
Poesía desde Auschwitz
No parece irracional comparar la Shoah con un gigantesco agujero negro, capaz de atrapar y anonadar a millones de inocentes, pero no es un símil convincente. Las leyes de la física no se cumplen en el ámbito del espíritu humano. En mitad de la negrura más terrorífica, casi siempre despunta la vida, exaltando la libertad, la compasión y la alegría. En su Diario de Praga (1941-1942), Petr Ginz escribe: «La simiente de una idea creativa no perece entre el barro y la mugre. Brota incluso allí y florece como una estrella refulgente en medio de la oscuridad». Mercedes Monmany, prestigiosa crítica literaria y notable ensayista, ha intentado explicarnos ese milagro en Ya sabes que volveré, un clarividente ensayo sobre tres extraordinarias escritoras asesinadas en Auschwitz: Etty Hillesum, Irène Némirovsky y Gertrud Kolmar. Monmany extrae el título de su obra de un fragmento de la correspondencia de Hélène Berr, una joven judía parisiense que murió en Bergen-Belsen con sólo veinticuatro años: «Volveré, Jean, ¿sabes?, volveré». Monmany no ha añadido dramatismo a unas historias insoportablemente trágicas.








