gozaron de un enorme protagonismo en la incipiente psicología del consumo, estrechamente vinculada a estrategias publicitarias diseñadas para captar la atención y fomentar la búsqueda constante del que parecía ser el próximo gran contenido capaz de generar deleite inmediato. Fernando Eguidazu aborda de manera lúcida cómo la novela popular, difundida a través de este soporte económico y accesible, se convirtió en un importante producto cultural de consumo masivo. El autor de esta monografía repara en el hecho de que además de introducirse en millares de hogares, este tipo de literatura circuló de manera dinámica, pasando de mano en mano y de bolsillo a bolsillo; nos brinda una historia «ausente de los manuales de historia de la literatura» (p. 17) y propone considerar la novela popular, también conocida como «de quiosco», como nuevo y valioso campo de investigación.

Una historia de la novela popular española 1850-2000, de Eguidazu, rompe con la mirada reduccionista que prioriza exclusivamente la denominada literatura culta o «buena literatura». El autor amplía el enfoque hacia el estudio de la novela rosa, policiaca, del Oeste, de piratas, fantástica, de ciencia ficción o de aventuras, que suscitaron un notable interés lector; argumenta que, pese a la limitada calidad estética de estas obras, su valor sociológico las hace merecedoras de figurar en la historia de la literatura. De este modo, avala la inclusión en el canon de novelas que, pese a su popularidad, fueron relegadas al silencio por no ajustarse a los criterios de calidad establecidos para formar parte de la historia literaria. En definitiva, Eguidazu nos ofrece la evolución de la novela popular, concebida para satisfacer a un público amplio en busca de lecturas accesibles y orientadas al entretenimiento e incluso a la evasión. Su libro constituye una aportación fundamental dentro de los estudios culturales al proponer una ampliación de la historia de la novela en España y resaltar su valor sociológico en el marco cultural español, con tres momentos clave: sus inicios en el siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX; su época dorada en las décadas de 1940 y 1950; y su decadencia a partir de los años 70. El autor ofrece un recorrido exhaustivo por el desarrollo de este fenómeno cultural, destacando su difusión a través de soportes económicos y accesibles, como el papel barato, lo que permitió la amplia circulación de la novela popular y su impacto en la sociedad española.

Eguidazu identifica los pliegues de cordel del siglo XIX como antecedentes históricos de la novela popular. Rastrea sus comienzos en los folletines y novelas por entregas publicados en periódicos bajo la técnica del «continuará»; advierte la dosis de mensaje moral que plantean las primeras obras y cómo esta desaparecerá paulatinamente hacia finales del siglo XIX. También destaca el papel fundamental de autores, ilustradores y editores en este engranaje cultural, recuperando nombres y trayectorias que, hasta ahora, habían sido marginados en los manuales de la historia literaria.

Uno de los aspectos más significativos del libro es su atención a la influencia extranjera, particularmente a las dime novels y pulp novels estadounidenses. Eguidazu dedica amplio espacio a la influencia extranjera en la narrativa de las aventuras policiacas, del Oeste americano y de piratas, lo que implica que su análisis no se limite exclusivamente a la novela popular española, sino que se amplíe hacia la novela popular en España. Este énfasis en las influencias extranjeras, como la indudable del escocés Conan Doyle y su icónico detective Sherlock Holmes, genera a su vez ciertas omisiones importantes, como lo son los inicios nacionales del género policiaco en España con la obra de Una antigualla de Sevilla (1838) del Duque de Rivas, que se adelanta a la influencia extranjera y a otros autores españoles que desarrollan el género dentro de España, tales como Pedro Antonio de Alarcón, Cecilia Böhl de Faber bajo el seudónimo de Fernán Caballero, Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán. De modo que, al no aludir a la temprana contribución española a la novela enigma, el autor pasa por alto el posible diálogo entre los inicios del género en España y la novela popular española.

En todo caso, Eguidazu mantiene su enfoque en la literatura popular, destacando tanto a los protagonistas de autoría extranjera, como Sherlock Holmes, Buffalo Bill, Toro Sentado y Texas Jack en las novelas de Oeste americano o Dick Turpín en novelas de aventuras históricas, de los que se sirven los autores españoles. Asimismo, resalta a protagonistas nacionales como don Joan de Serrallonga o Montbars, el pirata, entre muchos otros que ocuparon un lugar prominente en las páginas de la novela popular en España. En este contexto, Eguidazu señala que, en esta primera etapa, estamos ante una novela en la que el nombre del autor importa poco, tal y como demuestran los numerosos seudónimos empleados. La importancia recae en los personajes y en la ambientación en épocas y lugares exóticos y remotos. El predominio de protagonistas de procedencia extranjera contribuye además a evitar reflexiones profundas. Con el avance del siglo XX, el territorio español asoma con mayor frecuencia en páginas que cubren «desde la Edad Media hasta las Guerras de Marruecos del siglo XX» (p. 281), aunque el territorio extranjero y desconocido sigue encontrándose en las aventuras de banal entretenimiento que incluyen viajes, pasiones amorosas, crímenes, misterio, acción, fantasía, ciencia ficción, capa y espada.

