ARTÍCULO

Amplia selección de cuentos clarinianos

Edición de Ángeles Ezama Estudio preliminar de Gonzalo Sobejano Crítica, Barcelona, 1997
 

Desde hace unos años, no muchos, asistimos a un proceso de recuperación de la narrativa corta clariniana que, estimulada por la lectura en las aulas, está teniendo el efecto complementario de situar al escritor asturiano en el destacado lugar que le corresponde dentro de la ficción decimonónica, y aun de asignarle un puesto cimero en la historia del cuento literario español. En ese doble ámbito utilitario y reivindicador se sitúa un volumen con diecinueve Cuentos que edita Ángeles Ezama. Abre el libro un estudio de Gonzalo Sobejano que sintetiza y amplía con trazos ensayísticos otros trabajos suyos en los que ha declarado a Clarín como auténtico maestro y casi fundador del género en nuestro país. Sigue un amplio prólogo de la mencionada editora, responsable también del enjundioso aparato doble de notas filológicas y culturales. Lleva a cabo Ezama en su trabajo un repaso global y sintético de la personalidad de Clarín, en relación sobre todo con su cultivo de las formas breves del relato y realiza un puntilloso status questionis acerca de temas, técnicas y procedimientos expresivos. Comparte la antóloga ese sentir hagiográfico tan frecuente en los estudiosos clarinianos y por ello sus páginas no albergan tanto una descripción analítica y razonada como una ristra de elogios que no dan pie a la menor reserva acerca del arte narrativo del inventor de La Regenta. A una actitud más enjuiciadora parecería invitar el ejemplo de radical criticismo dado por el propio Alas y, además, la constatación por una mirada desapasionada de que su labor como cuentista –urgida casi siempre por prisas que no son buenas amigas del mejor resultado artístico– tiene fuertes altibajos y hasta caídas muy notables, sobre todo en sus últimos años. Nada de ello se apunta, aunque sería de ley en un panorama general. Síntoma de esta perspectiva enjuiciadora un tanto parcial –aunque se deba a la parcialidad del elogio, más respetable que la del vituperio– se nota en que en la extensísima bibliografía final no encuentra mínimo hueco, entre dos centenares y medio de entradas, el trabajo de Luis Saavedra Clarín, una interpretación (Madrid, 1987) que tantas interesantes sugerencias alberga, rebelde a la beatería dominante. El prólogo y las notas tienen la virtud de basarse en una amplia documentación y de proporcionar noticia fidedigna de la trayectoria de los libros narrativos clarinianos y de los cuentos seleccionados. Desconoce, sin embargo, un par de ediciones que le evitarían un error. Recuerda que en la novela corta Superchería se deslizó un fallo material que Clarín no subsanó: del capítulo IV se pasa al VI y en lugar de contar los diez correctos se numeran hasta el undécimo. Esa numeración no la «repiten todas las ediciones posteriores», pues la rectifican tanto una estampación exenta de Superchería (Guadalajara, 1995) como la recogida en el tomo II de las Obras completas de Clarín (Madrid, 1995), cuidada por quien suscribe este comentario. Respecto de la antología, su contenido, como ocurre en esta clase de obras, resulta opinable y cualquier juicio no dejará de responder a criterios muy subjetivos. No tengo yo por cuentos ejemplares ni El Quin ni Vario. En cambio, echo en falta uno de los que estimo más hondos y entrañables, conmovedor y logradísimo, Las dos cajas. Pero si la antología pretende una visión amplia y representativa de los modos del autor, obligada por su finalidad escolar, hay que reconocer que el lector encontrará un variado reflejo de la narrativa corta clariniana y que el libro cumple a la perfección ese cometido. Por lo mismo, sin embargo, no tiene ningún sentido publicar El oso mayor, un cuento repetitivo de asuntos que ya tuvieron mejor fortuna en manos de su mismo autor y mediocre, que ha rescatado la señora Ezama de entre los textos del autor olvidados en la prensa. No está bien que la editora se haya consentido ese capricho, en beneficio de la imagen de Clarín. Pero la decisión tampoco disuena de otro llamativo dato: la editora se cita a sí misma más de veinte veces en el prólogo, en prueba de una alta autoestima. Minucias aparte, nada impide que esta extensa selección de Cuentos clarinianos –supone una quinta parte de la labor de Alas en este género, pues sólo escribió un centenar de piezas breves– arroje datos interesantes para el especialista y se convierta en obra muy recomendable para los estudiantes.

01/03/1998

 
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