El profesor Casquete, la extrema izquierda y la polarización académica

* Respuesta a la reseña «Polarización académica», publicada por Revista de Libros el 19 de julio de 2024.

El verano pasado el profesor Casquete tuvo la deferencia de ocuparse del libro que Edurne Uriarte y yo mismo hemos coordinado bajo el título de La extrema izquierda en Europa occidental. Iliberalismo y amenazas para la democracia (Madrid, Tecnos, 2024). Por supuesto, el que alguien se ocupe de lo que uno publica para reseñarlo, entre la avalancha infinita de nuevas publicaciones que aparecen cada día, es algo que debe agradecerse, porque la mayoría de los libros que se publican en este país no llegan a gozar de tal privilegio. De modo que lo primero es darle las gracias.

Sin embargo, hay en su reseña algunas afirmaciones que no se compadecen con lo que se dice en el libro y por ello me gustaría puntualizarlas. Confieso que esta tarea me daba pereza porque no me hago la ilusión de que pueda modificar las opiniones del profesor Casquete, que parecen bastante taxativas, indiscutibles y apasionadas. Sin embargo, como el que calla otorga, parece que dejar de puntualizarlas pudiera entenderse como darlas por buenas, lo cual podría llevar a los lectores a interpretar el libro por lo que dice su reseñador y no por lo que decimos en el mismo. Esto me parecía preocupante y de aquí la razón de esta nota.

Comienza el profesor Casquete por hacerse cargo de los males que la polarización trae para las democracias liberales. No podemos estar más de acuerdo con lo que dice. Es más, añadiríamos que está constatado que allí donde se produce polarización política sobreviene un declive de la calidad de la democracia. Esto es así porque el desplazamiento de los partidos sistémicos a los extremos del espectro ideológico bloquea la cooperación interpartidista haciendo que las políticas de Estado, las dirigidas al bien común, se vean sustituidas por políticas adversarias, dirigidas a la confrontación, a la imposición, y a elevar la tensión en la sociedad.

Como experimentamos todos los días esta situación no hace falta poner ejemplos. La polarización ideológica viene seguida por la polarización afectiva, pues convierte a los ciudadanos en hooligans, esto es, en seguidores de un partido al que obedecen con independencia de lo que este haga, la misma relación que la que tienen muchos forofos con su equipo de futbol. Esto hace que el mecanismo del rendimiento de cuentas, esencial para la democracia, se bloquee porque el hooligan vota a los suyos hagan lo que hagan. El círculo vicioso de la polarización ideológica alimenta la polarización afectiva, y así sigue in crescendo, envenenando la vida política y social.

Esto se ha denominado tribalización de la política y se sustancia en las políticas del nosotros/ellos que tan corrientes se han hecho en los últimos tiempos. Como puede constatarse con datos, desde 2011 la polarización política no ha dejado de crecer en España. Con datos del CIS de 2004, siendo 1 la extrema izquierda y 10 la extrema derecha, algo más del 12% de la población se identifica con la primera; y algo más del 6% con la segunda, esto significa un incremento extraordinario, producido en poco más de diez años. Además, esto siendo cautos porque si incluimos el 2 o el 9 como posiciones extremistas, la polarización se dispara. De modo que la polarización política es un dato evidente en España y aunque se hable mucho de la extrema derecha, que evidentemente ha crecido, se habla poco de la extrema izquierda, que dobla al extremismo de derecha entre la población. De ahí la necesidad de un libro informado y comparativo como es nuestra obra.

