De la España de los notables al dominio de los nuevos ricos


El fin de la clase ociosa. De Romanones al estraperlo, 1900-1950
Miguel Artola Blanco
Madrid, Alianza, 2015
312 pp. 24 €

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Arno J. Mayer publicó en 1984 Persistencia del Antiguo Régimen. Europa hasta la Gran Guerra, libro en el que venía a poner en cuestión la vigencia extendida del modelo «francés» de revolución burguesa. Paul Johnson, también en 1984, hizo lo propio en su Nacimiento del Mundo Moderno, destacando la diversidad de revoluciones o transformaciones liberales en Europa hasta 1914, en las que predominó mucho más la estabilidad y las reformas paulatinas que las rupturas; además, la nueva economía industrial de la segunda mitad del siglo XIX no implicaba en absoluto la desaparición de innumerables persistencias del Antiguo Régimen. Esa línea de estudio fue ampliamente acogida dentro y fuera de España, hasta el punto de que en 1991 ya se publicó un repertorio sobre esta nueva aproximación al estudio de las elitesPedro Carasa (ed.), Metodología y fuentes para el estudio de las elites en España (1834-1936), Valladolid, Universidad de Valladolid, 1991..

El libro de Miguel Artola Blanco es un riguroso estudio, referido a España en particular, sobre un fenómeno general en Europa: la marginación de la nobleza como parte de la elite dominante. En su opinión, esa marginación se produjo en la primera mitad del siglo XX a favor de otros grupos sociales provenientes de las clases medias y profesionales. El libro tiene la virtud de observar los fenómenos sociales en un largo período de tiempo. Salvo en los casos en que ha mediado una revolución de larga duración, como la rusa o la cubana, los grupos sociales dominantes han poseído numerosos instrumentos de mantenimiento y supervivencia frente a los cambios. Estos instrumentos permitieron a la nobleza española ocupar una posición muy relevante hasta 1931 y mantenerse a la defensiva hasta 1939, para finalizar en un paulatino declive durante el franquismo.

Para relatar y demostrar esta tesis, Artola aborda con nuevas fuentes, originalidad y amplitud el estudio económico y patrimonial de la nobleza, se sumerge en las formas de identidad y los valores morales de las clases altas, en sus espacios de habitabilidad, en el consumo suntuario. Finalmente, afronta los conflictos sociales y políticos, muy relevantes entre 1931 y 1939. Termina el estudio observando con agudeza las transformaciones acaecidas durante el primer franquismo.

Miguel Artola ha tenido muy en cuenta la amplia bibliografía sobre la decadencia de la nobleza en Europa, singularmente el libro de David CannadineDavid Cannadine, The Decline and Fall of the British Aristocracy, Nueva York, Vintage, 1999.. Pero lo que ha marcado de forma más intensa este trabajo es la obra, más antropológica que historiográfica, de Thorstein Veblen, de quien toma el concepto de clase ociosaThorstein Veblen, The Theory of the Leisure Class. An Economic Study of Institutions, Nueva York, Macmillan, 1899, traducido como Teoría de la clase ociosa, trad. de Carlos Mellizo, Madrid, Alianza, 2004.. Veblen escribió sobre la mentalidad, prácticas, valores, costumbres y religión de esa clase en concreto cosas que sin duda son pertinentes para la tesis de Artola. Pero la aproximación de Veblen tiene una limitación evidente: la clase ociosa de Veblen es la nobleza europea desocupada del siglo XVIII hasta finales del XIX (su libro se publicó originalmente en 1899), y el autor norteamericano no pudo observar ni la incorporación de parte de la nobleza a la nueva economía industrial, ni la moderna sociedad de consumo de masas del siglo XX. De ahí que, admitiendo la tesis general sobre el final de la nobleza como clase dominante en el siglo XX, el uso de «ociosa» resulte poco afortunado. Me explico: si la clase ociosa era la clase dominante hasta 1931, la elección de un conde como paradigma de la misma es muy acertada. Pero, por el contrario, el concepto «ocioso» aplicado al conde de Romanones en concreto resulta confuso, toda vez que don Álvaro de Figueroa y Torres era licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid, se doctoró en Derecho Constitucional en Bolonia, escribió y publicó decenas de libros y discursos, y tuvo una intensa actividad política y administrativa. Romanones heredó una fortuna de origen industrial (su padre, el marqués de Villamejor, fue el primer industrial y comerciante de plomo y plata de España en el siglo XIX) y se ocupó, con gran esfuerzo y acierto, en mantener, en una época bien difícil, el legado que había recibido.

