ARTÍCULO

Actualidad de Gerardo Diego

Alfaguara, Madrid, 1996
Ed. Francisco Javier Díez de Revenga
3 vols: 1.036 págs., 1.062 págs. y 998 págs. respectivamente
 

El mejor homenaje que puede tributarse a un escritor es, sin duda, la difusión y lectura de su obra. En consecuencia 1996, el año del centenario de Gerardo Diego, ha dado como resultado la aparición de antologías, reediciones y recopilaciones de textos, algunos, hasta el momento, inéditos o dispersos en publicaciones periódicas. Por ejemplo, la editorial Pre-Textos daba a conocer la correspondencia mantenida por Gerardo Diego con Pedro Salinas y Jorge Guillén, entre los años 1920 y 1983, y ha reunido, en otro volumen, sus poemas sobre el toreo y más de cincuenta escritos en prosa que sobre temas taurinos publicó el autor en la prensa.

En este mismo sentido, el de poner al alcance del lector la obra de uno de los más destacados poetas españoles de nuestro siglo, hay que valorar la loable tarea emprendida por Alfaguara, encaminada a la publicación de sus Obras completas. Por ahora, han aparecido tres tomos, en los que se contiene toda la creación poética, y se anuncia la edición, en volúmenes sucesivos, de la también extensísima producción en prosa. Gerardo Diego se dedicó a la prepración de su Poesía completa al menos desde 1980, como se deduce de una carta remitida a Jorge Guillén. Fue un trabajo minucioso, debido a las dificultades de ordenar una obra tan extensa y variada como la suya, compuesta por casi cuarenta libros que, muchas veces, van creciendo en sucesivas ediciones, contienen textos de diferentes épocas o aparecieron bastante tiempo después de ser escritos.

La labor estaba terminada en 1985, dos años antes de la muerte del escritor, quien incluyó en la Poesía completa la sección «Hojas», en la que reunió más de trescientos poemas no recogidos en libro, pertenecientes a todas las épocas de su vida de poeta. Sin embargo, la publicación no se llevó a cabo hasta 1989, en la editorial Aguilar. Francisco Díez de Revenga, especialista en la obra de Gerardo Diego, estuvo a cargo de la tarea de editor; a él se deben un ajustado y esclarecedor prólogo, la cronología y la bibliografía. Esta edición, agotada hace tiempo, es la que, con acierto y esmero, reproduce la editorial Alfaguara. El prólogo y la cronología de Díez de Revenga continúan siendo igualmente oportunos, pero hay que echar de menos la puesta al día de la bibliografía, que sigue deteniéndose en 1989, sin tener en cuenta aportaciones posteriores, como el estudio de J. Bernardo Pérez, Fases creacionistas de la poesía de Gerardo Diego (1989), o dos libros en que se recogen interesantes trabajos de diversos críticos: Gerardo Diego (1989) y Gerardo Diego y la poesía creacionista (1993).

La lectura de los textos ahora reeditados nos pone en contacto con un mundo poético quizá menos coherente y unitario que el de otros autores del 27. La diversidad de tonos, estilos, temas y enfoques es un rasgo obvio que ha sido destacado por todos los estudiosos de la obra de Gerardo Diego. No hay en ella etapas delimitadas con claridad. Desde un principio, como el propio autor comentó, Diego se sintió atraído, simultánea o alternativamente, por el clasicismo y los más audaces experimentos formales, lo popular y la tradición clásica.

Pocos poemas vanguardistas españoles alcanzan la riqueza imaginativa y la fuerza poética de los contenidos en los libros creacionistas Imagen o Manual de espumas, y pocas composiciones han logrado la admirable y perfecta amalgama de clasicismo formal y experimentación vanguardista que ofrece el espléndido poema Fábula de Equis y Zeda, un texto que bastaría para justificar a un poeta. Si la poesía que él denominó absoluta, prolongada en libros como Biografía incompleta, sitúa a Gerardo Diego en un lugar preeminente y singular dentro de la vanguardia española, su poesía relativa, con la que no pretende crear una nueva realidad sino dar expresión personal a la existente, pone también de relieve su facilidad para la versificación, la exquisitez formal y musical de sus poemas y la contención emotiva con que aborda, desde estructuras clásicas, como el soneto, utilizado en uno de sus más logrados libros, Alondra de verdad, o desde formas procedentes de la lírica popular, asuntos tan diversos como el amor, la religiosidad, la visión del paisaje, la amistad, la música o el toreo.

Ningún camino poético dejó de ser transitado por este autor que, en su constante dinamismo creador, asumió el riesgo en su escritura, sin miedo a la experimentación, a la coexistencia de temas y estilos o a abordar temas circunstanciales. Su obra conjunta adquiere la forma de un rico y variado retablo, de un «armonioso edificio», en el que la palabra «exhibe ardiente y pudorosa vela / piel de emoción y hueso de artificio». Como señaló Francisco Brines, «Gerardo va siempre a la poesía, como creador y como crítico, dejándose sorprender por ella, con sensibilidad y fe adolescentes, y tal vez no sea otra la disposición que exija de nosotros la lectura de su extensa obra».

01/02/1997

 
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