Mundos verdes
Mi amigo Tomás ha vuelto de Madrid y se ha traído el viejo vibráfono que tocaba de adolescente y que tenía guardado en casa de no sé quién. Es un trasto enorme que no funciona muy bien, pero ahora Tomás se pasa el día con dos mazas despeluchadas en cada mano, extrayendo sonidos solo a veces musicales del viejo instrumento. Al pasar cerca de su casa, junto al río, se oye esa música fantasmal saliendo de las ventanas, flotando entre las cañas.






