ARTÍCULO

Ascenso y caída de Rodrigo Calderón

 

José Ruiz Martínez, «Azorín», calificaba a Rodrigo Calderón (¿1576?-1621), en su obra El político (1908), como «una de las figuras más interesantes de nuestra historia». Azorín, quien dedicó más secciones de su libro a Calderón que a ningún otro personaje, veía a su sujeto en tonos positivos, como modelo de algunas de las virtudes que todo político debería tener si deseaba alcanzar poder, autoridad y capacidad de influir en la sociedad. Para Azorín, las grandes cualidades de Calderón se mostrarían especialmente después de su detención en 1618, durante su juicio y residencia, y, sobre todo, en el día de su ejecución en la Plaza Mayor de Madrid. Después de comentar las opiniones de los contemporáneos de Calderón sobre su muerte, Azorín concluía con estas palabras: «Tenga el político este espíritu y fervor que tuvo don Rodrigo, este sosiego, esta inalterabilidad maravillosa y profunda». Las opiniones de Azorín sobre Calderón llaman la atención, porque él es uno de los pocos autores que en los últimos siglos tuvieron algo positivo que decir sobre este malhadado protagonista de la historia moderna de España. Don Rodrigo Calderón es, de hecho, uno de los personajes mas vilipendiados, y quizá también uno de los peores comprendidos, de nuestra historia. Azorín tenía, sin embargo, razón al indicar que Calderón es una de las figuras más interesantes de la historia de España. Y lo es por muchas razones: por el poder y las riquezas que alcanzó a pesar de sus relativamente humildes orígenes; porque su trayectoria nos dice mucho sobre las características políticas del período en que vivió; por lo dramático de su caída y su muerte en octubre de 1621, y, sobre todo, porque atrajo la atención, en muchos casos morbosa, de generaciones de españoles desde el siglo XVII hasta nuestros días.
Rodrigo Calderón nació en Amberes, probablemente en 1576. Sus padres fueron Francisco de Calderón y Aranda, y María de Aranda y Sandelijn, primos hermanos. Los dos eran parte del linaje de los Aranda, una familia de mercaderes de Valladolid a la que muchos acusaban de ser de ascendencia judía. Sabemos muy poco de sus primeros años, pero sí que en 1595 iba a dar el paso más importante para su carrera y también para entender su biografía: entrar a servir de paje en la casa del entonces marqués de Denia, mejor conocido por su título de duque de Lerma, Francisco Gómez de Sandoval, quien en 1598 se convirtió en favorito y primer ministro del nuevo monarca Felipe III. Para Calderón, el ascenso de su señor tuvo como consecuencia la adquisición de riquezas, una buena boda, promociones, títulos y más títulos (para él y sus familiares) y, sobre todo, gran influencia política por su posición como favorito del favorito. A partir fundamentalmente de 1603, Calderón se convirtió en uno de los hombres más poderosos del momento, y con ello en uno de los más odiados y atacados. Podrían llenarse muchos gruesos volúmenes con los poemas satíricos, los panfletos, las falsas noticias y acusaciones que, ya desde el comienzo de su carrera, persiguieron a Calderón. El común denominador de todas estas críticas es que Calderón era no sólo corrupto, sino que representaba la verdadera esencia de la corrupción, y sus éxitos demostrarían que todo el régimen, con Lerma a la cabeza, también lo era. Sus crímenes explicarían, de acuerdo con sus detractores, el hecho de que Felipe III ordenase su detención en 1618, y que en 1621 sus jueces recomendasen a Felipe IV su ejecución por diversos crímenes –desde el asesinato de algunos de sus enemigos hasta malversación de fondos y abuso de poder–, una recomendación que el monarca aceptó de inmediato. El 21 de octubre de 1621 Calderón fue conducido desde su prisión a la Plaza Mayor de Madrid, donde sería degollado. El gacetillero de la época, Andrés de Almansa y Mendoza, aseguraba que este día «fue el más famoso que ha mirado este siglo», porque se volvía a mostrar el desengaño de la fortuna en un personaje que «desde el punto indivisible de su principio humilde, corrió el cielo de la mayor privanza y de la mayor riqueza, y al fin vino a parar en su principio, quebrando tanta soberbia con las mayores humildades y desprecios».
