Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Las trompetas de Aida

Ian Morris (Stoke-on-Trent, Reino Unido, 1960) arqueólogo doctorado en Cambridge, es profesor de Cultura Clásica en la Universidad de Stanford. Prolífico autor que en los últimos años ha logrado una notable difusión en España gracias a las traducciones de sus libros editadas por Ático. En Por qué manda Occidente… por ahora (2014), su obra más conocida, comparaba la evolución de China y Occidente. En Cazadores, campesinos y carbón (2016) defendía que los valores morales de las sociedades derivan de la forma en que obtienen y emplean la energía.

En este nuevo libro mantiene los rasgos característicos de su estilo expositivo, que lo han convertido en un autor tan popular: una combinación de extraordinaria erudición con un lenguaje ameno y sencillo que lo confirma como un gran divulgador.

Leer más »

Un mundo aparte

Pierre Clarac, coeditor de las obras completas de Marcel Proust en la Bibliothèque de la Pléiade, en su introducción al volumen que cierra el conjunto, escribía: «No hemos incluido en nuestro plan su correspondencia, que es un mundo aparte. Entre las palabras que un escritor, en su vida exterior, intercambia con sus conocidos, por escrito o de viva voz, y lo que anota, aunque sea deprisa y corriendo, cuando está solo y cara a cara consigo mismo, obediente a sus voces interiores, hay, según Proust, una diferencia de naturaleza. Esa oposición le parecía esencial». Esa idea fue el germen de la gran suite novelística de Proust: la oposición entre la realidad de la conciencia y la realidad material; entre la inteligencia y la imaginación; entre el yo biográfico y el yo del artista como artista; entre el yo, en fin, que escribe cartas y el yo que sueña novelas y poemas. Proust fue un gran escritor de cartas, como atestiguan los veintiún tremendos tomos de su correspondencia, y sólo en el último tercio de su vida se dedicó a la creación o a la recuperación de su yo principal, el yo novelista, no sin antes establecer la teoría directriz de su obra.

Leer más »

«Panamá» Al Brown, el príncipe del ring

Eduardo Arroyo afirma que «el boxeador acepta el castigo, sabe cómo hacerlo. Y nadie acepta un castigo desde que dejamos la infancia. El boxeador que pierde, abraza al rival. Nunca he visto un mundo tan desprovisto de violencia como el boxeo». El boxeo es «épica, poesía», un «deporte antiguo», «un cuadro iluminado donde ocurre todo». Pienso que es cierto, pero estas palabras omiten que el mundo que gira alrededor del boxeo no es ético, ni poético, sino despiadado y sucio. Los púgiles que llegan a la cima suelen sufrir una trágica caída entre la indiferencia de todos. Alfonso Teófilo Brown, campeón mundial de los pesos gallo, pasó sus últimos días entre hospicios y hospitales, apagándose lentamente por culpa de la sífilis y la tuberculosis. El boxeador que había cautivado a Jean Cocteau se desplomó una mañana de noviembre de 1950 en el cruce de la calle 42. La policía lo recogió del suelo y lo llevó a comisaría, creyendo que estaba borracho, pero enseguida descubrió que se trababa de un moribundo, con una inverosímil delgadez. Muy cerca de los cincuenta años, su metro y setenta y cinco no había menguado, pero su peso había bajado hasta los cuarenta kilos. 

Leer más »

Robert Aldrich: La venganza de Ulzana

Cuando se estrenó en 1972 Ulzana’s Raid (en España, La venganza de Ulzana), se acusó a Robert Aldrich de ofrecer una visión muy negativa, casi racista, de los apaches, olvidando que en 1954 había dirigido Apache, una película que describía la resistencia de las tribus de la Apachería como una gesta heroica y romántica. Ayudante de dirección de Jean Renoir, Joseph Losey y Charles Chaplin, Aldrich labró su reputación de cineasta inconformista con películas como Kiss Me Deadly (1955), The Big Knife (1955) y Attack (1956), mostrando el lado oscuro del sueño americano. El melodrama gótico ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, 1962) representó su consagración como autor, y Doce del patíbulo (Dirty Dozen, 1967) le proporcionó el éxito necesario para financiar proyectos más personales. Con posterioridad, se reconocería que Veracruz (1954) habría preparado el terreno al spaghetti western, anticipando las dosis de comedia, cinismo, suciedad y crudeza que caracterizarían a las películas del Oeste rodadas –en su gran mayoría? en Cinnecittà (Italia) y España. 

Leer más »

Últimas publicaciones

Reseñas