
Du côté de chez Duchamp
Es frecuente que el arte contemporáneo nos confunda, unas veces por incomprensible y otras por excesivo. Les daré un ejemplo literalmente descomunal: según nos informa la autora en la página 290 de su libro, el madrileño Santiago Sierra negoció con un museo la venta de una instalación de ochocientas toneladas de peso. ¿Para la primera planta? No señor, para la última. Un elefante africano de sabana oscila entre las cinco y las siete toneladas, según el sexo, de donde se desprende que el mamotreto de Santiago Sierra habría hundido cualquier espacio en el que no pudieran juntarse sin riesgo ciento sesenta hembras elefantinas adultas, apretadas las unas contra las otras. Los técnicos echaron cuentas, y el proyecto salió adelante por los pelos. El desafío a lo déjà vu adopta en ocasiones formas más sibilinas. Allá por los sesenta, Sol LeWitt inauguró un género consistente en pintar murales… con fecha de prescripción. Al cabo de unos días la pared se revocaba de nuevo y desaparecía la obra o, mejor, su provisional materialización en el espacio/tiempo. ¿Fin de la historia? Todavía no. Un diagrama, debidamente acreditado por el autor en un documento anexo, permitía reproducir la misma imagen en cualquier otra pared que se pusiera a tiro.