Lamentablemente, el profesor Casquete parece caer en aquello que denuncia porque, retratada la polarización y sus problemas, nos presenta como «ejemplo de abandono de la lógica académica para abrazar la defensa de una agenda política concreta, forjada a golpe de artículos de fe». Como conclusión de los males de la polarización, esta frase no puede ser más contundente y deja nuestra obra sentenciada desde el inicio. Confieso que he tenido que volver a leerme el libro para ver si encontraba la agenda política y los artículos de fe descubiertos por el profesor Casquete, agenda y fe que nos expulsa de la academia y, la verdad, no los he encontrado. Es más, me ha hecho acordarme de las palabras del añorado profesor Murillo que decía que, para guardar un secreto, lo mejor es estamparlo en una publicación académica. En un alarde de lo que se denomina usualmente crítica solapada, nos dice que «la cubierta del libro da pistas inequívocas de los derroteros de su contenido; mejor de su intencionalidad. Sobre fondo rojo aparece un collage con seis rostros ordenados en dos líneas paralelas. En la superior figuran Mao Tse-Tung, Lenin y Fidel Castro; en la inferior Jeremy Corbyn, Jean-Luc Mélenchon y Yolanda Díaz». El argumento le debe parecer a Casquete definitivo porque ahí lo deja sin mayor comentario.

¿Es la cubierta la que lo explica su juicio tan severo? Bueno, habrá que decirle al profesor Casquete que nos parecía que tenía cierto sentido que un libro sobre la extrema izquierda fuera rojo. La verdad es que el diseñador nos presentó una cubierta en blanco y otra en rojo, y la segunda era más bonita, así que nos decidimos por ella. Habla Casquete de que es un collage, pero no lo es. La cubierta es una versión modernizada de los retablos tan del gusto de la extrema izquierda y de su culto a la personalidad. La personalización de la política es otro de los rasgos de la nueva política polarizada y tampoco aquí nos faltan ejemplos. Las figuras aparecen en el estilo de stencil portraits tan querido a los artistas de extrema izquierda, un género en sí mismo. Antoni Gutiérrez-Rubí ha hablado del efecto esténcil y su uso por Pablo Iglesias en las elecciones europeas de 2014. Barajamos en principio que fuera Iglesias quien representara a la extrema izquierda española, pero estaba en horas bajas y se había retirado, de modo que lo desestimamos. Eso sí, en prepublicación salió la portada con Iglesias y supongo que Pablo se llevaría un chasco al ver que finalmente no aparecía. De cualquier manera, lo volveremos a estudiar para la segunda edición. Por cierto, le propusimos a Iglesias presentar el libro en su taberna, le enviamos un ejemplar, y nos dijo que lo tomaría en consideración.

En cuanto a los personajes elegidos, nos parecía que eran obvios los que aparecen, aunque nosotros imaginábamos un retablo mucho mayor, que evidentemente no cabía en la portada del libro. Tuvo que simplificarse, de modo que en la parte superior están algunos de los fundadores más importantes de la extrema izquierda; y en la inferior algunos de sus representantes contemporáneos más significativos. Desde luego, no están todos los que son, pero sí son todos los que están. Entre los fundadores, hay pocas dudas de que Lenin es el padre fundador de la extrema izquierda y que tanto Mao Tse-Tung como Fidel Castro son importantes influencias en sus variaciones históricas. En cuanto a los contemporáneos, hay pocas dudas de que, hoy en día, Yolanda Díaz es la lideresa de la extrema izquierda española y es miembro del Partido Comunista de España. Más interesantes son los casos de Jeremy Corbyn, que se estudia en el libro, vigilado durante décadas por la policía por subversivo, bajo la acusación de amenaza a la democracia parlamentaria, y finalmente expulsado del Partido Laborista por su antisemitismo. Y Jean-Luc Mélenchon, otra luminaria no menos polémica, con una larga carrera de infiltrado en el Partido Socialista, pero líder indiscutible de la extrema izquierda en la Francia insumisa de la que también nos ocupamos.

En cualquier caso, la extrema izquierda que atendemos en el libro está definida por aquellos partidos a la izquierda de los partidos socialdemócratas, que tienen o han tenido vinculación con el comunismo en sus diversas ortodoxias, y que gozan de representación en los parlamentos nacionales. Muchos de estos partidos se presentan como la izquierda a la izquierda de la izquierda, pero nos pareció que, por congruencia, puesto que los partidos a la derecha de los partidos de centro derecha se denominan extrema derecha, los situados a la izquierda de los partidos de centro izquierda debían denominarse extrema izquierda. De hecho, en su escala de autoposicionamiento ideológico así lo hacía el CIS hasta hace poco. Como señalamos en el libro, muchos de estos partidos de extrema izquierda desaparecieron o se refundaron tras la implosión del comunismo europeo oriental en 1989-1991, pero otros se mantuvieron fieles a la vieja ideología. Como se explica también en el volumen, el paisaje de la extrema izquierda europea es muy variado y cada caso nacional constituye una singularidad no generalizable.

