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El otro Tom

El otro Tom: Una novela sobre el trastorno de déficit de atención

Laura Santullo

Editorial Novelavergara (Penguin Random House), 2018

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Laura Santullo (1970) es una escritora y reconocida guionista uruguaya que ha adaptado varios de sus relatos al cine. El último de ellos es su novela El otro Tom (2018). La adaptación a filme, The Other Tom (2021), en colaboración con Rodrigo Plá, recibió varios premios y nominaciones, entre ellas la de mejor película contemporánea en el Festival Internacional de Cine de Toronto. Esta novela de Santullo representa una apuesta por intimar en los complejos mundos de la salud mental y la maternidad en nuestros tiempos. Es una lectura altamente recomendada para quienes estén interesados en explorar, desde la ficción, los pensamientos, emociones y decisiones que pueden generarse a través de la experiencia de la maternidad en condiciones precarias y de un diagnóstico psiquiátrico adverso. Con El otro Tom, Santullo se inserta en la discusión contemporánea sobre la maternidad que escritoras latinoamericanas como Pilar Quintana (Colombia), Fernanda Trías (Uruguay), Lina Meruane (Chile), Samatha Schewblin (Argentina), Gabriela Wiener (Perú), entre otras, han venido suscitando a través de sus novelas, cuentos y ensayos.

El otro Tom, guiada principalmente por un narrador omnisciente y a veces por la voz de la protagonista, despliega las historias de sus personajes con un lenguaje preciso y elegante. Dividida en dieciséis capítulos de corta a mediana extensión, la novela permite al lector pausar a través de la historia, aunque esta no se desarrolle en orden cronológico. Nos captura desde la primera oración con el anuncio de que hay detalles que la protagonista, Lena, no recuerda sobre el accidente de carro que se narra en el primer párrafo. Lo que se describe de inmediato es que hubo precauciones que no se tomaron y ella es, según nos narran, culpable de algo. ¿Quién ha salido del automóvil? Su hijo Tom. ¿Por qué razones? Lena intenta descubrirlas, pero la respuesta no es tan sencilla. Con esta intriga, la novela nos lleva por un recorrido a través de la vida de estos dos personajes en su lucha por la supervivencia.

Lena parece reunir todos los requisitos para ser catalogada como una «mala madre»: es inmigrante, muy joven, soltera, pobre, sexualmente activa, se droga y recibe ayuda de los servicios sociales para subsistir. Además, no escucha bien de un oído y su hijo tiene un trastorno de déficit de atención. Sin embargo, lejos de acentuar estereotipos, la caracterización de los personajes ofrece una visión matizada de su humanidad. Hay una invitación a considerar las circunstancias que llevan a Lena a actuar de cierto modo, pero no se intenta encasillarla en la categoría de víctima. Se presenta un balance con instancias en las que su intuición y voluntad firmes desafían sistemas y nociones preconcebidas sobre ella y su hijo.

Entre los aportes más interesantes de la historia se encuentran las puntuales descripciones de algunas experiencias maternas. Por ejemplo, se habla de la soledad, la ambivalencia de Lena hacia su hijo y del sentimiento de arrepentimiento que algunas madres tienen terror de expresar. Como lo ha mencionado la investigadora israelita Orna Donath, el arrepentimiento de convertirse en madre no es un tema que muchas madres se puedan permitir discutir abiertamente. Aunque muchas mujeres aman a sus hijos, la experiencia de ser madre resulta ser más difícil de lo que imaginaban. Página tras página, la novela de Santullo se encarga de desmitificar la experiencia de la maternidad sacando a colación los sentimientos encontrados de Lena y su desilusión. Se recalca que ella está sola la mayor parte del tiempo y que la llegada de Tom no alivia su soledad como esperaba: «la idea de tener un bebé disparó la fantasía de volver a tener una familia; creyó que la urgente necesidad de compañía pronto llegaría a su fin» (32). Dicha soledad solo parece disiparse cuando Lena decide confiar en aquellos que ofrecen su ayuda en momentos cruciales.

El mayor desafío que enfrenta Lena es la salud mental de su hijo. Diagnosticado con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), Tom es un niño con muchas dificultades en la escuela. El TDAH se manifiesta en falta de atención y comportamientos impulsivos que en ocasiones pueden ser agresivos. La obra de Santullo lleva como subtítulo «Una novela sobre el trastorno de déficit de atención», pero no es un manual para lidiar con el TDAH. No obstante, la información que se incluye a través de la historia y que Lena recibe a manos del psiquiatra de su hijo se desglosa para su comprensión inmediata, a veces con un tono condescendiente. En otras ocasiones, la narración es muy técnica: Este era «el metilfenidato que tenía entre sus consecuencias adversas episodios de depresión o conductas inesperadas» (45). Desde el punto de vista del especialista en la novela, y en concordancia con la comunidad médica, es un trastorno con tratamiento. Las reacciones de distintos personajes al comportamiento de Tom dan lugar a cuestionar hasta qué punto el niño sufre de dicho trastorno y la efectividad del tratamiento. La discusión del tema es relevante en el siglo XXI ya que el porcentaje de niños en edad escolar que sufren de TDAH en todo el mundo es alto.

Entre los momentos más estremecedores de la novela, se encuentra precisamente aquel en el que Lena le comunica a su hijo que no va a tomar más esas pastillas para el TDAH. Ante lo cual él se preocupa porque siente que «El Tom de las pastillas es mucho mejor que yo» (121). Al final, no se sabe si Lena y su hijo ganan la batalla legal contra el Estado. Sin embargo, en medio de la lucha, el comportamiento de Lena se examina con una lupa en el juzgado para corroborar su idoneidad como madre: «con qué frecuencia salía Lena a bailar, qué cantidad de alcohol solía ingerir o cuántos hombres llevaba a dormir a casa» (160). Sus aliados se encargan de resaltar las cualidades que la hacen competente para tomar decisiones por el bien de su familia ya que ella posee «gran capacidad para el trabajo» y se esfuerza «por compaginar la maternidad con las responsabilidades de llevar un hogar sola» (162).

¿Qué le decía el pálpito de madre a Lena? Que su hijo sufría y que el medicamento le podía hacer mucho más daño a largo plazo. A pesar de su poca educación, ella podía notar que, sin importar los ajustes de la dosis y los químicos, «la fragilidad del equilibrio anímico del niño persistía» (49). Con plena confianza en su intuición, Lena se lanza a la travesía de defender su decisión de dejar de darle la medicina a Tom. Lena también intuye que el niño podría mejorar si tuviera a su padre al lado y, aunque no es posible volver a vivir juntos como familia, se da a la tarea de cumplirle la promesa a su hijo de llevarlo a visitar al padre. Las encrucijadas, la desazón, las dudas y la incertidumbre se hacen parte de las vidas de Lena y Tom mientras navegan sus experiencias con la maternidad y el TDAH en el siglo XXI. Estas hacen de la novela un texto oportuno para la reflexión sobre el estado actual de la salud mental, sobre todo después de haber pasado por la pandemia del Covid-19 y vivir sus secuelas hasta hoy.

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Ficha técnica

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