ARTÍCULO

La ciudad de Dios

Universitat de València/ Universidad de Granada/ Universidad de Zaragoza, Valencia-Granada-Zaragoza
582 pp. 38 €
 

Cualquier lector mínimamente familiarizado con la Edad Moderna habrá oído hablar de los plomos de Granada. Tal vez el más notorio «escándalo de erudición» de la historia española empezó en 1588 con la aparición, en la torre de la antigua mezquita mayor de la ciudad, de un pergamino y algunas reliquias, supuestamente huesos de San Esteban y un pañuelo que perteneció a la Virgen María. A continuación, en 1595, se abrió el segundo acto de la comedia, con el descubrimiento en un monte en las afueras de la ciudad de las tumbas de San Cecilio, el primer obispo de Granada, y de otros protomártires de la época de la misión del apóstol Santiago a España. En el mismo sitio fueron encontrados también varios sellos de plomo. Estos documentos metálicos contenían textos en árabe, latín y castellano cuya información acabó confirmando las profecías halladas en 1588. Enseguida, la zona –hoy conocida como el Sacromonte– fue convertida en centro de peregrinaciones masivas por parte de una población entusiasmada por la serie de extraordinarios mensajes divinos relacionados con la primitiva evan­gelización de Granada. El trabajo de interpretación de los textos fue supervisado por el recién nombrado arzobispo Pedro de Castro Vaca y Quiñones, el principal promotor de la autenticidad de los hallazgos. Otros –entre ellos la curia romana– observaron todo esto con más escepticismo. Después de décadas de tenaz resistencia por parte de las autoridades granadinas y la corte española, todo el material acabó siendo transferido a Roma. La certificación pontificia de la inautenticidad de los plomos puso un fin temporal a este extraño episodio en 1682, aunque el veredicto nunca silenció del todo a los numerosos incondicionales locales.
Un amplio reparto de actores se encargó de montar esta obra. Destacaron, en primer lugar, los autores de las dos tandas de falsificaciones. Aunque nunca fueron descubiertos, desde el principio recayeron las sospechas en dos moriscos: Alonso del Castillo y Miguel de Luna. Sus motivos son igual de misteriosos, aunque casi todos los especialistas coinciden en señalar su interés no sólo en formular una versión del catolicismo depurada de los elementos que más obstaculizaban su aceptación por los moriscos, sino también en presentar a estos últimos como dignos partícipes de una tradición religiosa cuyo reconocimiento aliviaría en gran parte el creciente rechazo de su presencia en la Península. Fueran quienes fueran, los autores acabaron siendo víctimas de su desbordante imaginación. Su afán por crear un pasado que sintetizara islam y catolicismo les impulsó a rees­cribir la historia de la Iglesia primi­tiva (¡con un nuevo evangelio incluido!) en clave árabe. Al mismo tiempo, cometieron errores de bulto, tanto en la primera serie de falsificaciones de la Torre Turpiana como en los plomos que intentaron corregirlos. Estos excesos y tropiezos no tardaron en despertar las dudas de estudiosos alejados del fervor local.
Estos observadores escépticos constituyen el segundo conjunto de actores en el escenario. Son bien conocidos los reparos que pusieron expertos reconocidos como Benito Arias Montano, aunque, dadas las circunstancias, es fácil de entender la cautela con que expresó sus dudas. Menos se sabe de otros personajes que tuvieron un papel central en el juicio informal que se montó en torno a los plomos. Una de las muchas aportaciones de este volumen auténticamente innovador es la exploración biográfica y textual de esta segunda fila de protagonistas. Entre ellas figuran el historiador Luis del Mármol; el historiador y obispo Juan Bautista Pérez; el humanista Pedro de Valencia, discípulo predilecto de Arias Montano; su amigo Francisco de Gurmendi, intérprete de árabe de Feli­pe III, y tal vez la figura más de­sa­for­tunada, el jesuita de origen morisco Ignacio de las Casas, cuya creciente oposición a las interpretaciones más extravagantes relacionadas con los plomos le granjeó una auténtica persecución por parte del enfervorecido arzobispo.
