Tomates sin genes… músicas transgénicas
Si nos fiamos de los datos del Eurobarómetro, bastante más de la mitad de los europeos están convencidos de que los tomates tradicionales no tienen genes y de que los tomates transgénicos sí los tienen. La realidad es que si comemos una ensalada de tomates convencionales estamos comiendo unos treinta mil genes del genoma del tomate, más varias decenas de miles de los de las numerosas especies microbianas que viven felizmente en el fruto sin dañarlo y sin dañarnos, o dañándonos, cuando se trata de ciertas cepas de las bacterias Escherichia coli o de Salmonella. Esta supina ignorancia contrasta con las ya manidas y a menudo poco acertadas metáforas genéticas que han invadido nuestro lenguaje cotidiano hasta convertirse en una verdadera plaga.







