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Escritura, lectura, edición. Una conversación con Gris Tormenta

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El conocimiento artesanal también forma parte del mundo del libro, como el trabajo de Gris Tormenta viene a confirmar. Gris Tormenta es un taller editorial que imagina, edita y publica colecciones particulares de libros sobre la intersección contemporánea entre escritura, lectura y edición. A través de ensayo literario y memoria, explora la idea del libro mismo, sus posibilidades, componentes y estructuras. Cada colección —y cada título— es la respuesta a una interrogante, a una idea o a un debate propiciado por la misma editorial. Más que descubrir nuevos escritores, se proponen nuevas perspectivas sobre textos, conceptos y autoría. Mauricio Sánchez y Jacobo Zanella son los fundadores y editores. Desde 1997 han desarrollado proyectos editoriales en conjunto, pero no es hasta recientemente, año 2017, cuando deciden comenzar con un emprendimiento literario, el taller editorial Gris Tormenta, con distribución actual en España y cuatro países de Latinoamérica, y cuya principal característica es el trabajo con colecciones originales.

¿Me puede dar una breve semblanza de ustedes, los editores de Gris Tormenta? Saber quiénes son es relevante ya que tiene que ver con todo lo que hay detrás del proyecto.

Jacobo Zanella: Somos dos editores en Gris Tormenta, Mauricio Sánchez y yo. Yo llevaba unos años analizando editoriales y procesos de edición. Me gusta analizar los libros e imaginarme su proceso, la materialidad que hay detrás. Por supuesto me gusta leer, pero muchas veces voy a las librerías para descubrir editoriales o títulos, dónde están impresos, cómo están editados, cómo están encuadernados, qué papeles usan, qué formatos tienen, qué tipografías utilizan… Indagar alrededor de esos procesos siempre me ha gustado. Mauricio, por otro lado, ha estado en contacto con los libros desde niño, ha sido siempre un gran lector. Hemos trabajado juntos veinte años en distintos contextos editoriales: revistas, libros para museos, universidades e instituciones. Eso nos permitió familiarizarnos con el proceso editorial en general, pero no éramos expertos en el proceso de edición literaria. Mauricio y yo hemos compartido lecturas, pero también hemos crecido como lectores por caminos divergentes. A él le gusta saber qué se publica actualmente. Lee autores que escriben en español, jóvenes o no, e indaga lo que están haciendo pequeñas editoriales en Latinoamérica y España. A mí, por otro lado, me gusta casi lo opuesto: leo mucho en inglés, leo traducciones y libros que no son exactamente nuevos; busco autores más clásicos y ediciones olvidadas, o que ya no se imprimen. Me gusta mucho encontrar libros o textos que me desconectan del presente. Mauricio, al contrario, busca la lectura de escritores vivos, y eso le permite tener una conexión con el momento y con el lugar actual.

En algún momento, pues, Mauricio me propuso hacer una editorial distinta a todo lo que habíamos hecho antes y juntar ambos intereses. Así comenzamos Gris Tormenta, con una iniciativa suya, la de un lector, y la mía, la de un curioso del libro. La editorial nos ha cambiado nuestras formas de leer, ahora leemos, a veces, lo que lee el otro, e imaginamos cómo se leerá tal cosa en español: casi un cuarenta por ciento de lo que publicamos en Gris Tormenta es traducción. Tenemos gustos muy distintos que se complementan de alguna manera en la editorial. Cuando coincidimos en lecturas, lo valoramos, pues pasa poco. Tratamos entonces de convertirlo en libro o en colección editorial. Gris Tormenta no recibe manuscritos, creamos nuestras propias ediciones.

¿Hace cuánto empezó el proyecto y por qué se llama Gris Tormenta?

