ARTÍCULO

El sentido de la política

Paidós ICE/UAB, Barcelona, 1998
Trad. de Rosa Salá Carbó; introd. de Fina Birulés
160 págs.
 

Tras la publicación en 1951 de Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt se embarcó en la elaboración de un estudio al que puso por título provisional Elementos totalitarios del marxismo. En él pretendía analizar los eslabones perdidos entre una situación sin precedentes –el totalitarismo– y ciertas categorías tradicionales comúnmente aceptadas dentro del pensamiento político. Sin embargo, lo que en principio se planteaba como un análisis de algunos conceptos trascendentales de la obra de Marx, acabaría transformándose en un proyecto mucho más ambicioso y complejo, que incluía la crítica a la tradición filosófica occidental como uno de los temas centrales. El resultado del trabajo de esos años (1951-1958) se plasmaría en relevantes artículos, algunos de ellos recogidos en Entre el pasado y el futuro (1961), mientras que otros pasarían a formar parte del material de La condición humana, y otros aún darían contenido a Sobre la revolución (1963). Desde 1956, y según el proyecto inicial se desbordaba hacia otras cuestiones, Arendt trabajó también en la redacción de un futuro libro que tenía como título provisional Introduction into Politics. Una vez publicada La condición humana, solicitaría una ayuda de investigación a la Fundación Rockefeller para poder dedicarse, al menos durante dos años, a la elaboración de ese libro, ayuda que le sería denegada, lo que, junto a la saturación de sus múltiples compromisos académicos, haría que desistiera finalmente de su proyecto.

El texto de que ahora disponemos en castellano (traducido del alemán por Rosa Salá Carbó) contiene los materiales –en forma de fragmentos y borradores con correcciones y notas manuscritas– que Arendt utilizó para la elaboración de ese libro que no vio la luz. También se incluye el proyecto de investigación que presentó a la Fundación Rockefeller. A ello se añade un interesante ensayo introducido de Fina Birulés, que analiza algunos aspectos importantes de la teoría de Arendt. A pesar de su fragmentariedad, la relevancia de estos textos reside en que nos permiten acceder a la urdimbre teórica con la que elaboraría buena parte de sus obras. En este sentido, constituyen un material único para conocer las líneas maestras de su pensamiento. Y esto reviste una especial significación en una autora que en ocasiones no se caracteriza precisamente por la claridad de su exposición. Como ella misma recoge en otro lugar de su obra, su estilo encaja dentro de lo que denomina «ejercicios de pensamiento», en los que la unidad de sus elementos no se presenta como la unidad de un todo, sino como una secuencia de movimientos que, como en una suite musical, están escritos en idéntica tonalidad o en tonalidades afines. Sin duda, la tonalidad dominante en estos textos es la afirmación de que todavía hoy, a pesar de la experiencia totalitaria y aun después de Auschwitz, la política tiene sentido como actividad. Pero afirmar esto implica contestar previamente a la pregunta ¿Qué es la política?

La respuesta de Arendt constituye una de las premisas constantes de su pensamiento: la política «trata del estar juntos y los unos con los otros los diversos» (pág. 45). En este sentido, toda consideración sobre la política tiene que partir de un hecho ineludible: la pluralidad humana. Esta es la condición sine qua non de la política, el hecho de que las personas conformen una pluralidad de individuos únicos y diferenciados entre sí, y es precisamente este elemento de pluralidad el que la política debe preservar. A partir de ese reconocimiento de la pluralidad, Arendt se distancia expresamente de aquellas propuestas teóricas que intentan reducir esa pluralidad a una voluntad general o aglutinarla en torno a una idea compartida del bien. De otra parte, su constante diferenciación entre el reino de la naturaleza y el espacio de la política la conduce a alejarse de posiciones como la hobbesiana, que intentan deducir de los rasgos de la naturaleza unas reglas para la construcción de la comunidad política, pero también de la propuesta aristotélica, con su esencialismo en la definición del zoon politikon: «Como si hubiese en el hombre algo político que perteneciera a su esencia. Pero esto no es así; el hombre es a-político.

La política nace en el entre-los-hombres, por lo tanto completamente fuera del hombre. De ahí que no haya ninguna substancia propiamente política. La política surge en el entre y se establece como relación» (pág. 46). Este énfasis en la característica espacial de la política estará siempre presente en el pensamiento arendtiano. A raíz de su experiencia de un régimen totalitario y de su posterior exilio, la importancia de crear un espacio público mediante la acción concertada entre las personas y mediante el debate ciudadano aparecerá siempre como uno de los hilos conductores de su obra. El lugar en que habita la política es ese espacio público donde se manifiesta la libertad. La política supone, pues, una forma de relación en la que la praxis juega un papel fundamental como actividad, ya que sólo a través de la acción, el agente revela su identidad, su relato particular. Si ahora nos preguntamos con Arendt cuál es el sentido de la política, la respuesta será la realización de la libertad. Y si rastreamos con ella qué experiencias históricas nos muestran esa unión entre libertad y política, nos encontraremos en estos textos (págs. 61-99) a la Arendt más grecófila, que en cierta medida aparece con más fuerza en La condición humana, proponiendo la polis como modelo normativo de ese «estar juntos». Es en esta forma histórica donde podemos encontrar, a juicio de Arendt, el significado originario de las experiencias políticas, donde la vida activa, la vida del ciudadano, era la única vida digna de tal nombre. Sin embargo, frente a interpretaciones que tachan su pensamiento de nostálgico e inadecuado para la praxis política actual, no faltan en su obra otros modelos de experiencias políticas que nos permitan contestar a la pregunta inicial: «¿Qué es la política?». Estos modelos no se encuentran incluidos en este texto que comentamos, sino en las obras donde Arendt analiza las posibilidades de la acción en la modernidad: Sobre la Revolución y Crisis de la República. En ellos aparece el sistema de los consejos populares como la forma organizativa idónea para dar cuenta de la participación democrática directa en los asuntos públicos. Pero no sólo. También reconoce el ejercicio de la desobediencia civil como una forma adecuada de acción política, el acto de la fundación de un nuevo cuerpo político llevado a cabo en la Declaración de Independencia Americana, o, en definitiva, toda acción encaminada a crear un poder compartido en el que primen el debate y la persuasión y no la fuerza y la violencia. A ello debemos unir, además, los escritos anteriores a La condición humana en los que plantea las cuestiones del reconocimiento de las identidades diferenciadas en el espacio público, en los que se muestra una Arendt no ya ubicada en un referente teórico griego, sino en un referente que podríamos denominar judío, y que le lleva a preocuparse por la participación política de aquéllos a los que ésta les es negada por su pertenencia a una identidad colectiva, así como por las formas de resistencia a las situaciones de exclusión y marginación.

Por consiguiente, su análisis no resulta ajeno a la teoría democrática actual y a las consideraciones que desde ésta se formulan en torno al debate sobre la ciudadanía y los límites de lo político. Por ello parece absolutamente pertinente volver a leer a Arendt como una de las propuestas teóricas más originales de este siglo y más resueltamente a favor de una recuperación del espacio público y del sentido y la dignidad de la política como una actividad que constituye un fin en sí misma y que tiene como contenido la acción conjunta entre ciudadanos. Estos fragmentos que ahora se presentan nos proporcionan una excelente oportunidad para adentrarnos en estas cuestiones que Arendt desarrolla a lo largo de toda su obra y que aquí se muestran con la fuerza con la que aparece el pensamiento en su estado más puro.

01/05/1999

 
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