ARTÍCULO

Estridencias

Tusquets, Barcelona
730 pp. 24 €
 

La novela siempre se mide con la historia: a veces con la Historia con mayúscula y, en otras ocasiones, con los acontecimientos de la vida cotidiana de gente más o menos común y corriente. En Inés y la alegría, Almudena Grandes se propone incluir ambas vertientes. En una nota al final de las setecientas páginas de su obra, la autora revela que estamos ante «la primera entrega de un proyecto narrativo integrado por seis novelas independientes que comparten un espíritu y una denominación común, Episodios de una guerra interminable». Tal y como la cita indica, Grandes tomó como modelo literario los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, a quien considera el más grande novelista (junto con Cervantes) de la literatura española.
Siguiendo el ejemplo de su maestro, la escritora mezcla personajes inventados con acontecimientos históricos y, en este caso en concreto, se trata de la tentativa de invasión del valle de Arán en el otoño de 1944 por parte de los combatientes españoles. Muchos de los miembros de la Agrupación de Guerrilleros Españoles se habían visto obligados a huir de España después de la derrota final del Gobierno republicano en 1939, y habían pasado a formar parte importante del maquis francés. Con el desembarco de los aliados, estos soldados republicanos calculaban que los ingleses y estadounidenses, con el apoyo de los soviéticos, cruzarían las montañas detrás de ellos y liberarían así a todo el continente europeo del flagelo del fascismo. ¿Cálculo ingenuo o manipulación política de valientes por otras personas únicamente interesadas en su propia ambición? Este es el trasfondo de esta novela absorbente centrada en una pareja metida en un engranaje de este estilo. El hombre se llama Galán, capitán español en la Resistencia francesa. Minero de Asturias, comunista desde antes de la Guerra Civil, su deseo más ferviente es volver a España para seguir con la tarea de construir una nueva sociedad. La mujer se llama Inés y es la hija mimada de una familia rica de Madrid. Desde el comienzo, su hermano Ricardo se alista en las filas falangistas, pero sus propias experiencias durante el asedio de Madrid le inducen a ella a tomar la dirección opuesta. Después de instalar una célula del Socorro Rojo en su casa, será arrestada y pasará varios años penosos en la cárcel de las Ventas. Los destinos de Galán e Inés se entrecruzan en los pocos días que dura la incursión republicana en el valle de Arán. Para Almudena Grandes, son encuentros de este tipo los que crean la verdadera historia: el lema de su novela bien podría ser la frase que se repite varias veces a través de sus páginas: «La Historia inmortal hace cosas raras cuando se cruza con el amor de los cuerpos mortales». O dicho de manera más grandilocuente: «En los libros de Historia no caben unos ojos abiertos en la oscuridad, un cielo delimitado por las cuatro esquinas del techo de un dormitorio, ni el deseo cocinándose poco a poco». Guste o no esta aproximación a la Historia, Grandes tiene un talento innegable para involucrar a los lectores en las andanzas de sus protagonistas. Inés en particular cobra vida en estas páginas. Ella sabe mejor que nadie que en la comida está la raíz de toda fraternidad y comunidad, y opone la atmósfera calurosa y generosa de su cocina a las frías oficinas de la historia oficial. Sin embargo, la estructura de la novela genera problemas. Por un lado, existe el dilema (tanto en el plano narrativo como en el caso de los individuos que tuvieron que vivir de verdad los conflictos) de la «guerra interminable» que duró desde los momentos fugaces de alegría en 1944 hasta la muerte del Generalísimo a finales de 1975. Después del torbellino de arriesgarse la vida por un ideal, el relato de los años grises puede resultar decepcionante: las últimas doscientas páginas del libro, que describen la vida de Inés y Galán en una Toulouse abandonada por la Historia, no tiene el empuje y tampoco suscita el mismo interés que el resto del libro. Además, cuando la autora se pone a imaginar aquella otra Historia y la actuación de personajes reales tales como Jesús de Monzón, Carmen de Pedro, Dolores Ibárruri, e incluso Pilar Franco Bahamonde o Santiago Carrillo, la novela suena poco convincente. En cuanto a los paréntesis intercalados en la narración, la voz de la autora resulta inoportuna, produciendo una lectura que se mueve de manera incongruente. Por ejemplo, en un momento en el que habla de Francisco Franco, suelta esta frase fortuita: «Es lo que tienen los dictadores, que primero ponen mucho cuidado en eliminar de su entorno a cualquier persona con el talento suficiente para hacerles sombra, y después echan de menos su brillantez». Uno puede estar de acuerdo o no con esta apreciación, pero, de cualquier forma, la voz omnisciente resulta chocante: la novela también tiene su historia, y lo que en el siglo XIX era ley, en el siglo XXI desentona de manera estridente.

01/12/2010

 
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