Filólogos españoles

Generaciones y semblanzas de filólogos españoles

RAFAEL LAPESA

Real Academia de la Historia, Madrid, 1998

250 págs.

A Silent Minority. Deaf Education in Spain, 1550-1835

SUSAN PLANN

University of California Press, Berkeley/Los Ángeles/Londres

La filología, que los alemanes del siglo XIX entendían como el estudio de la antigüedadF. Nietzsche, Nachgelassene Fragmente, 3 [62] (März, 1875), en: F. Nietzsche, Sämtliche Werke. Kritische Studienausgabe, Band 8, pág. 31, Walter de Gruyter, Berlín, 1980., tardó en llegar a España. Fue Menéndez Pidal quien la introdujo en los últimos años del siglo XIX, creando así una escuela de investigaciones que tuvo un reconocido nivel internacional.

Rafael Lapesa, discípulo destacado de Menéndez Pidal, ha reunido en este libro una serie de artículos publicados con motivo de la muerte de eminentes filólogos españoles de este siglo. Entre ellos, Menéndez Pidal, Gómez Moreno, Asín, Casares, García de Diego, Navarro Tomás, Castro, Gil y Gaya, Fernández Ramírez, Amado Alonso, Dámaso Alonso, García Blanco, Clavería, Moreno Báez y García Gómez. Junto a ellos, aparecen dos poetas que han sobresalido también por sus aportaciones filológicas, como Pedro Salinas y Jorge Guillén. Completan el libro menciones más o menos breves a las filólogas Jimena Menéndez Pidal, Margot Arce, M. Rosa Lida, Justina Ruiz, M. Josefa Canellada y Pilar Lago Couceiro.

Al hilo de estos artículos necrológicos, se puede el lector hacer una idea de lo que ha sido el proyecto y las obras de la filología española en este siglo XX : una esforzada empresa orientada por Menéndez Pidal, cuya vida abarca casi un siglo (1869-1968). Resultado de esta empresa, hecha por cierto al margen de la universidad, son obras fundamentales, y todavía no superadas enteramente como Orígenesdel español de Menéndez Pidal, el Manual de pronunciación española de Navarro Tomás, El pensamiento de Cervantes de Américo Castro, De la pronunciación medieval a la moderna en español de Amado Alonso y La lengua poética deGóngora de Dámaso AlonsoNoticias sobre esta escuela y su fundador se encuentran en D. Catalán, Lingüística ibero-románica, Madrid, Gredos, 1974..

La guerra civil española acabó con la escuela de filología de Menéndez Pidal. Algunos de los filólogos mencionados en estas páginas conocieron el exilio tras la contienda. Así, Navarro Tomás, Américo Castro y José Fernández Montesinos. El propio Lapesa, que permaneció en España durante el conflicto, fue depurado y sancionadoAsí lo dice en la pág. 107. .

Lapesa escribe desde el conocimiento personal de los filólogos muertos. Esto es lo que constituye el hilo conductor del libro. Y escribe con admiración, pero sin deformar o magnificar los recuerdos. Recoge anécdotas que ilustran el lado humano tanto del autor del libro como de los personajes. Las vidas que recorren estas páginas son, en verdad, vida real. No se ocultan los momentos de zozobra o desánimo, ni las dificultades experimentadas. Más de alguno se sorprenderá. Los filólogos españoles de la escuela de Menéndez Pidal, de los que BergamínJosé Bergamín, Los filólogos, Madrid, 1925. hizo una farsa aristofanesca, aparecen en estas páginas con un interés científico ligado a una conciencia del momento histórico que vivieron, la España del 98D. Catalán, op. cit., pág. 40..

Con ello han logrado, al menos en parte, cumplir con aquella tarea que NietzscheF. Nietzsche, op. cit., el mismo fragmento póstumo., que tanto fustigó a los filólogos de su época, asignada a la filología para que no se agotase: comprender mejor su tiempo por medio de la antigüedad.

Además de los filólogos de la escuela de Menéndez Pidal, España produjo otros filólogos menos conocidos, pero no desprovistos de interés. Se trata de los educadores de los sordomudos, que desarrollaron un método original para enseñar el lenguaje a quienes estaban privados de un medio vocal de comunicación. Aunque calificarlos de filólogos pueda resultar excesivo, no cabe duda de que sus esfuerzos tienen interés para los estudiosos del lenguaje en general.

En la actualidad, los sordos y su lenguaje tienen el estatuto de minoría lingüística y de lengua minoritaria respectivamente. Esto es el resultado de siglos, dicho esto sin la menor exageración.

Para un sordomudo, mantener una conversación con otro sordomudo es igual de sencillo que para los hablantes, sólo que en vez de emitir sonidos lingüísticos, mueven las manos y los dedos de cierta manera delante del otro interlocutor (o «interdigitador») que entiende esos movimientos. Manos, dedos y movimientos en ciertas configuraciones constituyen el medio del lenguaje de los sordos.

El lenguaje de signos de los sordomudos ha sido objeto de investigación en los últimos cuarenta años. Por ello se puede afirmar que se trata de un idioma más, con su gramática correspondiente, como el español o el inglés, y, en opinión de Plann, quienes hacen uso del lenguaje de signos forman una minoría lingüística. Precisamente, ha sido España la pionera en el estudio y la enseñanza del lenguaje de los sordos, que ha suscitado la atención de la autora en esta monografía.

El libro de Susan Plann, lingüista e hispanista de la Universidad de California, hace una historia pormenorizada y muy erudita de las personas e instituciones que han intervenido en tal empeño en nuestro país. Desde la figura de Ponce de León en el siglo XVI hasta Roberto Prádez en 1835, el libro de Plann expone las vicisitudes por las que ha pasado la enseñanza de los sordos, en particular las que se refieren a los métodos de enseñanza que se han venido empleando. Por un lado, el método oralista (creado en España), que intenta enseñarles la articulación de sonidos lingüísticos por distintos procedimientos; por otro, el método manual (de origen francés), que aprovecha la disposición natural de los sordos a signar con las manos, y así desarrollar el lenguaje, facultad de que los sordos disponen como los oyentes. Uno y otro método han tenido en España diversa fortuna. Pero la autora destaca que el método oralista es de invención española, y no alemana, como a veces se piensa.

El libro, en fin, tiene el indiscutible mérito de contribuir al conocimiento y valoración de la historia de esta minoría lingüística y de aquellos que dedicaron sus vidas a un trabajo no siempre reconocido.

Ficha técnica

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