Se publicó el primer libro en agosto de 2017— aunque llevábamos un año hablando y planeando—, así que apenas cumplimos seis años. Yo tenía dudas antes de iniciar el proyecto; la idea de tener una editorial me gustaba, pero no tenía tan claro el cometido. ¿Por qué crear una nueva editorial si ya hay muchas propuestas editoriales y hay buenos libros? Lo que decidimos en aquel momento, después de pensarlo un tiempo, es que teníamos que buscar la manera de hacer una propuesta distinta, nuestra, una propuesta que hablara por sí sola, que se identificara ante los lectores, ante los libreros, ante los distribuidores, y que no se pareciera a ninguna otra editorial. En el proceso de esa búsqueda del concepto empezamos también a pensar en el nombre. Querétaro, donde vivimos, es un lugar semidesértico en donde no llueve casi nada, los cielos son azules y muy intensos, casi no hay nublados. Estás inmerso siempre en un ambiente muy soleado y muy caluroso y muy seco. El gris tormenta es un tipo de gris muy oscuro, casi negro, ligeramente azulado. Es el tipo de color de las nubes grandes que se ven en el cielo, muy bajas, justo antes de llover. Y eso casi no se ve acá. Tenemos trescientos treinta días al año de cielo despejado, es violento eso. Así que Gris Tormenta viene de esa melancolía. Aun si alguien no conoce el origen, el nombre también funciona en la imaginación: Gris Tormenta es un presagio de lluvia, de tormenta. En la tormenta uno tiene que estar dentro. Cuando leemos estamos en un interior, pero también estamos en nuestro interior, en el interior del libro, en el interior del autor, en una atmósfera de recogimiento, que es lo que uno busca cuando se acerca una tormenta: refugiarse y estar a salvo en una habitación.

Gris Tormenta está definida como un «Taller editorial que imagina, edita y publica colecciones sobre la intersección contemporánea entre escritura, lectura y edición. A través de ensayo literario y memoria, explora la idea del libro mismo, sus posibilidades, componentes y estructuras». Antes de hablar de sus colecciones, me gustaría que explicara primero esa conceptualización de Gris Tormenta; cómo y cuándo nace la idea. Cómo fue el diseño semilla de ese proceso creativo editorial y si ese proceso de edición-creación ha ido cambiando o evolucionando o lo han tratado de mantener desde entonces.

Cuando inició la editorial queríamos de alguna manera hacer que el proyecto tuviera un concepto detrás que le permitiera identificarse. Empezamos con una colección de antologías llamada Disertaciones. En esos libros queríamos mostrar no solo el contenido del libro, si no también cómo se había hecho. Todos llevan una nota al inicio que explica de dónde nace la idea de hacer esa antología y cuáles son los caminos que seguimos. Conceptualizar el índice nos toma mucho tiempo, es un proceso que nos interesa mucho porque en el índice se marca y se propone un camino específico de lectura. También tienen una sección llamada Anexos, al final del libro: ahí se narra de alguna forma el proceso de edición del volumen que estás leyendo, luego viene la bibliografía relacionada, en donde reunimos todos los textos y sus referencias, que leímos durante el proceso y la investigación del libro, durante la edición de la antología. No es una bibliografía del tema, sino del proceso editorial, una bibliografía comentada en donde cada obra tiene un párrafo muy breve donde se explica por qué ese texto es importante para nosotros. Entonces, el lector que termina la antología se encuentra al final con detonadores que lo pueden llevar a otras lecturas que se conectan directa o indirectamente con el libro. En esos anexos, a veces incluimos glosarios o índices de otro tipo, semblanzas no tradicionales de los autores, que explican por qué están seleccionados y cómo se relaciona su trayectoria con el concepto de la antología. Otras veces incluimos una sección de fragmentos muy breves, que son como una antología en miniatura del tema, fragmentos que no son lo suficientemente largos para incluirlos como texto. En suma, esta sección de Anexos puede reflejar todo lo que sucedió durante el proceso de edición, pero no se incluyó. Generalmente las editoriales tratan de deshacerse de ese material y no lo publican para que el libro sea un producto final limpio. Nosotros tratamos de contar el proceso de la investigación del libro, y lo que leímos durante esos años, y qué sucedió durante ese proceso: qué hallazgos hicieron que el libro sea de esa manera. Así que esta colección que parece muy sencilla no lo es. Para nosotros cada libro es todo un largo proyecto de investigación, aunque al lector no se le presente así.

