Leer a Haruki Murakami es entrar en un mundo donde lo más cotidiano parece vibrar con una extrañeza difícil de nombrar. Un hombre prepara pasta en una cocina silenciosa, pone un disco de jazz, se sienta a escuchar el leve ruido del departamento y, sin saber bien por qué, siente que algo en la realidad está a punto de mutar. Suena el teléfono. Un gato desaparece. Un pozo se abre como un umbral. Una mujer entra y sale de la narración como si perteneciera al deseo y al recuerdo al mismo tiempo. Entre esta cotidianidad mágica y onírica, Murakami ha construido, novela tras novela, uno de los imaginarios más reconocibles de la literatura contemporánea: un espacio donde la vida moderna y solitaria convive con lo enigmático, con lo onírico y con una sensación de vacío que no es solo angustia, sino también posibilidad y transformación. Por eso, pensar a Murakami desde la modernidad permite ver con mayor claridad el corazón de su obra.
Edward Wilson que estás en los cielos
- Por Pablo Pardo Santano
La mayoría de los científicos venderían su alma al diablo, incluso aquellos totalmente seguros…






