¿Acaso fracasan las democracias?

La quiebra de las democracias

Juan J. Linz

Alianza, Madrid, 2021 [segunda edición, revisada y ampliada]

La literatura sobre el fracaso político constituye uno de los ejercicios más interesantes para pensar en lo que pudo haber pasado, es decir, para rememorar lo que ocurrió después como una de las muchas posibles opciones en aquel entonces. En este subgénero literario ―si es que se puede denominar así― convergen la historia con la imaginación, quizás uno de los encuentros más fecundos para una reflexión penetrante sobre la política y sobre la historia. En nuestro presente temporal, la literatura sobre el fracaso, en particular sobre el fracaso en los regímenes democráticos, concita pasiones, intereses y reproches, así como investigaciones rigurosas, comparativas y de largo aliento. Por ello resulta realmente oportuna la más o menos reciente reedición, en 2021, de un clásico sobre el tema: La quiebra de las democracias, de Juan J. Linz.

Aunque publicado en 1978 en inglés y traducido en 1987 al castellano, este libro se suma al aluvión de trabajos que desde hace varios años alerta sobre la fragilidad de las democracias. ¿Es este uno de los temas de nuestro tiempo? Probablemente sea exagerada esta identificación. Sin embargo, libros como Las crisis de la democracia. ¿Adónde pueden llevarnos el desgaste institucional y la polarización? (2019), de Adam Przeworski o Cómo mueren las democracias (2018) de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt están atravesados por una sensación de fin de época, de duelo y de aviso de incendio. Desde luego estos trabajos, y otros con preocupaciones similares, recogen cierta estupefacción ante la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos en 2016 y 2024, pero a la vez proclaman, quiéranlo o no, el fin del clima optimista de la reconstrucción del mundo posterior a 1989. La corriente dominante del pensamiento político deja cada vez menos espacio al ensalzamiento del supuesto éxito político y abre cada vez más vías para una reflexión sobre el fracaso histórico. Aunque en otras coordenadas epocales, Linz realizó un ejercicio cuyo gesto resulta parecido, produciendo un libro que atrajo, y sigue atrayendo, la atención de numerosas disciplinas y del público en general.

Una de las peculiaridades de La quiebra de las democracias consiste en el énfasis concedido al funcionamiento de las instituciones de los regímenes democráticos en períodos de crisis y a las decisiones de los líderes que las encabezan. Este elemento de contingencia se percibe más claramente en el título en inglés del texto de Linz (Crisis, Breakdown and Reequilibration), mientras que la orientación hacia el estudio del cambio de régimen se encuentra en el título del libro colectivo en el que se inserta el texto de Linz, y que finalmente se empleó en la traducción castellana: The Breakdown of Democratic Regimes. Aunque con unas limitaciones reconocidas, pues no se investiga cómo un régimen dictatorial se convierte en una democracia, ni apenas se toman en consideración ejemplos de derrumbes de la democracia más allá del período de la Europa de entreguerras, el libro emplea un enfoque comparativista en el estudio de los cambios de los sistemas políticos, un gesto que, intentando lograr la mayor sistematicidad posible, aspira a conceder una pátina de cientificidad al texto. Resultan fascinantes, en este sentido, algunos pasajes como los que, por ejemplo, rodean la tabla 1.2. (pp. 127-129), donde minuciosamente se cuenta, en número de días, la duración media de los gobiernos en los sistemas parlamentarios entre la primera y la segunda guerra mundial, se compara esta duración media antes y después de la gran depresión y finalmente se interpretan estas diferencias.

Un segundo rasgo característico del libro hay que encontrarlo en el momento de su publicación: 1978. El libro parte de un objetivo declarado de corte a la vez político y académico: el estudio de las condiciones que hacen posible la estabilidad de las democracias liberales o «competitivas» (p. 38). Para conseguirlo, Linz abandona dos modelos explicativos: el sociológico y el historiográfico. Mientras que, por un lado, el modelo sociológico ―orientado hacia los conflictos de clase, la estructura de la sociedad o las formas económicas― no sería capaz de dar cuenta de las decisiones contingentes de los actores políticos (instituciones y personas), que siempre acompañarían los procesos de demolición de las democracias, el modelo historiográfico, por otro lado, aunque se halle más atento a los factores contingentes ligados en muchas ocasiones a las características personales de los líderes de cada momento, no sería sin embargo proclive a la comparación sistemática. Este nuevo espacio de análisis, surgido de un doble rechazo a la mirada sociológica (por el énfasis de Linz en las decisiones contingentes de los actores) y a la mirada historiográfica (por su propuesta en favor de una metodología comparativista), constituye una de las herencias más reconocibles en los tratados antes mencionados y los de reciente publicación. Pero este libro no sólo es producto de la Guerra Fría en este aspecto (el modelo de explicación), sino que también lo es en su orientación ideológica marcadamente anticomunista: en sus páginas florecen cada poco tiempo apostillas sobre las ambigüedades del socialismo ante la democracia y sobre la ambición, supuestamente excesiva, de los partidos reformistas y revolucionarios de izquierdas, que habrían generado un miedo incontenible entre las clases dirigentes. Linz es muy claro al respecto: «ninguna de las democracias relativamente estables ha caído bajo el ataque de la izquierda, aunque los intentos revolucionarios de la izquierda o más frecuentemente el simple hecho de hablar de revolución contribuyó [sic] decisivamente a la crisis de la democracia en Italia, España, Chile y, en menor grado, Alemania» (p. 62).

El tercer rasgo destacable consiste en la temporalidad de la reedición de este volumen. Desde la Machtergreifung (1933) hasta su publicación (1978) han transcurrido casi los mismos años que desde entonces (1978) hasta esta reedición (2021). ¿Qué añade un libro a medio camino entre los hechos tomados como evidencia de su tesis y nuestro tiempo? Desde luego, Linz es un gran testigo e intérprete del violento siglo XX. Algunos de sus datos biográficos pueden ser de ayuda. Nacido en Bonn en 1926, de padre alemán y madre española, vive en la Alemania de la República de Weimar y del nacionalsocialismo, en la España de la II República y de la dictadura franquista, antes de irse a Estados Unidos. Allí dedica una parte importante de su proyecto intelectual a la investigación de la quiebra de las democracias en las décadas de 1920 y 1930 en un momento en el que, a la inversa, se hace una transición desde una dictadura a una democracia en España y se produce, ya en los noventa, la reunificación alemana, pasando igualmente, en la DDR, de una dictadura a una democracia.

Hoy probablemente estemos en Europa en otra fase política, no tan parecida a la de 1970-1990 sino más bien a la de 1920-1930, y por todo ello crece el interés de la lectura de un libro como este, cuya reedición hay que celebrar.

Eduardo Zazo es doctor en Filosofía y profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid. Sus líneas principales de investigación son la Filosofía de la Historia y las relaciones entre filosofía, política y religión. 

Manifestantes. Imagen de Siena Nisavic
Manifestantes. Imagen de Siena Nisavic

Ficha técnica

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