ARTÍCULO

Trayectoria de una editorial

Círculo de Lectores/Galaxia Gutemberg, Barcelona, 1996
270 págs.
 

Gonzalo Santonja, Premio Nacional de Ensayo 1995, lleva años historiando la producción editorial de las décadas 1920-1940. De ese quehacer han ido surgiendo obras suyas, todas ellas de obligada referencia: Los novelistas socialesespañoles (1977), Del lápiz rojo allápiz libre (1986), La república delos libros (1989), La novela revolucionaria de quiosco (1993) o las biografías de autores y editores: Unpoeta español en Cuba: Manuel Altolaguirre, publicada, al igual que este estudio sobre Bergamín, en el Círculo de Lectores.

Se observa en esta incompleta nómina de los estudios de Santonja que la evolución de la producción editorial corre parejas –no podía ser de otro modo– con los más descollantes cambios de la historia de España. Sus dos últimos libros, el dedicado a Altolaguirre y éste sobre Bergamín, nos acercan a un proceso histórico y socioliterario que, iniciado en los años veinte, abocó al exilio. O lo que es lo mismo, Santonja ha ido historiando una trayectoria, de marcada raigambre republicana y revolucionaria (desde el punto de vista de las técnicas de producción y de su alcance ideológico), que empezó a irse plasmando en la década de los veinte, alcanzó la sazón de lo maduro en los años treinta y luego, a la altura de 1939, empezó otra andadura en las tierras americanas, en la otra orilla, donde encontraron refugio varios miles de desterrados de aquella España que hoy eufemísticamente se suele llamar el anterior régimen.

El proyecto editorial que Séneca desarrolló en México, en la inmediata posguerra, respondía a la voluntad del gobierno de Negrín de mantener unido y en activo al grueso de investigadores y escritores que había tenido que abandonar el país. De modo que, cuando se produjese la reintegración a España –se albergaba la esperanza de que la vuelta habría de postergarse poco tiempo–, fuera posible proseguir, sin apenas interrupciones, el trabajo intelectual. Esto explica que la editorial Séneca, a través de sus cuatro colecciones: «Laberinto», «Estela», «Árbol» y «Lucero», editara cerca de un centenar de obras de autores en su mayoría españoles. Ese empeño animó asimismo a la revista España Peregrina, dirigida como Séneca por Bergamín e igualmente publicada con los mismos fondos, por cierto cada vez más escasos, del Comité Técnico del SERE, organismo de ayuda a los refugiados republicanos que había creado el gobierno Negrín al término de la guerra. A medida que, después de terminada en 1945 la segunda guerra mundial, se fue haciendo patente la amarga realidad de que la derrota de Hitler y de Mussolini no iba a traer consigo la caída de Franco, se perdió la ilusoria certeza de que el exilio supondría simplemente un breve paréntesis. Así las cosas y con los fondos económicos del SERE ya agotados, hubo que prepararse para una larga espera y, como fueron reconociendo los más lúcidos, hubo que empezar a hacer compatible la preocupación por España con la integración en los países que les habían dado acogida. La editorial Séneca, lo mismo le ocurrió a España Peregrina, la revista más emblemática del exilio, tenían que transformarse o desaparecer. Ya no había vuelta atrás. EspañaPeregrina se transformó en Cuadernos Americanos; La Casa de España en El Colegio de México. Romance, para recordar otro ejemplo igualmente significativo, se fue diluyendo en las revistas mexicanas Taller, Letras de México, El HijoPródigo..., que entroncaban con otras grandes revistas de los años de la guerra: Hora de España y ElMono Azul. Por otra parte, en la editorial Séneca se puede rastrear el empuje intelectual que permitió tanto en México como en Argentina y Chile –por recordar los casos más sobresalientes–, la creación de la industria del libro, hasta entonces en mantillas en esos países. Las huellas de aquella España estaban, aunque no siempre interesara poner en ello demasiado énfasis, bien presentes.

Gonzalo Santonja, que ha tenido acceso, gracias a su celo investigador, a una documentación inédita sobre el funcionamiento y la administración de la editorial Séneca, recompone en este libro la historia de esa editorial, que se lee como una novela, consiguiendo hacer de esta manera interesante y accesible la información erudita, que nunca resulta árida ni pesada. Y es que, en definitiva, la historia de la editorial Séneca, sus orígenes y las aventuras y desventuras de la publicación de algunos libros –tal es el caso de Poeta en Nueva York, de la antología Laurel o de El pasajero, una revista escrita enteramente por Bergamín– tienen mucho en común con las historias de intriga y pasión. Dos palabras, estas últimas, que definen por igual a Bergamín y a la editorial Séneca.

01/08/1997

 
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