Todo poema inicial debe ser extraordinario
para epatar a las eminencias
que forman los jurados
de los concursos literarios.
¿Para qué si no escribimos
poemas, cuentos o ensayos?
¿Para conectar con el cosmos?
¿Para expresarnos?
¡Venga ya!
Para presentarnos a concursos
y si es posible, ganar cuatro perras.
Concursos de pueblo o de ministerio,
de editorial comprometida con el arte,
concursos vecinales o callejeros.
Para que nos inviten a un aperitivo
en el centro sociocultural.
Para que el dinero público y privado
circule por cada regato.
Para tener entretenidos a los feligreses
del templo de la cultura.
Para que nos adulen y nos hagamos los modestos.
¿Para que nos lean?
Ya nos autocomplacemos sin más ayuda
que nuestra propia mano.
Que nos lean si quieren,
si es que el azar fija una mirada
en una de los millones de estrellas
nunca vistas.
Y si nos leen, ¿qué leerán?,
¿qué recordarán de los versos
que no están en las enciclopedias?
Mejor olvidar y que nada más engorde
los mamotretos cansinos de la historia.
Raúl Sanz es poeta, escritor y artista multidisciplinar. Colabora con diversos medios de comunicación. Su última obra es A la muerte de todos los libros sagrados.