Con evidente espíritu didáctico, el profesor Casquete enumera cinco ideas fuerza que dan cuenta de la factura del libro. Pareciera que estas denominadas ahora «ideas fuerza» fueran los artículos de fe que mencionaba al principio y que, junto con nuestra agenda oculta, nos expulsaban de la academia. Pero esto es una suposición mía porque el reseñador no nos lo aclara. Lamentablemente, es en esta síntesis donde se nos atribuyen opiniones que no justifica y que deforman de forma grosera lo que se dice en la breve introducción del libro, a cargo de Edurne Uriarte. Al principio estuve tentado de reproducirlas aquí y colocar a continuación las correcciones necesarias para mostrar el ánimo manipulador del profesor Casquete, pero sería aburrir a los lectores con una lectura tediosa. El que esté muy interesado lo puede hacer por su cuenta contrastando lo dicho con el reseñador y lo que se dice en las breves dieciséis páginas de la introducción del libro en las que se inspira. En relación a lo dicho por Casquete sí es importante puntualizar que el libro sostiene que desde un punto de vista democrático, el comunismo es una forma de totalitarismo condenable, igual que el fascismo y el nacionalsocialismo; que una parte sedicente y minoritaria de la extrema izquierda en Europa todavía participa de esta ideología; y que en unos pocos países de Europa, la extrema izquierda constituye una forma de extremismo político tan amenazador para la democracia como la extrema derecha. Hay sin embargo dos puntos de los citados por el profesor Casquete que sí se ajustan a la verdad. Son el tres y el cuatro, a saber, que hay muchos estudios académicos sobre la extrema derecha y muy pocos sobre la extrema izquierda; y que la explicación de este fenómeno puede radicar en el «sesgo izquierdista» de la academia. Todo lo demás, y animo al lector a que eche un vistazo, es cosecha del autor de la reseña.

Lo más sorprendente es que enumeradas estas ideas, le sirven al profesor Casquete para dividir las contribuciones del libro entre las que son ejemplo de «abandono de la lógica académica para abrazar la defensa de una agenda política concreta, forjada a golpe de artículos de fe» y aquellas que sacudiéndose «las servidumbres impuestas por las premisas contenidas en este marco» las «matizan e incluso las impugnan». Empezó el profesor Casquete su reseña descalificando el libro en su conjunto «con las importantes salvedades que señalaremos en un momento». Pues bien, llegada la hora de señalar las excepciones resulta que, de los once capítulos del libro, las salvedades son nada menos que nueve capítulos, que le parecen argumentados, con profundidad analítica y «no son una sucesión de verdades apodícticas, sino que aportan y contrastan argumentos».

Y que lo que le ha motivado a calificar el libro de obra polarizadora «que empobrece la calidad cívica y política de la democracia» son los capítulos firmados por los coordinadores, tres, dedicados a España, Francia y Portugal, más las breves introducción y conclusión al volumen. Señalada esta diferencia fundamental, el profesor Casquete ofrece algunas pinceladas sobre el contenido de los capítulos. Lamentablemente, lo hace para contrastar las ideas que nos atribuye con las conclusiones de cada uno de los capítulos y, claro, el resultado de sus reflexiones resulta totalmente desenfocado. Con relación a los estudios de caso, salvo en lo relativo a los escritos por Edurne Uriarte, se muestra elogioso. Sus críticas se centran únicamente en lo que Uriarte dice sobre Francia, que malinterpreta usando datos de la misma autora; y, sobre todo, de España, donde no le gusta el retrato que se hace de la extrema izquierda española. Tristemente, para mí, no se dice nada sobre mi capítulo dedicado a Portugal, con más de treinta referencias bibliográficas, 21 tablas y 3 gráficos, porque me habría gustado defenderme de la acusación que nos hace el reseñador de que nuestros argumentos son del tipo «porque yo lo digo». Tampoco hay referencias a las conclusiones que yo mismo firmo. Las críticas se personalizan finalmente en la introducción y los artículos de la profesora Uriarte, la que me ha hecho pensar en las declaraciones de no incurrir en motivos de abstención de nuestros tribunales de oposición.