Llevamos once títulos en esta colección, y de lo que nos dimos cuenta con los años es que la colección contiene tres ejes: el primero es la edición, evidentemente, que involucra todo lo que acabo de contar; el segundo es la lectura, que implica cómo el lector va a leer ese libro: al diseñar el índice, seleccionar los fragmentos, las secciones de los Anexos y otros detalles del libro, estamos sugiriendo y guiando hacia una lectura de cierto tipo. El tercer eje es la escritura misma: cómo se condiciona al estar rodeada de otras escrituras. Alguien podría decir que esos son temas que ya están presentes en cualquier editorial, y es cierto, pero lo que hace Gris Tormenta es tratarlos directamente, como un centro siempre presente. Por otro lado, no publicamos narrativa, solo ensayo literario, memoria literaria, y a través de los libros queremos contar nuestra obsesión por la intersección de esos tres temas, la edición, la lectura y la escritura: hacer evidente qué sucede en el libro cuando se tratan como tema central.

Tenemos además otra colección de libros pequeños, la colección Editor, que está dirigida especialmente a uno de esos tres componentes: la edición, evidentemente. En la FIL de Guadalajara 2023 se inaugura nuestra tercera colección editorial, que tiene que ver directamente con la escritura, o la creación en general. La colección se llama Paisaje Interior, y en ella los autores contarán qué sucede en su interior cuando escriben, cómo han llegado a cierta estética, a una poética personal. Una cuarta colección, para finales de 2024, será alrededor de la lectura: se revelará qué pasa en la mente y cómo recuerdan los lectores sus lecturas. Creo que para entonces el desarrollo de esos ejes será más evidente y va a estar sustentado por colecciones independientes. En aquel momento no lo sabíamos, no nos damos cuenta hasta ahora, pero cuando comenzamos con la colección Disertaciones, desde su propio diseño estábamos ya trazando la línea de los próximos años de la editorial, de esas tres grandes líneas, pues es una colección que las contiene a las tres, en una mezcla muy especial.

Profundicemos en la colección Disertaciones. Ustedes la definen como «antologías alrededor de un tema debatido por un grupo heterogéneo de voces que sugiere una disertación colectiva y se construyen textos de pensamiento grupal». ¿Cómo seleccionan cada tema? ¿Cómo se seleccionan a los escritores de cada proyecto? ¿Tienen cierto tipo de perfiles de autor con los que quieren trabajar? ¿Cómo funciona el modo de trabajo colectivo, este concepto de taller editorial? La conceptualización que ustedes tienen de taller más bien la veo como un laboratorio de desarrollo, de procesos. ¿Ustedes sugieren la temática y a partir de eso suceden los procesos o escogen primero al editor que va a desarrollar el tema?

Voy a tratar de explicar todos los detalles a partir de un ejemplo concreto: lo que sucedió en la antología La Lengua es un lugar, que expresa muy bien lo que significa la colección Disertaciones. Hace unos años, Mauricio leyó un libro de Jhumpa Lahiri que se llama En otras palabras, y me lo dio para que lo leyera. Había algo en él que nos gustó mucho para Gris Tormenta, y pensamos que podíamos encontrar más libros que hablaran con voces similares para formar una antología. En ese libro Lahiri habla de cómo pasó del inglés al italiano: no solo decidió mudarse a Roma, sino también cambiarse a la lengua italiana por completo, es decir, su lengua y todas sus lecturas y escrituras serían en italiano. Tomó esta decisión, que nos parece muy extraña, porque no tenía que ver con nada concreto: no la invitaron a dar clases, no era refugiada… Había sido una decisión estética, y eso nos pareció increíble. Pensábamos que en esa decisión y en ese cambio había una definición de lo que es la literatura. Leí el libro, lo marqué mucho, marqué extractos que podían funcionar para nuestra antología y nos dedicamos a buscar textos que hablaran de un cambio de lengua que tuvieran que ver con una búsqueda literaria, no con desplazamientos forzados.

