El año 2023 supuso la explosión mediática de la idea de polarización como concepto que mejor explica la política en España y muchos países occidentales. Se publicaron varios libros que daban cuenta de la situación de la polarización política en España Luis Miller, Polarizados. La política que nos divide, Barcelona, Deusto, 2023., y en todos ellos se concluía que la polarización aún no había alcanzado su cénit en nuestro país. Dos años más tarde de la publicación de estos ensayos, la realidad les ha dado la razón y España sigue avanzando en esa profundización del conflicto político que ya han transitado otras democracias avanzadas. Los nuevos gobiernos de derecha radical en Europa, la inestabilidad política en Francia y Alemania y, sobre todo, la nueva victoria de Donald Trump en los Estados Unidos, han hecho que la que fuera considerada palabra del año 2023 en España por la Fundéu no deje de ocupar un lugar privilegiado en las tribunas periodísticas y los ensayos políticos durante este 2024.
¿Hacia dónde se dirige el debate sobre la polarización política? Los dos temas centrales de los debates académicos más recientes tienen que ver con sus causas y consecuencias de la polarización. Una vez que parece aceptado que el término supone una descripción adecuada del conflicto político actual, los investigadores y ensayistas se están preguntando por qué se da y cuáles son sus principales efectos, en este último caso prestando especial atención a la relación entre la polarización y la violencia política.
En el terreno de las causas últimas, empieza a estar claro que la polarización política se ha disparado por la ausencia de normas sociales que nos prevengan de ella. La idea central es que al contrario de lo que ocurre con la hostilidad relacionada con cuestiones raciales o de género, que está fuertemente sancionada por normas sociales, no existen las correspondientes presiones sociales en el caso de la hostilidad partidistaTom Lane, Luis Miller e Isabel Rodríguez, «The normative permissiveness of political partyism», European Economic Review 162 (2024).. Es decir, hoy no aceptamos en el debate público insultos o actitudes discriminatorias hacia personas de distintas razas u orientaciones sexuales, por ejemplo, pero sí que hemos normalizado el insulto y los malos modos en política. El debate está abierto entre los que piensan que en la política nunca se desarrollaron este tipo de normas, como sí ha ocurrido en el ámbito de otras identidades sociales como la religiosa, y los que afirman que las normas democráticas sí que existieron en el pasado y que a lo que estaríamos asistiendo es a un deterioro de estas normas.
Sobre la hipótesis del deterioro de las normas democráticas previamente existentes se ha escrito mucho en los últimos años y se seguirá escribiendo dada la deriva iliberal de varias democracias occidentales. Entre los textos recientes destaca el último de los politólogos estadounidenses Steven Levitsky y Daniel ZiblattSteven Levitsky y Daniel Ziblatt, La dictadura de la minoría. Cómo revertir la deriva autoritaria y forjar una democracia para todos, Barcelona, Deusto, 2024., en el que apuntan a la captura de los partidos políticos por parte de minorías radicales que estarían acabando con muchas de las normas democráticas que considerábamos sólidas y ampliamente aceptadas. Desde un enfoque más antropológico, el pensador francés Oliver Roy habla de una verdadera crisis de la culturaOliver Roy, The Crisis of Culture: Identity Politics and the Empire of Norms, Londres, Hurst Publishers, 2024.. Esta crisis partiría del cuestionamiento radical de los valores y normas tradicionales que supusieron los movimientos sociales de 1968, y de la ausencia de un nuevo marco normativo que dé coherencia a la sociedad contemporánea. Por tanto, nos hallaríamos en un momento de crisis social, más allá de la política, que requiere de unos nuevos consensos sociales que ni sabemos cuáles serán, ni en qué circunstancias podrían emerger.
