ARTÍCULO

La historia de la estadística

Editorial Melusina, Barcelona
Trad. de Mónica Silvia Nasi
416 pp. 25 €
 

Nos encontramos ante un clásico de la historia de la estadística que fue publicado en francés en 1993 y traducido al inglés en 1998. Llega ahora a los lectores españoles un texto que invita a mirar las estadísticas desde una perspectiva original que combina el análisis histórico con el sociológico. Desrosières, estadístico en el INSEE (Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos francés) desde 1965, nos muestra una visión crítica desde el interior de esta área del conocimiento científico. Para su análisis se apoya en dos categorías de estudios históricos: los que se refieren a las instituciones y los sistemas estadísticos, y los que dan cuenta de las herramientas matemáticas y el cálculo de probabilidades. El relato histórico se remonta al origen de la disciplina a mediados del siglo XVII y se extiende hasta los años cuarenta del siglo XX , momento a partir del cual los instrumentos matemáticos y las estadísticas son similares a los actuales.
Aunque la metodología sociológica empleada por Desrosières tiene su origen en las enseñanzas de Bourdieu, en el sentido de llamar la atención sobre las condiciones de producción del conocimiento científico, va más allá de las consideraciones sobre las perspectivas y las prácticas de los profesionales de la estadística y desciende al contenido mismo del conocimiento científico. Esta metodología se sitúa cerca del programa fuerte de la sociología de la ciencia y más en concreto, de los autores franceses M. Callon y B. Latour, de los que toma la perspectiva analítica que incide en el estudio de las controversias originadas en el contexto de la producción científica, compartiendo la convicción de que estas controversias constituyen situaciones privilegiadas para la observación del trabajo de los científicos.
La estadística comenzó como un instrumento administrativo que trataba de reunir toda la información que fuera relevante para el Estado, pero en cada país se produjo una estadística diferente. El análisis de Desrosières se extiende a Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. La diversidad de las construcciones estadísticas responde a los contextos en que se producen, y permite establecer que no hay una sola realidad objetiva, sino que las diferentes descripciones de la realidad social están históricamente situadas. La necesidad de información estadística produjo soluciones tan diferentes entre sí como la Statistik alemana no cuantitativa, que describía la diversidad del imperio en forma de texto sobre tablas de doble entrada, y la «aritmética política» inglesa, apoyada sobre todo en cálculos matemáticos abstractos.
Por otra parte, la incorporación de los instrumentos matemáticos no es inmediata, sino producto de un largo proceso. Para comprender el papel de esos útiles matemáticos el autor se remonta al origen del cálculo de probabilidades, uno de los pilares de la estadística moderna. Durante su dilatada historia, el concepto de probabilidad ha sido objeto de profundas controversias. El debate entre la probabilidad concebida como frecuencia relativa, basada en los datos observados, y la probabilidad como creencia subjetiva, que denota estados mentales, no se resuelve hasta la síntesis de ambas tendencias en los trabajos de Gauss y Laplace. La aplicación de los modelos matemáticos concebidos para las mediciones astronómicas al campo de lo social, de la mano de Quetelet, inaugura una nueva forma de hablar de la sociedad: los agregados sociales. Las regularidades observadas en los agregados sociales venían a poner orden en el caos de las manifestaciones individuales, siempre contingentes. Pero el hombre medio de Quetelet –un hombre teórico que posee las características medias de toda una población– es objeto de intensos debates entre posiciones realistas y nominalistas acerca de los objetos estadísticos. Estas generalizaciones son uno de los puntos estratégicos donde Desrosières trata de reconstruir los pasos seguidos en la formación de la razón estadística, ya que la creación de los agregados sociales y su consolidación como parte de la realidad social tendrán una gran trascendencia en todos los campos.
Abrir de nuevo todo el proceso de discusión que dio origen a las formaciones de objetos estadísticos tan familiares hoy como los sondeos de opinión nos permite comprender mejor su alcance y trascendencia actuales. La necesidad de reunir datos sobre una población a partir de una muestra se enfrentó al ideal del recuento exhaustivo de los censos y abrió el camino a diferentes significados de la idea de representatividad. Desde el último tercio del siglo XIX se realizaban estudios parciales de las poblaciones a partir de pequeñas muestras, pero, ¿cómo se entendía ese concepto de representatividad en los diferentes lugares y momentos históricos? Los estudios parciales de monografías centradas en casos típicos fueron dejando paso a los sondeos basados en una muestra que representara a toda la población, seleccionada al principio según el juicio del investigador, más adelante de forma sistemática y finalmente aleatoria. La posibilidad de obtener información acerca de la totalidad a partir de una pequeña parte condensa toda una serie de factores sociales, administrativos, matemáticos, económicos e ideológicos. En la historia del empleo de las muestras se ponen de manifiesto diferentes concepciones de la equidad en la representación y se producen largos debates teóricos sobre la validez científica y la fiabilidad de los datos así obtenidos, pero también encontramos consideraciones sobre el ahorro que supone realizar estudios parciales de bajo coste.
Si al principio la estadística fue tan solo un producto de la actividad administrativa, en el siglo XIX surge una nueva perspectiva, la estadística moral, fruto de las preocupaciones sociales en una época de grandes transformaciones y revoluciones sociales. Ambas tendencias –la administrativa y la sociológica– se condensan en la obra de Quetelet y su búsqueda de las leyes que rigen la sociedad. La unificación de ambas perspectivas estadísticas será el origen, posteriormente, tanto de las estadísticas que utilizarán las categorías de los registros administrativos como de estadísticas basadas en categorías subyacentes puestas en evidencia por las regularidades observadas en el tratamiento matemático de los datos.
La utilización de las estadísticas en el terreno económico ilustra especialmente la diversidad de corrientes teóricas, muchas veces contradictorias, que convergen en la economía matemática y luego en la econometría. El recurso simultáneo a la matematización, la cuantificación y el cálculo de probabilidades no resulta evidente por sí mismo. El enfrentamiento entre el pensamiento hipotético-deductivo de la economía teórica y el descriptivo-inductivo de la economía histórica se resuelve en una síntesis que abandona el campo de la filosofía política y las disciplinas literarias para entrar en el terreno de las matemáticas. Al mismo tiempo que la economía matemática del siglo XIX pretendía reducir la complejidad del universo económico a un número limitado de leyes que permitiera deducir un modelo lógico y coherente, las instancias económicas, las administrativas y los registros, seguían produciendo todo tipo de datos y de agregados estadísticos. El recelo de los estadísticos descriptivos hacia los modelos controlados por un número limitado de variables, era comparable al que manifestaban los economistas matemáticos hacia las estadísticas administrativas que reunían datos sobre hechos complejos ajenos a sus modelos.
El trabajo desarrollado por Desrosières con la reapertura de los viejos debates acerca de las estadísticas nos invita a desmitificarlas y adquirir una visión más profunda de esos objetos sociales que, precisamente por ser cotidianos, nos pasan inadvertidos. El análisis histórico de la razón estadística nos ayuda a comprender de manera crítica el alcance de las transformaciones en la forma de representar la sociedad. La política delos grandes números se convierte así en un texto esencial, no sólo para los políticos, los economistas o los sociólogos, sino para todos los ciudadanos, inmersos en un mundo de cifras e indicadores.

01/05/2005

 
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