La primera tarea fue definir cuál iba a ser el concepto central: escritores que habían decidido no escribir en su lengua materna. A partir de ahí inició todo un proceso de búsqueda y acompañamiento. Al final logramos generar una especie de corpus de unos cincuenta textos, o fragmentos, de los que seleccionamos catorce para el libro. Empezamos la búsqueda de derechos, con los autores o con sus agentes. Cuando pedimos los derechos, evidentemente les tenemos que contar la idea de la antología. Se les explica por qué seleccionamos ese texto, con quién van a estar en la antología, etcétera. Una vez que obtuvimos los permisos (excepto uno) empezamos a traducir los textos que no estaban traducidos al español. Nos interesa hacer mezclas de autores, además de la perspectiva multicultural alrededor de un concepto, es decir, buscamos autores de distintas geografías, edades, ideologías, de distintas aproximaciones a la literatura. Esta mezcla nos parece muy interesante porque habla de que alrededor de un concepto puede haber visiones que se complementan entre sí. Cada autor lo dice de maneras distintas. Así se logran gradaciones sutiles en los tonos de las lecturas, algo que nos interesa mucho.

El trabajo que viene después es la decisión de la estructura dentro de la antología. En el caso de La lengua es un lugar le pedimos a Pablo Duarte que leyera nuestra selección y que hiciera un índice con capítulos y un orden de los textos dentro de cada capítulo. Le entregamos los textos sin los nombres de los autores, de manera que, cuando hiciera la lectura, los autores no influyeran en su decisión. Fue un trabajo interesante porque hicimos que otro editor que no sabía nada del proyecto lo leyera y lo pudiera juzgar y hacer una crítica del libro antes de que el libro estuviera publicado, una crítica del proceso de edición. Nos interesa en la editorial incluir visiones de afuera para generar diálogos no previsibles y hacer más rico el libro.

A veces comisionamos textos especiales para las antologías. En la Lengua es un lugar no fue así, pero a veces lo hacemos. Hacer comisión de textos tiene un riesgo: el escritor va a interpretar lo que se le pide y va a hacer un texto que quizá no es el texto que imaginábamos. En esos casos, la antología tiene que cambiar un poco para adecuarse a lo que recibimos. Esto puede darle cierta riqueza, le puede dar valores y caminos que nosotros no habíamos previsto. Otro detalle de las antologías es que la mayoría de los autores de textos comisionados no saben con quién van a compartirel volumen. Al final es una sorpresa para ellos cuando el libro sale y ven su nombre entre un grupo de nombres que no esperaban.

¿Por qué lo definimos como taller? La idea de taller viene de nuestra dinámica de trabajo. Exploramos diversos tipos de texto. Es una experimentación constante. En el caso recién mencionado, partimos de una idea vaga que se convirtió en un corpus de cincuenta posibilidades y terminamos con catorce —y luego inventamos algo con los que no quedaron seleccionados—. La edición de la publicación de cualquier libro siempre es un trabajo muy colaborativo, muy de equipo, pero el lector no lo sabe: el lector va a una librería y ve un libro, ve el nombre de un autor y eso es todo, no sabe que hubo veinte, cuarenta, sesenta personas detrás del libro, desde el corrector, traductor, impresor, distribuidor, etcétera. No sabe que se formaron cinco o seis índices en el camino y que con cada índice se forman libros distintos y que hubo un aprendizaje con cada uno. En Gris Tormenta tratamos de hacer visibles a todas esas personas y procesos. Esta manera de trabajo se asemeja más a un trabajo de taller, en donde todos tienen que ver con todos, y todos conocen el proceso del otro, y sabemos que un proceso depende del otro, y tratamos de contarlo en los libros que publicamos. Otra manera de explicar el concepto de taller es que muchos de los libros de Gris Tormenta existen como idea antes de que el libro esté escrito. Nos imaginamos un libro, por ejemplo, que habla de la relación entre arte contemporáneo y escritura, y nos imaginamos cómo queremos que se sienta un lector cuando lea ese volumen. Eso lo tenemos muy claro dos o tres años antes de que el libro llegue a la librería. ¿Cómo hacemos para que ese ejemplar imaginado exista y para que el lector que finalmente lo compre sienta eso que nosotros queremos que sienta? Es un proceso editorial distinto al tradicional, en donde las editoriales reciben manuscritos y deciden qué publicar; es casi un proceso inverso al tradicional, y eso tiene mucho de taller y de juego.

