ARTÍCULO

Pornmoderno

Atalanta, Vilaür
Trad. de Jesús Carlos Álvarez Crespo
182 pp. 18 €
 

Todo lo que rodea a Yasutaka Tsutsui es tan extraordinario que parece inventado. Tsutsui nació en Osaka en 1934 y es considerado «el gurú de la metaficción» japonesa. En un principio, quería ser actor cómico. Ante las dificultades de hacer realidad su vocación, se pone a estudiar psicología, lee las obras completas de Freud y finalmente se especializa en Arte y Estética en la Universidad Doshisha de Tokio. El encuentro con el surrealismo durante sus años universitarios supone para él un fuerte shock, pero también el descubrimiento de la ciencia ficción estadounidense de la llamada «Edad de Oro»: Robert Heinlein, Robert Sheckley, Frederic Brown, Ray Bradbury. Tsutsui decide abandonar por completo la carrera de actor y dedicarse a escribir novelas de viajes espaciales, extraterrestres y sociedades futuras. Pero no quiere renunciar al humor, y se dedica así a hacer ciencia ficción humorística, siguiendo el legado de Frederic Brown, y creando una extensa obra que es un ejemplo clásico de cóctel o popurrí posmoderno en el que aparecen reunidos Freud y Jung con la ciencia ficción y el surrealismo, los hermanos Marx con la ciencia (el padre de Tsutsui es zoólogo), y el teatro y la televisión con el jazz. Inútil será decir que, además de actor y crítico de teatro, Tsutsui ha sido guionista de cine y televisión, estrella de televisión y clarinetista de jazz.
Yasutaka Tsutsui es autor de unas cuarenta colecciones de relatos, además de treinta novelas, obras de teatro, guiones, etc. ¿Cómo situar, dentro de esta ingente producción literaria, Hombres salmonela en el planeta Porno? ¿Será ésta la mejor colección de relatos de Tsutsui? ¿Serán las otras colecciones tan buenas como ésta, tan variadas, tan imaginativas? ¿Será ésta, por el contrario, la típica colección de Tsutsui, una reelaboración de los mismos temas y trucos narrativos? No lo sabemos, dado que lo único que conocemos del autor es este extraño volumen que, adornado con una especie de jilguero Supermán en la portada, nos ofrece ahora la excéntrica y fascinante editorial Atalanta. Un extraño jilguero color azul celeste aturquesado con dos extraños ojos que parecen dos huevos fritos, acompañado del título más extraño que pueda imaginarse.
Tsutsui tiene algo muy gatuno en su apariencia física (hay dos retratos del autor hacia el final del volumen, uno de ellos reproducido en la contraportada), y me atrevería a decir que su estilo es también, claramente, un estilo gatuno. Es elástico, astuto, elegante, despreocupado. No quiere ser lírico. Le interesa el ritmo y el humor. No busca el peso ni la arquitectura, sino más bien el prolijo amontonamiento de pequeñas cosas. No busca una construcción perfecta, sino un efecto global. Es un poco gamberro. Tiene muchas ganas de reírse y de hacernos reír, aunque también puede ser sombrío y apocalíptico. Documenta muy bien sus delirantes creaciones pseudocientíficas. Es inteligente, pero tiene un punto de indolencia. «El bonsái Dabadaba» es un relato de fantasía erótica y humorística, quizá la pieza más acabada de toda la colección. Es un maravilloso laberinto narrativo que trata de un arbolito que provoca sueños eróticos en aquellos que lo ponen en su dormitorio, pero unos sueños tan vívidos que son difíciles de diferenciar de la realidad y que, a medida que se desarrolla el relato, resultan cada vez más reales. Irreverente trampantojo narrativo que nos atrapa en sus giros de sueño/realidad, «El bonsái Dabadaba» es una obra maestra del estilo ligero, y posee un enorme encanto. ¿Será algo así como «La insignia» de Julio Ramón Ribeyro, un cuento que no se parece a ningún otro, o habrá decenas de relatos como éste en las cuarenta colecciones que ha publicado Tsutsui hasta la fecha?
