La clínica del Dr. K
Imagino a Sara recién levantada, ojerosa y somnolienta después de una primera noche de inquietud y zozobra. Agradece el tazón de café instantáneo con leche en polvo que Silvia le ofrece y empieza a animarse cuando comprueba a través de la ventana que hace sol. No le desagrada el tacto rugoso del suelo de ladrillo en sus pies descalzos, pero se siente incómoda con la humedad ambiental. No ha terminado de beberse el café cuando Silvia le apremia para que se prepare: «Debemos llegar antes de que se abra la consulta para que pueda presentarte».






