Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Dos escritores simbióticos

El motel del voyeur (The Voyeur’s Motel, 2016), de Gay Talese (Ocean City, Nueva Jersey, 1932) cuenta la historia de un hostelero que, a través de unas aparentes rejillas de ventilación abiertas en el techo de las habitaciones, se dedica a observar a los huéspedes de su establecimiento. El hotelero mirón, casado y con dos hijos, se llama Gerald Foos y, cuando el periodista Talese se encontró con él por primera y penúltima vez el 23 de enero de 1980, tenía unos cuarenta y cinco años, pinta de viajero en clase preferente y, siempre según el periodista e investigador, la «expresión invariablemente amistosa digna de un posadero» (la traducción del inglés plano, económico y preciso de Talese, muy buena, es de Damià Alou).

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Viaje sentimental y novela al azar

Seguramente Charles Nodier (1780-1844) no es hoy un escritor muy conocido entre nosotros; en realidad, son pocos los títulos suyos en ediciones vivas que podamos leer en español. Pero Nodier (narrador, poeta, investigador, periodista, erudito…) fue una figura destacada en los comienzos del movimiento romántico francés, y en torno suyo, en la Biblioteca del Arsenal (que él mismo dirigía desde 1824), se formó el primer cenáculo romántico, pues en el salón del bibliotecario se reunían en esos años jóvenes artistas y poetas: Hugo, Sainte-Beuve, Balzac, Vigny, Nerval, Delacroix, Gautier, Dumas… También es cierto que Charles Nodier (escritor prolífico, de muy variados intereses: historia, entomología, lexicografía, esoterismo…) no llegó a crear una obra por la que pudiera hoy ser recordado entre los nombres mayores. Y ya sus contemporáneos, aun reconociendo su magisterio, señalaban también esa dispersión, como si en él –decía, por ejemplo, Lamartine– los fragmentos fueran admirables, pero no llegaran a formar un todo completo; de modo que el anfitrión del Arsenal siempre estuvo en segundo plano, por más que –así lo anota Balzac– hubiera merecido otro lugar.

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¿Un oso herbívoro?

«Alemania es fuerte como un oso; pero es herbívoro, y sus vecinos lo saben». La frase se atribuye al ministro de Asuntos Exteriores alemán durante la etapa de gobierno rojiverde (alianza de socialdemócratas y ecologistas) entre 1998 y 2005, Joschka Fischer. Describía bien lo que en aquel momento era la paradoja del poder alemán: la economía más fuerte de la Unión Europea, el motor económico de la misma, un actor fundamental en la formulación de la política común europea, pero un actor reticente a asumir un papel proactivo en política exterior, en buena parte por el temor a los fantasmas del pasado reciente. Un excesivo poder alemán causaba recelo en sus vecinos. Y razones históricas no faltaban para ello.

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