El español de América
JOHN M. LIPSKI
Cátedra, Madrid, 1996

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El español de América no es ya un breve capítulo de la Dialectología Hispánica, sino una materia con entidad propia que forma parte de los programas de Filología. Es posible que la edición de la versión castellana del libro de Lipski (publicado en inglés en 1994) tenga como finalidad servir como texto para estos cursos.

El libro está organizado en dos tratados de extensión algo desigual. La primera, «La evolución del español de América», la que el lector encontrará más atractiva, presenta el origen y desarrollo de las variedades americanas del español. En este apartado se incluyen cuestiones discutidas, por ejemplo, la relación del español americano con el castellano meridional, problema éste vinculado al del origen de los colonizadores. El autor no parece convencido del predominio demográfico andaluz, al que, sin embargo, habría que añadir el contingente extremeño y el de la emigración ilegal, para la que cabe suponer un origen dominante meridional. Lipski presenta, también, argumentos decisivos en la discusión de la hipótesis de que la configuración del español de América tuvo lugar durante el llamado período antillano. Parece claro que los contactos con la Península Ibérica fueron continuos hasta el siglo XIX y, por tanto, es preciso considerar un período de formación más extenso.

En el análisis de la influencia de las lenguas indígenas, el autor considera que éstas sólo tienen peso allí donde se produjo una interlengua con prestigio, lo cual apenas ha sucedido, salvo en algún país como Paraguay. No obstante, describe numerosos fenómenos concretos debidos al contacto del español con las lenguas locales. Está muy bien tratada la denominada conexión africana. Lipski, muchas veces a partir de investigaciones propias, presenta con detalle la aportación demográfica africana y pormenoriza los rasgos de los criollos de base española. Sin embargo, en general, los africanos pasaron del pidgin al español local, por eso, quizá sea desproporcionada la importancia dada al elemento africano, sobre todo si se compara con la atención, mucho más escasa, a las lenguas amerindias y la ausencia de interés por otros grupos lingüísticos, los alemanes de Chile, los vascos de Venezuela (sólo aludidos, a pesar de que existen estudios sobre su influjo lingüístico) o los catalanes de las Antillas.

En la segunda parte de la obra, Lipski describe las diferencias espaciales del español americano. El autor, que defiende una dialectología no centrada en rasgos arcaizantes (frente a la de los estudios clásicos europeos), da una visión panorámica de la dialectología americana y sus problemas, de los criterios utilizados para la división dialectal, de los proyectos en marcha (Atlas y otros estudios), así como de los principales diccionarios. En esta segunda parte se tratan las variedades dialectales de cada uno de los países, ordenados alfabéticamente. Este criterio, cuya idoneidad el mismo autor pone en duda, hace perder de vista las relaciones que superan los límites políticos y obliga a una gran cantidad de reiteraciones. En cada uno de los capítulos se procede con el mismo esquema: una breve evaluación de los principales estudios sobre el dialecto del país. Inmediatamente sigue una introducción a la historia y la consideración de los distintos dialectos, si es que existe más de uno, sin perder de vista la variación social, muy marcada en algunos países. Tras atender a las posibles influencias de lenguas no hispánicas se describe la fonética, la morfología y la sintaxis. Finalmente se añade un breve repertorio léxico que el autor considera representativo.

La atención a cada variedad es extensa en el plano fonético (aunque falten los rasgos suprasegmentales). En morfología flexiva se señalan siempre las peculiaridades del voseo en cada región. En morfología derivativa, de gran riqueza en el español americano, sólo queda registrada la existencia de algún sufijo de excepcional frecuencia. La sintaxis es más rica, pero también más asistemática y algunos fenómenos incluidos en este apartado (empleos de personas verbales o fórmulas de tratamiento) podrían ser descritos con más precisión como pragmáticos. En lo que atañe al léxico, probablemente habría sido más interesante para el lector medio, y quizá también más didáctico, haber elaborado un capítulo dedicado al vocabulario en el que se señalaran los ámbitos más sensibles a la diferenciación, las vías locales de creación de eufemismos y de jergas especializadas, así como los indigenismos o africanismos relevantes.

En resumen, Lipski ha intentado construir una obra sobre el español de América lo más comprensiva posible, pero sin quedarse en una mera hipótesis sobre el reparto dialectal o en un repaso superficial de la bibliografía. Ha conseguido su objetivo en gran medida: un libro claro y razonablemente didáctico que suministra con objetividad información básica sobre casi todos los puntos que trata. No será, probablemente, la obra definitiva sobre el español de América, pero como libro de texto tampoco será fácil superarla.

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