El autor advierte que, «por comodidad y convencionalismo, durante la mayor parte de este libro, he utilizado el concepto de clases altas como sinónimo de clase ociosa». Si esto es así, la descripción que realiza el autor es plenamente válida y quizás el uso del concepto «ocioso» tiene más que ver con una muy relevante descripción de formas de vida y actitudes que son muy expresivas de la mentalidad de gran parte de la elite de los notables a finales del siglo XIX y en la primera mitad del XX. Algunos de esos rasgos –lujo, ostentación, ocio, espacios de habitabilidad– continúan vigentes en nuestros días en una nueva clase dominante de nuevos ricos, que el autor denomina «estraperlistas». Con la diferencia de que la escala de valores de la nobleza y, sobre todo, de la aristocracia (sentido del honor familiar, prestigio del apellido, valores morales…) resultaban mucho más consistentes y aglutinadores que los que exhiben las nuevas elites en el presente. Como señala Artola, «El ideal de la Casa unía, por tanto, los valores que debían defenderse en las facetas pública y privada. En la primera se apostaba por los principios clásicos de religión, familia, propiedad y patria, mientras que en la segunda eran la virtud, el deber, el trabajo y el trato honesto con las clases inferiores los que prevalecían en el gobierno de la familia». Por ello, podría deducirse que los valores vigentes entre la elite anterior a 1950 –la nobleza, como señala Cannadine– fueron: King, Country and Honor. A diferencia de los valores actuales de los nuevos ricos estraperlistas: Money, first. El concepto de estraperlo es una forma peyorativa de describir un enriquecimiento rápido, tramposo y rayano en la ilegalidad. Se desarrolló en el marco de la economía cerrada, no competitiva, del franquismo y parece, por lo que sugiere Artola, que aquellos nuevos ricos tuvieron un gran éxito a la hora de sustituir a una clase dominante por otra.

Estas nuevas elites, con valores muy alejados de sus predecesores, sustituyeron a la nobleza en las clases altas de la sociedad española y supieron adaptarse a la nueva economía autárquica del nuevo régimen de 1939. El general Franco, a su vez, arruinó a buena parte de los nobles y rentistas urbanos y agrícolas con la congelación de rentas y alquileres. En algún momento habría que considerar la adhesión social que generó el franquismo, no sólo por la victoria en la guerra, sino por medio de la implantación del sistema de pensiones de reparto, por la Seguridad Social y por la congelación de alquileres. La nobleza y los propietarios padecieron una suerte de expropiación latente por cuanto sus fincas rústicas y urbanas cayeron progresivamente en rentabilidad y precio.

Por lo que respecta a la decadencia o la crisis de la nobleza, el autor las sitúa a mediados de los años cincuenta del siglo XX; pero también es cierto que la influencia de parte de la nobleza se mantuvo vigente, y se mantuvieron relativamente autónomos respecto del poder político hasta la llegada de la democracia. Es a partir de los años ochenta cuando la nobleza pierde posiciones dentro de la clase dirigente en Madrid (quizá no tanto en Barcelona), a la vez que se evidencia un debilitamiento social de las antiguas clases dominantes en la industria, la energía y las finanzas, en beneficio de nuevos «emprendedores», brokers, intermediarios financieros (no banqueros a la antigua usanza), contratistas públicos y promotores vinculados a la nueva y numerosa clase política de la democracia. Una rigurosa identificación de los estraperlistas de los años cincuenta y de la beautiful people de los años ochenta y noventa, sin duda, completarían el círculo de este interesante libro.

Ciertos elementos de la clase ociosa, que Veblen describió en 1899, se encuentran presentes actualmente en amplísimos sectores sociales. Si bien en el siglo XIX eran privativos de la elite, de los notables, hoy se han democratizado plenamente: el ocio, el consumo, los deportes y la extendida creencia en los juegos de azar. Los elementos privativos de riqueza, lujo, ostentación y habitabilidad de espacios exclusivos siguen siendo habituales en las clases altas. Esto sugiere que lo que ha ocurrido es que «la clase ociosa», como sinónimo de la clase dirigente, no ha finalizado, sino que ha cambiado sus componentes, su procedencia y sus valores.

Guillermo Gortázar es profesor de Historia Contemporánea en la UNED. Es autor de Alfonso XIII, hombre de negocios (Madrid, Alianza, 1986) y de numerosos ensayos y artículos sobre las elites en España. Es editor y coautor de Visiones de Europa (Madrid, Nóesis, 1994) y Nación y Estado en la España liberal (Madrid, Nóesis, 1994). Su último libro es Cuba, camino de libertad. Discursos, textos y documentos, 1990-2012 (Madrid, Hispano Cubana, 2012).

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