De acuerdo con Eguidazu, la historia de la novela popular no puede comprenderse sin destacar el papel fundamental de los ilustradores, cuya labor resultó clave para captar la atención del público lector, incluso cuando las ilustraciones no siempre se correspondían con el contenido de las obras. Asimismo, el autor subraya la importancia crucial de los editores, dado que la novela popular fue, en gran medida, un producto editorial. Eguidazu también analiza el impacto de eventos históricos como la guerra civil española y la censura en la trayectoria de la novela popular, al tiempo que señala sus consecuencias devastadoras. No solo porque la industria editorial quedó en gran parte desarticulada y subordinada a la ideología del régimen, sino porque la distribución de los cupos de papel dificultó la obtención de la materia prima necesaria, sin olvidar que algunas publicaciones previas, especialmente las de temática erótica, fueron «pasto de las llamas» (p. 386). Esto subraya la relevancia de la novela popular como testimonio cultural de una época. Frente a estas restricciones, surgió la habilidad de los escritores para emplear la insinuación y el disimulo, estrategias con las que, en ciertos casos, lograron sortear la censura.

Los años cuarenta y cincuenta constituyen el periodo cumbre de la novela popular, consolidándose la industria que no solo triunfó en el país, sino que también se extendió a Hispanoamérica. Esta edad dorada se explica por la madurez de los autores e ilustradores, así como por el éxito de géneros como la novela policial, sentimental, del Oeste americano y de exotismo en una sociedad que buscaba evadirse de la mísera cotidianeidad. La posguerra trajo consigo el fin de la técnica del «continuará», que la censura había dificultado, dando lugar a que los lectores siguieran las aventuras en serie de personajes asociados ahora al nombre de sus autores, como el Pirata Negro de Debrigode, el posterior Corsario Azul de Jacinto León, y figuras emblemáticas como El Encapuchado, de López Hipkiss o El Coyete, de Mallorquí. Este último, según Eguidazu, trascendió el ámbito literario para convertirse en «parte de la vida española como Zarra, Manolete, como Antonio Machín o Alfredo Mayo» (pp. 563-64).

Eguidazu dedica todo un capítulo a los llamados «Reyes del quiosco» donde recoge la biografía de autores superventas como Marcial Lafuente Estefanía, Corín Tellado, Francisco González Ledesma (Silver Kane), Miguel Oliveros Tovar (Keith Luger), y a ilustradores como Jordi Longarón Llopart y José Moreno Antonio, entre tantos otros a quienes rinde un merecido tributo. Tampoco se olvida del papel de las editoriales como la Biblioteca Oro, Bruguera, Juventud, Molino, Cliper y Cíes, que marcaron el periodo con colecciones de mayor calidad, grandes tiradas y el éxito del formato de bolsillo, el «bosilibro», que hacía posible disfrutar de la lectura en cualquier momento y lugar. Como nos muestra Eguidazu, este formato compitió exitosamente con los seriales radiofónicos, extendiendo la influencia de la novela popular hasta los años 70. La investigación recogida en Una historia de la novela popular española sorprende por su minuciosidad, logrando documentar un vasto universo de autores, obras, ilustradores y editores que dejaron una huella profunda en el imaginario colectivo español.

A partir de los años 70, la novela popular enfrentó un mayor declive, siendo la televisión, su competidora imbatible, una de las principales causas de su caída. Sin embargo, Eguidazu identifica también otros factores socioculturales que contribuyen a esta crisis. El avance educativo en España y las mayores posibilidades de viajar dieron lugar a lectores más sofisticados, mientras que la llegada de los best sellers y de la literatura clásica y universal en formatos asequibles comenzó a ocupar los quioscos, desplazando a los bolsilibros. Además, la falta de visión de las editoriales, que recurrieron a estrategias como reutilizar obras con títulos distintos, degradó la escasa calidad del producto. El bolsilibro se convirtió en «un producto deleznable, ramplón, repetitivo, estereotipado, carente de originalidad y de gracia» (p. 724), difícil de digerir y por tanto incapaz de cumplir su función de entretenimiento en la mayoría de los casos. No obstante, el autor destaca algunos escritores que lograron mantenerse dignamente en este panorama hasta el año 2000, entre ellos Juan Gallardo Muñoz, Antonio Vera Ramírez, Ángel Torres Quesada y Francisco Caudet Yarza, que representan una excepción en el ocaso de la novela popular.

Si bien Eguidazu podría haber concluido su obra en la parte del declive, opta por comenzar el cierre de su libro con un epílogo reivindicativo. En él, urge a las instancias oficiales, bibliotecas, universidades e investigadores a otorgar un lugar prominente a la novela popular dentro de la historia literaria española. Argumenta que reconocer y preservar este género es indicativo de la madurez cultural de un país que valora y cuida sus productos culturales. Más allá del epílogo, Eguidazu enriquece su trabajo con un valiosísimo apéndice que recopila los nombres de muchos de los autores y los seudónimos que emplearon, abarcando desde escritores mediocres hasta reputados autores que, en busca de ingresos rápidos, participaron en la producción de las novelas populares. Además, incluye una biografía exhaustiva y cuidadosamente seleccionada, que no solo sustenta su investigación, sino que también sirve como guía para futuros estudios sobre el tema. Finalmente, el libro ofrece una sorpresa no anunciada en el índice: la reproducción en color de doscientas ochenta y ocho portadas de diversas novelas populares. Este elemento visual, fruto de la labor coleccionista, complementa y enriquece de manera significativa una investigación excelente y esencial sobre la historia literaria y cultural de la novela popular en España.

Nuria Godón es profesora titular de Español en Florida Atlantic University. Su investigación gira en torno a la representación del género, la sexualidad, la migración y la identidad cultural en la literatura y los estudios hispánicos de los siglos XIX al XXI. Sobre estos temas, ha organizado diversos simposios, publicado múltiples ensayos y volúmenes, y comisionado una exposición de arte.

Las novelas del Oeste fueron muy populares en la España de los años 60. Imagen de Taylor Brandon
Las novelas del Oeste fueron muy populares en la España de los años 60. Imagen de Taylor Brandon

Ficha técnica

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