Acotaciones a la figura del intelectual público en su fase digital (I)
Fue el 10 de noviembre de 1979. En los estudios de Televisión Española, José Luis Balbín organizó la tertulia de su legendario programa La clave en torno a la cuestión del marxismo, por entonces aún candente. Reunió a Roger Garaudy, pensador expulsado del Partido Comunista Francés, al líder socialista catalán Raimon Obiols, y a Enrique Tierno Galván en su condición de profesor universitario. Pero, sobre todo, puso frente a frente a las dos personas que protagonizaron aquella velada madrileña: Santiago Carrillo, líder del Partido Comunista de España y destacada figura del comunismo orgánico europeo, y el joven Bernard-Henri Lévy, fundador de los «nuevos filósofos franceses» junto a Alain Finkielkraut y el ya desaparecido André Glucksmann. Durante todo el programa, BHL, como ha llegado a conocérselo, dominó la conversación con un estilo agresivo y desenfadado, que combinaba la gravedad del fondo con la irreverencia en las formas: su ataque sin concesiones al marxismo como forma coercitiva de organización de la vida social logró arrinconar al flemático Carrillo.






