La guerra económica

LA ECONOMÍA DE LA GUERRA CIVIL

Pablo Martín Aceña (ed.), Elena Martínez Ruiz (ed.)

Marcial Pons, Madrid

520 pp.

26 €

El estudio de la vertiente económica de la Guerra Civil ha ocupado una posición subordinada. Sin embargo, ha contado siempre con autores fieles. Sus hallazgos, desperdigados en revistas especializadas o en publicaciones poco mediatizadas, muestran ese interés. Este libro tiene dos grandes méritos: por un lado, identifica el estado de la cuestión, lo que justificaría de por sí su aparición; por otro, los coautores hacen avanzar sistemáticamente los límites del conocimiento y apuntan hacia horizontes futuros. La obra permite intuir cómo, para ciertos aspectos de la economía española durante la Guerra Civil, el tratamiento historiográfico se encuentra en rápida evolución.

La estructura tiene una lógica cartesiana. Comienza con una introducción general y comparativa con otras guerras civiles (la norteamericana, la mexicana y la rusa) a cargo de Martín Aceña: las consecuencias económicas la sitúan entre las dos últimas y no explican por sí mismas la contracción ulterior de la economía española. Sigue con una interesantísima disertación sobre la vertiente demográfica debida a José Antonio Ortega y Javier Silvestre: una sobremortalidad de más de medio millón de personas y una caída algo mayor en nacimientos. Aborda la evolución de los dos sectores productivos más importantes: el agrícola (Elena Martínez) y el industrial (Jordi Catalán), con profusión de matizaciones y/o correcciones al conocimiento ortodoxo. Francisco Cayón García y Miguel Muñoz Rubio iluminan después un sector terciario poco conocido pero de gran importancia, como el de transportes y comunicaciones. Finalmente, Elena Martínez asume la ímproba tarea de explicar la evolución de otro sector no menos esencial, el exterior, en un resumen de un trabajo más amplio.

En consonancia con los avances de los últimos años, los aspectos monetarios, financieros y hacendísticos los tratan Miguel Martorell Linares, María Ángeles Pons (muy importante su descripción acerca del papel desempeñado por ambas Haciendas) y el propio Martín Aceña. Los dos últimos estudios se refieren al papel de los empresarios, esencial para el bando franquista, ya que no en vano varios de ellos habían contribuido a financiar la conspiración (Eugenio Torres Villanueva), y a la organización de la mano de obra (Lina Gálvez Muñoz).

Los autores pertenecen a la tercera generación de historiadores interesados en la dimensión económica de la Guerra Civil. Dan testimonio de que la antorcha ha pasado a investigadores más jóvenes. Supone una constatación reconfortante: ni se había agotado el abanico de fuentes ni, sobre todo, la curiosidad. No será dable escribir en el futuro sobre nuestra guerra por antonomasia sin prestar mucha mayor atención a la vertiente económica.

Las contribuciones contraponen la evolución en las dos zonas, tanto a nivel global como en los peldaños inferiores del análisis. Sobresalen dos fenómenos. Por un lado, el colapso y caos iniciales en la zona republicana (sus efectos no parecen ser ya tan exagerados co­mo en trabajos previos, que con fre­cuencia se matizan severamente) dieron paso a una cierta recuperación de la actividad económica, a pesar de los descalabros bélicos en cascada. La militarización y el encorsetamiento en la asignación de recursos en la zona franquista, por otro, no excluyeron errores de estrategia y de gestión que no han solido subrayarse, a la vez que se intensificaba el endeudamiento de Franco hacia los dictadores fascistas, sus salvadores.
Este libro da respuesta a dos preguntas que vienen planteándose desde, en ocasiones, el conflicto mismo: las consecuencias económicas de los movimientos revolucionarios en la zona republicana y la eficacia del aparato productivo y de distribución por parte de los militares sublevados, apoyados por un nutrido grupo de expertos funcionarios. Es obvio, pero queda demostrado y cuantificado en lo posible, que la evolución de la economía y la calidad de la política económica fueron codeterminantes para la victoria de un bando y la derrota del contrario.

Ahora bien, si la intención fue, como reza la contracubierta, sopesar el peso relativo del factor económico frente a otros como los militares, políticos, sociales o internacionales, la integración no se efectúa de manera sistemática o, al menos, de forma convincente para quien esto escribe. Una guerra es una guerra. Los sublevados, y una parte de sus apoyaturas civiles, lo entendieron así desde el primer momento. No hu­bo en su zona el dilema permanente entre guerra y revolución. Tampoco se agotaron en interminables discordias internas. Y no contaron en similar medida con el respaldo exterior de la autodenominada España nacional.

La obra que dirigen los profesores Enrique Fuentes Quintana y Francisco Comín sobre la economía y los economistas en la Guerra Civil, cuya aparición está prevista para el año que viene, supondrá un nuevo avance sobre los resultados a los que han llegado los excelentes autores que, reunidos bajo la batuta de Pablo Martín Aceña y Elena Martínez Ruiz, han sabido mantener con tanta dignidad el honor de la profesión. Es éste un libro de peso. Esta somera referencia no le hace justicia en modo alguno.

Ficha técnica

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