Cataluña (I)
Sobre lo que no se puede hablar, reza un conocido mandato filosófico, es mejor callar. Pero también puede suceder que el silencio sea la única prescripción posible cuando ya se ha dicho todo –o casi todo– sobre algún asunto: por ejemplo, el nacionalismo catalán. Incluso aquí nos hemos ocupado ya de un problema que alcanza este mes de septiembre una intensidad desconocida desde la «cordial proclamación» del Estado de Cataluña después de las elecciones municipales que trajeron a España la Segunda República en 1931.






