
Sombra del paraíso
Cuando bajó del autobús, no parecía una mujer al borde de la muerte. Con el pelo blanco, la piel blanquísima y los ojos azules, aún conservaba la belleza que siempre le había garantizado la atención de los demás, pero sus rasgos demasiado afilados insinuaban que algo no marchaba bien