La circunstancia de que su vida y carrera estuviesen teñidas desde el principio por estas acusaciones de ser un personaje corrupto y por su humillante final explicaría que los historiadores modernos no hayan abordado un estudio serio y exhaustivo de su figura. La publicación del libro aquí reseñado es un importante paso para cubrir muchas de las lagunas que rodean a don Rodrigo. Es Martínez Hernández un gran conocedor del período,y de algunas de las personalidades fundamentales para entenderlo. Autor de un estudio sobre el marqués de Velada (El marqués de Velada y la corte en los reinados de Felipe II y Felipe III: nobleza cortesana y cultura política en la España del Siglo de Oro), está ahora preparando otro de un personaje clave de la historia de España entre 1580 y 1613, y del que tampoco contamos con una moderna biografía: el portugués Cristóbal de Moura, marqués de Castelrodrigo, favorito de Felipe II y virrey de Portugal en varias ocasiones desde 1602 hasta 1612. El estudio de Martínez Hernández sobre Calderón es fundamentalmente una biografía política del favorito, y del contexto político más general durante el reinado de Felipe III. El autor estudia la historia de la familia de Calderón y sus primeros años en la Península, aportando importante nueva información y cuestionando con evidencias documentales muchos de los malentendidos y falsedades que los enemigos de Calderón habían propagado. El capítulo 2 analiza la que es la etapa más trascendental en la historia de Calderón: su conversión en favorito de Lerma, su influencia política, la acumulación de riquezas y de enemigos, incluida la reina Margarita de Austria. El capítulo tercero estudia el largo período de caída de Calderón, de 1612 a 1618, para acabar con una narración de su prisión, juicio y muerte. Rodrigo Calderón. La sombra del valido es especialmente original cuando el autor se dedica a descifrar los elementos particulares de las experiencias políticas y personales de Calderón. Las páginas sobre las circunstancias políticas del reinado son en general una reexposición de lo que otros autores han ido desgranando en los últimos años. Sin embargo, las páginas dedicadas a la detención, proceso y ejecución de Calderón son originales y muy interesantes. En este capítulo, el cuarto, el relato se vuelve más ágil, más dramático, más atento al detalle personal. Pocos hasta ahora habían estudiado con tanta seriedad y tan en profundidad los muchos legajos que resultaron del proceso, y todavía menos han puesto en paralelo lo que los jueces iban descubriendo sobre las actividades de Calderón con las numerosas referencias sobre el proceso y el procesado en cartas, panfletos, poemas satíricos o alabanzas que amigos y enemigos produjeron en los meses que precedieron y siguieron a su muerte.
Lo que los historiadores de la Edad Moderna no han sabido nunca apreciar es que, en su momento, el debate sobre la vida y la influencia política de Calderón, o sobre la licitud de su ajusticiamiento, no fue únicamente sobre política, y ciertamente no sólo sobre corrupción. Si leemos con atención las fuentes de la época, no sólo aquellas que atacaban a Calderón, sino también aquellas que vieron a Calderón como el personaje que mejor representaba los profundos cambios que estaban produciéndose en la cultura política cortesana, entenderemos por qué Azorín declaró que Calderón era uno de los personajes más interesantes de la historia de España. Martínez Hernández ha intentado precisamente hacer esto: analizar los comentarios y fuentes producidas por diversos sectores políticos, y con ello ha desentrañado algunas de las claves para entender al personaje y al período. Queda ahora saber utilizarlas para entender el significado e impacto de los profundos cambios que se produjeron en la cultura y las iniciativas políticas durante el reinado de Felipe III.

01/11/2010

 
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