Gerónimo
Casi todos los niños de mi generación, han gritado en infinidad de ocasiones: «¡Gerónimo!» Sólo sabíamos que era un apache rebelde y que invocar su nombre nos infundía valor. Gritar «¡Gerónimo!» era algo así como decir: «¡Nunca nos rendiremos! ¡Moriremos luchando!» Por supuesto, esas exclamaciones carecían de dramatismo, pues surgían en lugares tan inofensivos como un parque infantil o las afueras de un tranquilo pueblo de la España de los setenta. Al cabo de los años, los más nostálgicos hemos seguido la pista de Gerónimo, intentando averiguar quién era en realidad.