Como se señala en las conclusiones, en general, la extrema izquierda está en declive y es irrelevante políticamente en casi toda Europa occidental, salvo en tres países de los que tratamos. Estos países son, precisamente, Portugal, Francia y España. En Portugal la extrema izquierda ha tenido una importancia extraordinaria en el pasado, incluso en el pasado reciente, pero parece condenada a la irrelevancia en el presente; en Francia la extrema izquierda está en un momento de crecimiento parangonable a la importancia que tuvo tras la Segunda Guerra Mundial, lo que unido a la fortaleza del Rassemblement National (RN) aboca a la V República a una polarización cuyos efectos estamos viendo estos días en la forma de parálisis política. En cuanto a España, el hecho de que la extrema izquierda esté en el gobierno constituye una singularidad, no solo respecto a la historia española, pues no ocurría desde el gabinete de guerra de Largo Caballero sino, sobre todo, respecto a nuestro contexto europeo: en ningún país europeo occidental gobierna la extrema izquierda. ¿De qué manera afecta esto a la calidad de la democracia española? La respuesta está en los indicadores internacionales.

Termina el profesor Casquete su reseña reiterando sus obsesiones, pero rebajando su alcance: ahora es solo una parte «sustancial del libro», los tres capítulos reseñados, la que firman sus coordinadores, la que tiene una agenda política y no académica. Esta agenda política que han colocado los coordinadores del libro y ha sido descubierta por él nos es finalmente desvelada y sostendría que la derecha española no tiene que hacer cordones sanitarios con la extrema derecha porque la izquierda no los ha hecho con la extrema izquierda. Me temo que estas cosas las ha tomado el profesor Casquete de otros sitios o directamente se las ha inventado, quizá se las ha suscitado el que la profesora Uriarte sea diputada por el Partido Popular, pero no están en el libro. He buscado las referencias a cordones sanitarios en nuestra obra y únicamente en la página 324, he encontrado algo que lejanamente se puede vincular de pasada con lo que sostiene el profesor Casquete, la referencia a que la izquierda española ha pedido un cordón sanitario con relación a Vox, pero la tal agenda desvelada no la he encontrado por ninguna parte.

En esta retirada final respecto a la desautorización total del libro con el que se iniciaba la reseña nos dice el profesor Casquete que «el resto de estudios de caso, lo mejor del volumen, se desvían de la ruta diabolizante de un comunismo que ya no existe, al menos según la caricatura que de él efectúan los coordinadores del volumen». Supongo que quiere decir que hemos «demonizado el comunismo» existente al vincularlo con el totalitarismo comunista, pero esta conexión es obvia y el reproche se lo debería dirigir el profesor Casquete a los partidos comunistas que aún existen y a su valoración de los regímenes comunistas bajo los que vive aún una importante porción de la humanidad. Bueno, en el libro contamos cómo hubo partidos comunistas que se disolvieron tras el fin del comunismo y otros adoptaron nuevas denominaciones para acomodarse a los nuevos tiempos. Eso sí, su relación con el totalitarismo pasado y presente es cuanto menos ambigua. En fin, animo a las personas interesadas por la extrema izquierda a que se acerquen a nuestro libro; una contribución necesaria porque ocupa un hueco sin atender en el estudio del extremismo contemporáneo. Quienes así lo hagan descubrirán una cantidad enorme de información contrastada y un estudio comparativo que, en lo que se me alcanza, no tiene parangón en ninguna otra lengua de cultura.

Jeremy Corbyn durante la campaña electoral de 2019. Imagen de Wikimedia
Jeremy Corbyn durante la campaña electoral de 2019. Imagen de Wikimedia

Ficha técnica

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