Si el debate sobre las causas de la polarización se centra en las normas y la cultura, las discusiones académicas sobre sus consecuencias ponen el foco en la violencia política. Una de las preguntas recurrentes en el clima de polarización política actual es cuándo la discrepancia en opiniones y actitudes se transforma en comportamientos hostiles que en el extremo alcanzan la violencia política. Esa es la pregunta a la que tratan de dar respuesta la profesora de ciencias políticas Lilliana Mason, que ya había escrito uno de los libros más citados sobre polarización afectivaLilliana Mason, Uncivil Agreement How Politics Became Our Identity, Chicago, University of Chicago Press, 2018., y el profesor de comunicación Nathan Kalmoe, que lleva años estudiando el fenómeno de la violencia política en los Estados Unidos. Lo hacen combinando el uso de ejemplos históricos y un impresionante estudio cuantitativo que empieza en 2017 y llega hasta el momento del asalto al Capitolio en 2021Nathan P. Kalmoe y Lilliana Mason, Radical American Partisanship Mapping Violent Hostility, Its Causes, and the Consequences for Democracy, Chicago, University of Chicago Press, 2022..
El estudio de Mason y Kalmoe pone el foco en las actitudes y comportamientos del conjunto de ciudadanos, no sólo de aquellos que acaban participando en acciones violentas y, de este modo, hace una panorámica de los procesos de radicalización de la población estadounidense. Una de sus principales conclusiones es que la mayoría de la ciudadanía está dispuesta a aceptar algún nivel de violencia política si la consideran legítima o acorde con su orientación ideológica. Hay momentos históricos de violencia, como la Guerra de la Independencia de EE.UU. que generan un nivel de apoyo muy alto por parte de la población. Otros, como la Guerra de Secesión, obtienen un mayor grado de apoyo de los votantes republicanos. Lo mismo ocurre con la violencia política más reciente. La violencia con ocasión de las protestas por los derechos civiles recibe un mayor apoyo de los demócratas y la violencia de extrema derecha de los republicanos. Esto hace que la pregunta relevante no sea si, en general, la población apoya más o menos las acciones violentas, sino qué motivaciones o justificaciones activan esta aceptación de la violencia.
Además del análisis de sus causas y consecuencias, en los últimos años se abre tímidamente paso en la discusión académica y pública la cuestión de las soluciones a la polarización, e incluso se empieza a hablar de «despolarización». La despolarización se produciría cuando la mayoría de los miembros de una sociedad aceptan que, aunque las personas no estén de acuerdo en un tema, comparten los valores que lo sustentan. Por tanto, las propuestas para acabar con la polarización tóxica reclaman el uso de valores compartidos para salir del bloque de la polarización. Sobre esto último la literatura académica no es muy profusa, aunque ya hay estudios recientes que analizan qué intervenciones pueden ayudarnos a despolarizarEugen Dimant, «Hate trumps love: the impact of political polarization on social preferences», Management Science 70, n.º 1 (2024).. La mayoría de las intervenciones para reducir la polarización tóxica remiten a la idea de crear o fortalecer normas de convivencia que limiten los comportamientos indeseables en política.
No cabe duda de que seguiremos hablando de la polarización política en los próximos años. Como ya está ocurriendo, el debate no será si estamos más o menos polarizados, sino qué consecuencias tiene la polarización y cómo podemos revertir sus efectos más dañinos para la política y la vida social.
Bibliografía
Luis Miller, Polarizados. La política que nos divide, Barcelona, Deusto, 2023.
Tom Lane, Luis Miller e Isabel Rodríguez, «The normative permissiveness of political partyism», European Economic Review 162 (2024).
Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, La dictadura de la minoría. Cómo revertir la deriva autoritaria y forjar una democracia para todos, Barcelona, Deusto, 2024.
Oliver Roy, The Crisis of Culture: Identity Politics and the Empire of Norms, Londres, Hurst Publishers, 2024.
Lilliana Mason, Uncivil Agreement How Politics Became Our Identity, Chicago, University of Chicago Press, 2018.
Nathan P. Kalmoe y Lilliana Mason, Radical American Partisanship Mapping Violent Hostility, Its Causes, and the Consequences for Democracy, Chicago, University of Chicago Press, 2022.
Luis Miller es doctor en Sociología e investigador científico del CSIC. Ha sido director del gabinete de la Presidencia del CSIC, vicedirector del Instituto de Políticas y Bienes Públicos de esta institución, profesor de Economía en la Universidad del País Vasco, investigador de la Sociedad Max Planck alemana y adjunto a la dirección del Centro de Ciencias Sociales Experimentales de la Universidad de Oxford. Es autor del ensayo Polarizados. La política que nos divide (Deusto, 2023).






