ARTÍCULO

Los rumbos universitarios

 

Hablar de la degradación progresiva de la Universidad, como institución social y como centro superior de la cultura y la investigación en todos los ámbitos de la teoría y la ciencia, significa, a primera vista, hurgar en un tema bastante tópico e insistir en una reflexión de espinosas y muy insatisfactorias respuestas. Como es sabido, la proliferación incesante de centros universitarios, por un lado, y la práctica fragmentación y la progresiva especialización técnica de estudios de nivel universitario, por otro, han cuestionado y cuarteado de manera radical cualquier perspectiva unitaria de las ciencias y saberes, además de haber arruinado la secular y prestigiosa función cultural que animaba el proyecto universitario desde sus lejanos orígenes medievales. Sobre la degradación de los estudios universitarios se ha escrito mucho, y parece tratarse de un fenómeno irremediable. Se ha enfocado desde perspectivas muy diversas. Por poner un ejemplo, podría recordarse el ya añejo libro de Allan Bloom, The Closing of American Mind, de 1987, que en España se tradujo pronto con el título de El cierre de la mente moderna (Plaza & Janés, 1989) y se presentó con un buen prólogo del sociólogo Salvador Giner. Es curioso advertir que en la versión española desaparecía el adjetivo American (ya que el libro trata de la crisis de la Universidad americana, es decir, de la estadounidense) y se sustituía por «la mente moderna». Lo que no deja de tener una cierta justificación, y no sólo de cara a la mejor difusión del libro. Todo lo norteamericano acaba por refluir aquí –como si fuera la vanguardia de la modernidad– y suele encontrar en Europa imitaciones apresuradas. El análisis pesimista del profesor Allan Bloom (fallecido hace unos meses) tuvo una sorprendente resonancia porque suscitó una tremenda polémica, un tanto a contrapelo: fue acusado de conservador y elitista y recibió duros ataques contestatarios de los sectores progresistas. Aun así, sigue siendo una profunda reflexión sobre la función cultural de la Universidad y su actual degeneración.
Pero no es de esto de lo que quería escribir aquí, ni es esa la perspectiva del libro reseñado, que versa sobre otros aspectos más recientes, más concretos y próximos de la crisis que afecta a los proyectos y planes universitarios de ámbito español, en el actual horizonte europeo (aunque temo que esta crisis no está del todo desvinculada de la otra, la que afecta a la Universidad como centro humanístico). Estas líneas aspiran tan solo a comentar esa «caída y decadencia de la Universidad europea», como reza el subtítulo del libro de José Carlos Bermejo. Un libro que, digámoslo de antemano, me parece oportuno y muy original dentro de nuestras fronteras y círculos intelectuales, tanto por su agudo tono satírico como por su perspectiva crítica. Está formado por siete ensayos que, con sarcástico humor, parodian y desmontan la retórica de los nuevos enfoques y directrices que, a la sombra de los planes importados con la etiqueta europeísta de «made in Bolonia», se nos proponen ahora como pautas para evitar la dispersión y garantizar rigor y coherencia en la Unión Europea.
A nadie se le escapa que, tras la noble preocupación por la función cul­tural de la Universidad en la sociedad actual, lo que se expresa es, ante todo, una inquietud mucho más apremiante: reducir y atajar la evidente carga económica que supone para los Estados europeos la proliferación de tantos y variopintos centros universitarios, un dispendio que parece muy difícil de justificar ante la escasa eficacia y dudosa rentabilidad inmediata de muchos de ellos, y cuando el aura de calidad docta que tenían los estudios con marchamo universitario es objeto de fundadas sospechas. No se trata, pues, de reflexionar sobre la degradación del nivel cultural de la Universidad –tal era el tema central en el controvertido libro de Allan Bloom–, sino de ver cómo la Administración de cada país puede acotar y recortar, sin mala conciencia y con una política más racional, tantos gastos y desembolsos superfluos (se piensa, sobre todo, en aquellos estudios teóricos muy minoritarios y de escasa repercusión social o los de ninguna rentabilidad comercial o tecnológica, así como en los centros universitarios creados por motivos políticos y no por necesidades culturales o científicas).