Qué interesante. Yo pensé, cuando revisé su página electrónica, que el taller se generaba entre los escritores, pero no es así, en realidad es un taller entre los actores editoriales. Hablemos ahora de la colección Editor. Ustedes la definen como: «raros hallazgos e historias originales sobre las historias que ocurren tras bambalinas —diría yo— del mundo contemporáneo del libro». ¿A qué se refieren con el mundo contemporáneo del libro? ¿Ese periodo comienza en el siglo XX? Esta colección tiene que ver más con publicar un proceso de investigación-creación de raros hallazgos, si entiendo bien. Defina por favor esos raros hallazgos.

Lo que se busca en la colección Editor es mostrar las historias que ocurren durante el complejo proceso que atraviesa el libro desde su concepción hasta que es leído. En esa cadena del libro, como a veces se denomina, hay por lo menos diez, quince etapas involucradas, y detrás de cada una hay profesiones distintas: el autor, el editor, el traductor, el impresor, el diseñador, el distribuidor, el librero, entre muchos otros. Algunos lectores no saben qué labor hace una editorial y cada una de esas profesiones. Imaginan que un autor manda un archivo de Word a una editorial y la editorial lo imprime y lo manda a la librería. La colección Editor muestra al lector que no es así, que detrás de cada libro hay historias, y que vale la pena contar y conocer esas historias, que a veces son tan interesantes de contar como el libro mismo. Queremos que cuando un lector entre a una librería o a una biblioteca y vea esa cantidad de libros dispuestos en los anaqueles esté consciente de que cada libro encierra historias que ocurrieron durante su proceso de creación, edición y distribución. La colección Editor en cada uno de sus volúmenes cuenta una de esas historias. Nuestro interés, además, es contar esos relatos de manera literaria: que no sean solo anécdotas, solo documentales, tampoco textos teóricos o pedagógicos, y eso no ha sido fácil, lograr encontrar ese tono para que sean leídos por cualquier lector, y no solo el interesado en los aspectos de la edición. A todo esto es a lo que nos referimos cuando decimos que son raros hallazgos, es decir, no son textos muy comunes. Son libros breves, de pequeño formato, caben en la mano y tienen entre ochenta y ciento treinta páginas. Hemos publicado sobre la traducción, sobre los premios literarios, sobre la crítica, sobre la edición, sobre la escritura, sobre las cubiertas de los libros, sobre el proceso de corrección, sobre tener un maestro, sobre talleres literarios, en fin, profesiones o historias paralelas al libro.