El personaje central de la obra es, sin lugar a dudas, Pedro de Castro. En su incansable promoción de los hallazgos rastreó Europa entera en busca de lingüistas (desde renombrados eruditos a moriscos de a pie) que interpretaran los pergaminos y plomos según unas pautas tendenciosas que marcó con inquebrantable firmeza. Su ardor en favor de los crípticos men­sajes escritos en árabe tenía varios objetivos. El más importante era nada menos que poner en marcha una revolución religiosa que transformara Granada en el centro de la renovación espiritual del mundo hispánico en general. Gracias a la devoción –o tozudez– de Castro, lo que pareció empezar como un intento desesperado de lograr algo de respiro para los moriscos amenazados con la expulsión se convirtió en un proyecto que acabaría dotando a Granada de un mítico pasado que al fin eclipsaba sus más que obvias características islámicas.
A primera vista, el caso de los plomos parece una anécdota merecedora de escasa atención, no más que una turbia farsa de estafadores ineptos y clérigos ignorantes que conjuraban a un pueblo crédulo y fanático hasta alcanzar niveles de exaltación localista sin precedentes. Pero detrás del telón hay una realidad mucho más compleja, una historia apasionada de intereses cruzados que mezclaban intentos de­ses­pe­ra­dos de salvar lo que quedaba del islam con sueños mesiánicos que reclamaban la primacía española en la historia de un catolicismo radicalmente reinventado. Poco o nada aquí es lo que parece ser, lo cual convierte este excelente libro en un avance imprescindible en el esclarecimiento de lo que sigue siendo uno de los más fascinantes enigmas de la época moderna.
Sobre este asunto se ha escrito mucho, desde las historias y apolo­gías contemporáneas hasta los muy variados esfuerzos de desmitificación que empezaron a proliferar en el siglo XIX. El análisis más leído en los últimos años seguramente ha sido el capítulo que Julio Caro Baroja dedicó a los plomos en su libro sobre las falsificaciones historiográficasJulio Caro Baroja, Las falsificaciones de la historia (en relación con la de España), Barcelona, Seix Barral, 1991. Las últimas décadas han sido testigo de un creciente interés por el análisis de la falsificaciones eruditas. Véase, por ejemplo: Joseph M. Levine, Dr. Woodward’s Shield: History, Science, and Satire in Augustan England, Berkeley-Los Ángeles, University of California Press, 1977; Anthony Grafton, Falsarios y críticos: Creatividad e impostura en la tradición occidental, trad. de Gonzalo García Rodríguez, Barcelona, Crítica, 2001 [ed. orig. 1990]; Hans Medick, «The so-called “Laichengen Hun­ger Chronicle”», History Workshop Journal, vol. 40, otoño de 1995, pp. 207-219; o Ingrid D. Rowland, The Scarith of Scornello: A Tale of Renaissance Forgery, Chicago, University of Chicago Press, 2004.. El insigne antropólogo ofreció una versión valiosa de los hechos, pero tendía a reducir esta historia a un capítulo dentro de una narración mucho más general de lo que hoy en día recibe el nombre de la «invención de la tradición». Los plomos del Sacromonte aborda el mismo fenómeno desde ángulos muy diferentes. Una veintena de ar­tícu­los escritos por especialistas españoles y extranjeros en la historia granadina de los siglos xvi-xvii, por un lado, y arabistas, por otro, demuestra los enormes progresos registrados en el desciframiento de este espinoso asunto dentro de la última generación de estudios sobre el mundo morisco. Hace acopio de un amplísimo abanico de temas, desde la tradición del profetismo en la cual se insertaba este episodio hasta la recepción y crítica de los múltiples intentos de traducción de los textos, estrechamente vigilados por Castro. Constituye, al mismo tiempo, una demostración palmaria de las ventajas de la colaboración interdisciplinar –en este caso, de la historia cultural, y religiosa en particular, con la filología– para la comprensión de uno de los casos más peculiares, si no traumáticos, de la transición desde el islam al catolicismo en el contexto ibéricoLa mayoría de los artículos reproducidos en este volumen aparecieron originalmente en dos números monográficos de la revista Al-Qantara, vols. 23-24, 2002-2003. Ahora se publican en su mayor parte revisados y traducidos al castellano y acompañados por cinco estudios inéditos.

01/05/2007

 
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