A propósito de las directrices europeas ha surgido toda una serie de astucias y camuflajes. A esos manejos y retóricas responden las nuevas consignas. Aprovecharé unas líneas de la contraportada de este libro para apuntar su perspectiva crítica: «Las universidades del mundo occidental parecen haberse instalado desde hace unos veinte años en el nido de una contradicción perpetua, puesto que ni son capaces de negar el valor de sus funciones básicas de creación y transmisión del conocimiento, en aras del discurso de la rentabilidad tecnológica y empresarial, ni de asumir sin tapujos ese mismo discurso, que firmaría su acta de defunción. Por esta razón, los profesores universitarios, y sobre todo las autoridades políticas y académicas, han comenzado a hablar un lenguaje contradictorio hasta el cinismo que trae consigo no sólo la perversión de los valores sobre los que las universidades deberían asentarse, sino también la proliferación desmedida de órganos y pseudoinstituciones académicas que parecen bailar al son de un discurso delirante».
Como apuntan estas líneas, no se trata de denunciar la perspectiva económica que está en la base de esas propuestas reformistas (cuyas sólidas razones económicas no se discuten), sino de poner en evidencia, mediante un análisis irónico y una fina parodia, las perversiones del lenguaje en que se formulan y ensalzan esas sinuosas directrices. La deconstrucción de la retórica oficial es la intención básica de este ensayo, y por ello sus dos capítulos iniciales se titulan «De cómo en la Universidad se llegó a pervertir el lenguaje» y «Novum Glossarium Academicum, o cómo hablar correctamente en la Universidad».
El primer capítulo analiza la presentación de la Universidad como empresa y de sus miembros como empresarios. La deriva hacia esa perspectiva economicista cuenta a su favor con el precedente de ciertas reformas en las universidades de Estados Unidos, donde parece haber tenido cierto éxito. Pero no encuentra un paralelo claro en nuestro sistema universitario, donde la rentabilidad de la Universidad, a diferencia de lo que sucede con una empresa, no es un factor decisivo (al menos por ahora). Como señala Bermejo, mientras que en Norteamérica el enfoque empresarial ha llevado a notables recortes en muchos centros universitarios (muchos de ellos no estatales), aquí no ha ocurrido nada parecido hasta ahora. «Pasando de Estados Unidos a España hay hechos que llaman la atención, desde un punto de vista empresarial. En primer lugar, el tema del “adelgazamiento de la Universidad” no ha sido asumido por nadie. Da la impresión de que en la Universidad todos los profesores y los PAS (los administrativos) son absolutamente imprescindibles, empresarialmente hablando, lo que no parece creíble (aunque sí defendible desde puntos de vista políticos y sindicales)». En efecto, en los últimos años el número de alumnos universitarios ha disminuido notablemente, pero el de profesores y PAS ha aumentado, con curioso regocijo autonómico, podríamos añadir. No hay reducción de personal –de docentes y administrativos–, aunque sí de los potenciales clientes, es decir, los alumnos. Está claro que la lógica empresarial no se aplica, ni aquí ni en otros aspectos, a nuestras universidades. Y, por otra parte, tampoco los grupos de investigación son casi nunca de verdad rentables cuando se aplican estrictos criterios de empresa. Quizá podría añadirse que el propio Ministerio de Educación es consciente de ese de­sa­juste –escandaloso en muchos casos– entre la mengua de alumnos y el número creciente de profesores y funcionarios. Y promete (o, en opinión de algunos, amenaza) con reformar la situación algún año de éstos. Falta saber quién pondrá el cascabel al gato.
