Ernst Jünger, un corazón aventurero
Ernst Jünger (Heidelberg, 1895-Wilflingen, 1998) nunca ocultó el desprecio que le inspiraba la burguesía. La vida de un soldado en el campo de batalla le parecía mucho más atractiva que la integración en una sociedad reacia al riesgo y la incertidumbre. Su experiencia en la Gran Guerra se reflejó en Tempestades de acero (1920), un bellísimo libro sobre la rutina de las trincheras que despertó la admiración de una sensibilidad tan alejada del heroísmo bélico como la de André Gide. Jünger no disimulaba la «alegría salvaje» que le producía la visión del enemigo abatido, evocando la perspectiva del Nietzsche de Humano, demasiado humano, donde se identificaba la violencia del soldado con la inocencia del estudiante que escarnece las convenciones morales.