«Rumores sobre mí» es también un gran relato. Trata de un hombre normal y corriente, un oficinista sin importancia, que de pronto comienza a ver los más mínimos actos de su vida (si invitó a una compañera de trabajo a salir y ésta le rechazó, si ha tomado una ducha, si ha almorzado unos tallarines en el restaurante de la esquina, etc.) ampliamente difundidos y comentados en la prensa y la televisión nacionales. Su foto comienza a aparecer regularmente en los periódicos, en la radio se discuten las razones por las que su compañera de trabajo no quiso salir con él, en las noticias de la televisión se informa (por ejemplo) de que esa tarde se ha masturbado, etc., etc., etc. En este relato, como en «El límite de la felicidad», que trata de la horrenda masificación de la vida contemporánea (especialmente, según creo, de la japonesa), o «El último fumador» (que es un relato de ciencia ficción apocalíptica, pero algunos lo considerarán una descripción exacta y realista de la persecución a la que se ven sometidos los fumadores en la actualidad), Tsutsui pretende satirizar los mitos y temas de las sociedades posmodernas. En el caso de «Rumores sobre mí», el gran tema es el fin de la intimidad, la invasión de los medios de comunicación en la vida privada y esa situación de práctica indistinción entre lo universal y lo privado que es una de las fuentes de mayor confusión en nuestra época.
Hombres salmonela en el planeta Porno es una novela corta de ciencia ficción humorística, erótica, surrealista, absurda y tremendamente divertida que trata de una expedición científica llevada a cabo en un llamado «planeta Porno», un planeta en el que todas las formas de vida, desde la hierba hasta los cocodrilos y desde las medusas hasta los pájaros, pasando, por supuesto, por sus orgiásticos habitantes, son obscenos. Mogamigawa, el científico mojigato, no para de decir que todo es «obsceno», y usa tanto y tantas veces esa palabra que el resultado es ciertamente desternillante. «¡Madre mía! –chilla Mogamigawa–, ¿cómo pueden ser esos hipopótamos tan obscenos?». A Mogamigawa todo le parece obsceno y todo le aterra en este planeta libidinoso: la «hierba acariciante», que manosea de tal modo al desdichado al que atrapa que le obliga a eyacular una y otra vez, los «gorriones-pene», una especie de prepucios alados que violan todo lo que encuentran a su paso, y así varias decenas de especies animales y vegetales que son descritas con precisión y minuciosidad de zoólogo y sobre las cuales Tsutsui se dedica a realizar complejísimas elucubraciones biológicas utilizando un lenguaje científico altamente especializado que crea un efecto de explosiva comicidad.
En su aventura a través del planeta Porno, los científicos de la expedición no paran de hablar, como es lógico en estos casos, y desarrollan rocambolescas teorías científicas de todo tipo. Algunos de los temas que tocan son francamente delirantes, como la posibilidad de una evolución al revés, es decir, un proceso «involutivo» que partiría de unos bípedos inteligentes y terminaría en unos organismos marinos unicelulares, mientras que otros son delirantes pero están llenos de sugerencias simbólicas y quizá no sean, al fin y al cabo, tan delirantes, como la posibilidad de un ecosistema que se rigiera no por las leyes de lucha y supervivencia, tal y como sucede en nuestro planeta, sino más bien por las leyes del placer y la libido, de modo que se crearía así, en vez de nuestra ecología «tanática» («comer o ser comido»), «una ecología erótica en la que todos los seres vivos se amaran los unos a los otros».
Todavía quedan personas en el mundo (muchos de ellos, ay, dentro del mundo de la crítica literaria) que siguen creyendo que la «ciencia-ficción» es un «género» «menor» y la posmodernidad una especie de costra que debemos arrancar de la Historia como sea. Éstos no deben molestarse con Tsutsui. Que se pongan su camiseta con la foto del Che y, bien arrebujados en su mantita, vuelvan a abrir una vez más las obras completas de Brecht. Pero aquellos que sientan un verdadero interés por el presente harán bien en explorar a Yasutaka Tsutsui. No se verán defraudados.

01/03/2009

 
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