El segundo capítulo presenta un escueto glosario de términos de la jerga oficial en boga. Es de provechosa lectura. Valga como ejemplo la definición de «evaluar», un vocablo clave de la «neolengua» académica: «EVALUAR: Acción que consiste en fijar un conjunto de criterios tales que, aplicados al objeto o persona evaluables, consigue que los resultados obtenidos sean iguales a los resultados deseados».
El tercer capítulo trata de la «Doctrina universitaria del derecho y la virtud»; el cuarto de la «Cienciometría o nueva ciencia de la mecánica racional universitaria»; el siguiente de «Investigación y desarrollo en la nueva política científica»; el sexto lleva por título «Anxietas honorum et delirium administrativum: una pandemia académica...». Esos epígrafes sugieren los enfoques de la crítica. El último capítulo, con un especial tono irónico, se titula «La Universidad triste. Un cuento para adultos idiotas». Así como el prólogo del libro está escrito con sarcástico humor por Enrique Gavilán, bajo la ficción de resumen de una recién descubierta ópera wagneriana, este colofón parodia el relato de un ingenuo cuento infantil sobre la historia de la Universidad y su decadencia desde sus orígenes medievales hasta nuestros tiempos. Ese proceso histórico es bastante fatal, como se ve desde un principio: llevados por su vanidad, los maestros sabios eligen una y otra vez como sucesores a discípulos más tontos, hasta que en algún momento hay un maestro tan tonto que no se da cuenta de que elige a uno muy listo, y todo vuelve como en el eterno retorno. Esa trayectoria varía al paso de nuevas épocas históricas y soporta el ocaso de los teólogos y escolásticos y la renovación de rumbos y virajes. No añadiré más sobre este resumen, que es mordaz y divertido, y que evoca como un raudo tobogán cómico la peripecia secular de la sabia y selecta institución (el texto se acompaña con algunas ilustraciones). Con todo, si la referida «decadencia y caída» de la Universidad no resulta tan catastrófica como la del Imperio Romano, también tiene algunos bárbaros infiltrados y una retórica vacua que hace juego con el espeso aparato de su burocracia.
José Carlos Bermejo ha dedicado largos años a las tareas universitarias; es un reconocido catedrático en Historia Antigua e Historia de las Religiones; ha publicado numerosos y originales estudios sobre diversos temas de su especialidad y también, con perspectiva muy amplia, sobre la Historia y sus teo­rías, y es un buen conocedor del panorama universitario actual. Por eso mismo, esta incursión crítica, con toda su ácida ironía, constituye una perspicaz llamada de atención que no deberíamos desatender. Me parece un rasgo original haber elegido a tal efecto el género de la sátira (con este texto inaugura una serie editorial de textos satíricos breves). Su humor y sus guiños irónicos tienen, desde luego, brillantes precursores en escritores gallegos, y están al servicio de una mirada reflexiva y escéptica, y recubren –creo– cierto desengaño y alguna nostalgia. 

 

01/02/2008

 
ENVÍA UN COMENTARIO
Nombre *
Correo electrónico *
Su comentario *
 
 
 
 

Normas de uso
Los comentarios en esta página pueden estar moderados. En este caso no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. Evita las descalificaciones personales, los insultos y los comentarios que no tengan que ver con el tema que se trata. Los comentarios que incumplan estas normas básicas serán eliminados.

 
Deseo mostrar mi email públicamente
 
He leído y acepto la cláusula de privacidad.
 
 
 
Por favor, para evitar el spam necesitamos que resuelvas la siguiente operación matemática:
5 + 3  =  
ENVIAR
 
 
OTROS ENSAYOS DE CARLOS GARCÍA GUAL
RESEÑAS

 

BÚSQUEDA AVANZADA

Te animamos a bucear en el archivo de Revista de Libros. Puedes realizar tus búsquedas utilizando los siguientes criterios.

Todas las palabras
Cualquiera
Coincidencia
ENVIAR


Apúntate al boletín de Revista de Libros
ENSAYOS ANTERIORES
RDL en papel 187
RESEÑAS
 
  Apúntate a RdL
BLOGS
 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL