La teoría o la vida (y II)
Teorizar en exceso como reproche: como el cariñoso reproche que una hija, actualización de la muchacha tracia de la anécdota platónica, dirige a su padre, el filósofo que –como Tales de Mileto antes de caer al pozo– se distrae mirando el cielo de las abstracciones en descuido de las realidades terrenales. De ahí arrancábamos la semana pasada esta breve reflexión, a todas luces insuficiente, sobre el bíos theoretikós, la criatura teorizante que se separa del mundo sin poder despegarse del todo de él.






