Latidos humanos

Contrasombras

MEDARDO FRAILE

Pre-Textos, Valencia, 1998

Medardo Fraile, madrileño de 1925, a propósito del cual se suele decir, invariablemente, como si se tratara de un adjetivo, que el género literario del cuento no cuenta con lectores en España, pertenece a una generación que, para desmentir esto, cultivó el cuento de manera bastante asidua, y algunos de forma muy asidua, como Ignacio Aldecoa, Arturo del Hoyo, Meliano Peraile, Eduardo Mendicutti, Manolo Pilares, etc., vinculados a la revista El español (que era ultramontana, pero publicaba cuentos) o a los Cuadernos hispanoamericanos, todos ellos habituales de concursos literarios y todos ellos, creo que sin excepción, galardonados con alguna Hucha de Oro o Plata, porque acostumbraban a escribir cuentos muy «humanos», con mucha ternura y mucha tristeza, como si Dickens hubiera escrito Nada, de Carmen Laforet, y con algún acontecer prodigioso en el desenlace: eran cuentos, en definitiva, escritos «en K de corazón», como definió Jorge Ferrer-Vidal a los Cuentos de la buena y de la mala pipa, de Manuel Pilares. Por aquellos años cincuenta y sesenta estos autores quedaron desmarcados por un realismo más explícito y militante. Si se aceptaba como tema principal la «K de corazón» había que cargar con las consecuencias, los reproches al uso por introspección y por escapismo: reproches que acumuló sobre su persona y su ilustre pasado neorrealista Vittorio de Sica cuando puso a volar sobre escobas a los mendigos de Milagro en Milán al final de la película.

Estos escritores, contemplados al cabo de unos treinta años (y la oportunísima recopilación última de Medardo Fraile es excelente motivo para la contemplación reflexiva) no eran enteramente de «la berza» (algo mágico quedaba a veces al fondo de sus cuentos), ni mantenían la fe del carbonero con respecto al «realismo socialista». Más bien me parece que estaban creando una tradición nueva y, como toda tradición, a la vez antigua, ajena al mundo anglosajón y al experimentalismo francés, y que podría remontarse a obras como Pipá o Adiós, cordera, de Clarín; aunque en los años a los que me refiero ni ellos mismos fueran tal vez conscientes de esto que estoy señalando. Sus personajes eran con frecuencia niños; la clase social en la que se movían es esa indecisa que no llega a clase media, pero que tampoco es proletariado; los escenarios, asimismo, pertenecen al suburbio, ese espacio fronterizo, donde la ciudad no es del todo campo y el campo no llega a ser ciudad. Los que cultivaban un realismo algo más bronco, como Aldecoa, escribían también sobre limpiabotas, camioneros, peones de albañil y de brega y, en fin, de gentes inadaptadas que estaban a punto de constituir un hampa tímida. Mas al final de los años sesenta y primeros de los setenta se descubría a Borges, a Cortázar y demás compañía hispanoamericana, todo el mundo se puso a escribir como ellos, inventándose monótonas historietas de tipos que se soñaban a sí mismos y alardes pseudofantásticos, y mientras estos cosmopolitas vía a la Argentina se repetían hasta la saciedad, los que escribían con «K de corazón» quedaron desfasados y olvidados. En una palabra: pasaron de moda. Por aquel tiempo, por lo demás, estaba claro que se llegaba al final del túnel, y ya no se exigía el «compromiso» a los escritores, no fuera a ser que se acostumbraran y continuaran siendo respondones con la democracia.

Contrasombras muestra la fidelidad de Medardo Fraile a un mundo, que es el que aparece con sordina en libros anteriores (Cuentos con algún amor, Cuentos de verdad, A la luz cambian las cosas). Temas y personajes siguen siendo los mismos: niños, costureras, criadas de servir, profesores sustitutos… En los últimos cuentos, el tono ya es decididamente evangélico. Los cuentos son cortos, todos preparan el desenlace, que puede ser un chiste o una decepción. Los más reflexivos (Todo másclaro) no son los mejores. Y hay uno brevísimo y formidable, Revelación: Francisco Franco Bahamonde se le aparece en persona y de paisano, de noche, al narrador del cuento para decirle: «Digo que… he sido más rojo que Felipe González». Ni más, ni menos.

Ficha técnica

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