Me preguntas sobre lo contemporáneo. Con esto nos referimos a que si encontramos un texto que cuente un proceso editorial, pero que sucede en una época que ya no nos corresponde, no nos interesa mucho publicarlo, porque al leerlo nos está contando una anécdota, y lo que nosotros queremos con la colección es que cuente algo sobre qué significa editar hoy, que funcione como crítica: cuáles son las historias que tienen que suceder para que un libro exista, cómo se toman esas decisiones y qué implican. Queremos visibilizar esos procesos, así como se muestran los créditos de las películas al final: se necesitan cientos de personas para hacerla posible. Por ejemplo, el libro que habla sobre las cubiertas de los libros está contado por una escritora que ha sido traducida a veinte lenguas, y en cada una de esas traducciones la cubierta del libro es muy distinta. Después de vivir esto durante años, se sienta a escribir un ensayo en donde habla de la extrañeza que le provoca ver sus libros traducidos, no tanto por ver las palabras extranjeras, sino porque las cubiertas no representan, para ella, lo que escribió o sintió cuando escribió ese libro. A veces las cubiertas representan cosas totalmente opuestas para ella, y, sin embargo, son el primer contacto de su libro con un lector desconocido. Ese ensayo habla sobre la extrañeza, no sobre cómo se hace una cubierta. Es un ensayo que también es una crítica a los procesos de mercadotecnia y de publicidad de las grandes editoriales, ya que a veces se diseña una cubierta para que venda más, con independencia del texto. En ese sentido, es una colección que tiene muchas posibilidades. Un lector puede leerla como un relato literario y al mismo tiempo permite profundizar en alguno de los procesos que hacen que el libro exista.

Esta colección cuenta con prólogos, la mayoría tratan de ser textos críticos. Algunos llegan a ser posturas enfrentadas al texto que están prologando, y esto nos parece muy estimulante para el lector porque va a tener dos maneras distintas aproximarse a una misma discusión. Esta colección es también una exploración desde la curiosidad del editor, una manera de contar qué pasa dentro de los muros de una editorial, qué se discute, cuánto tiempo tardan las decisiones, si el dinero es importante o no, cuáles son las dudas que tienen todos los que participan, en fin, toda la vulnerabilidad del libro como concepto.

¿La decisión de que se publique en primera persona tiene que ver con la relevancia de la experiencia contada? ¿Es la experiencia de toda una comunidad a la que ustedes pertenecen?

Cuando iniciamos con la editorial no conocíamos a nadie del mundo literario. Todos los autores que hemos publicado lo han sido porque les escribimos para hacerles una propuesta específica. Casi todos nos han dicho que sí. A lo largo de estos años, hemos conocido escritores, editores, traductores, distribuidores, libreros… a todos los involucrados. Que sean tantos en tan poco tiempo quizá tiene que ver con dos cosas: la primera es que cuando publicas una antología estás publicando a doce o quince autores a la vez, y la segunda es que la colección Editor evidentemente ha sido popular entre nuestros compañeros de oficio y entre todos los que forman el pequeño mundo del libro. Vemos a la colección Editor como una antología muy extensa que se está escribiendo a plazos, de manera en que si en el futuro juntáramos hipotéticamente todos los libros que contiene, se convertiría en una obra alrededor del proceso completo de edición.

¿Han tenido éxito en esta muy especial colección?

Los primeros libros que publicamos en esta colección fueron Perder el Nobel, de Laura Esther Wolfson, y Las posesiones, de Thomas Bernhard. Imprimimos setecientos ejemplares de cada uno, para distribución solo en México, pensando que solo lo iban a comprar los interesados en el libro, en el libro como objeto, y resulta que no, que ha sido una colección muy popular y es leída por personas que no tienen ningún interés en tener una editorial o ser parte de sus procesos, pero que les ha gustado leerlos y quieren continuar leyéndolos. Eso fue una gran sorpresa para nosotros, saber que la colección creció en ese sentido, no solo en su progresión de títulos, sino en los lectores a los que ha estado llegando. Cada año aumentan los tirajes de esta colección porque tiene más demanda de la que pensábamos. Y le da valor a la hechura de cualquier libro.

¿Podría comentarnos si tienen nuevos proyectos a futuro? ¿Y en qué país se venden más sus libros?

Cuando inauguramos la editorial, en 2017, solo teníamos distribución en México. Los derechos de los primeros títulos solo los tramitamos para México, porque no consideramos otra posibilidad. Pero hemos aprendido algunas cosas desde entonces. Poco después de iniciar, encontramos un distribuidor en España, Tarahumara Libros, con el que seguimos trabajando hasta hoy, y de ahí siguió Big Sur en Chile y Argentina, que se incorporaron hace dos años, y el último distribuidor con el que firmamos un contrato fue con Saga, en Colombia. Probablemente siga Uruguay el próximo año. Esto no fue planeado desde el inicio, sucedió de una manera bastante natural. Conseguir distribuidor es un proceso largo: desde que se contacta hasta que el libro se coloca en una librería de ese país pueden pasar años.

