
Tarzán como almuédano
En octubre de 1912, hará pronto cien años, un vendedor de sacapuntas con frustrada vocación militar y escasos ingresos consiguió vender un par de novelas a The All Story, una de las más importantes revistas pulp que proliferaban en Estados Unidos y en la que se publicaban semanalmente todo tipo de narraciones y relatos dirigidos al público más amplio. No es que su autor, Edgar Rice Burroughs (1875-1950), fuera precisamente un letraherido, pero lo cierto es que era aficionado a la lectura de las pulp –solía vérsele con una enrollada en el bolsillo de su sobretodo– y se sentía capaz de escribir una historia tan buena como cualquiera de las que le gustaban, lo que podía suponerle una fuente de ingresos suplementarios.