Para nosotros, el caso más especial fue Argentina. Argentina es de los veinte países de habla hispana donde se lee con más fervor y donde ese fervor se puede transformar fácilmente en manía, en locura, pero una locura muy buena. Ha sido muy sorprendente ver la llegada y el desarrollo de Gris Tormenta allá. Varios títulos se venden mucho más en Argentina que en México, así que se imprimen allá directamente. Nos encanta ver los libros de Gris Tormenta en librerías de otros países, es muy inesperado, es una sensación extraña también. La distribución en cada país es distinta, pero es siempre un factor clave, porque todo el trabajo de años que se hizo desde la concepción de un libro hasta la impresión puede perderse fácilmente con el proceso de distribución. Cuando la distribución funciona muy bien es más un milagro que algo lógico, sobre todo en México, sobre todo por las malas prácticas de los grandes grupos editoriales y la falta de la aplicación real de la ley del precio único del libro. Por otro lado hemos estado tratando de cultivar el contacto directo con el librero, no con el dueño de la librería: hablar con la persona que está vendiendo, hablando de los libros todo el día. Nos gusta hacerlo, funciona. España es un mercado muy distinto, tanto en compra de libros como en funcionamiento de las librerías. Tiene los recursos que los países de Latinoamérica no tienen, recursos de tiempo y recursos económicos. Eso es una ventaja, pero también hace que sea un país con más librerías, con exceso de títulos nuevos cada mes, así que también hay dificultades.

En cuanto a nuestras novedades. Ahora, en la colección Editor, apareció el libro de Alejandro Zambra, Un cuento de navidad. En este libro Alejandro cuenta la relación de veinte años con su editor, Andrés Braithwaite: cómo lo conoció, cómo empezaron a trabajar juntos y cómo luego se hicieron amigos. Muestra que la vida y la literatura no se pueden separar, y Alejandro lo cuenta muy bien. Pero la mayor peculiaridad del libro es su forma editorial: Alejandro le dio a leer el texto a Andrés, quien hizo todos los comentarios editoriales que hace normalmente un editor cuando se lee un texto. Alejandro, después, decidió incluir todos esos comentarios dentro del texto como parte del libro, a modo de notas. Entonces el lector puede ver ese doble trabajo.

En la FIL de Guadalajara 2023 aparece el primer libro de nuestra tercera colección, Paisaje interior. El libro se titula Última carta a un lector, de Gerald Murnane, traducido por Adalber Salas Hernández. El centro de la colección es ensayar sobre las dudas y los hallazgos de la creación. El autor contará cómo llegó a su poética y cómo se relaciona con ella, dentro y fuera de su mente, pero sobre todo dentro.

Para rematar con esta deliciosa charla ¿qué es un libro para usted?

Lo pienso todo el tiempo, pero creo que no hay una sola respuesta, y que cada lector podría tener su propia definición. Si tuviera que definirlo hoy, diría que es la posibilidad de mirar nuestro interior a través del otro que escribe. Es decir, un encuentro contigo a través de un autor que no conoces y que escribió ese texto hace un año o hace cien años o hace mil años. Cuando estoy leyendo un libro y me doy cuenta de que no estoy leyendo a un autor, sino que me encuentro en la lectura, es cuando sé que tengo un buen libro.

Mónica Fca. Benítez Dávila estudió física en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Obtuvo la maestría y el doctorado en Ciencia y Cultura en la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en el Museo de Historia Natural de la Ciudad de México y fue Jefa de Investigación del Museo Universitario de Chopo (UNAM). Forma parte del Consejo Editorial de Revista de Libros.

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Ficha técnica

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