En 1980, fruto de su experiencia de varios años en la Cuba de los años 70, Alberto Recarte publicó, gracias al apoyo de Javier Pradera, Cuba: economía y poder (1959-1980). La editora, Alianza Universidad, se negó a hacer una nueva edición, o ampliar la primera tirada, que había sido de 3.000 ejemplares, y nunca se dirigió a Recarte, ni le dio información alguna. Y en cuanto le fue posible, descatalogó el libro.
RdL
Introducción
En 1958 Cuba tenía una población de 6,5 millones de personas, de las cuales el 70% eran blancos, de origen español en su mayoría, junto con comunidades de chinos, libaneses y judíos, y un 30% negros o mulatos, muchos de los cuales habían llegado a Cuba de Haití y la República Dominicana, contratados para trabajar en la producción de azúcar1.
La economía cubana en 1958 estaba plenamente integrada en la de Estados Unidos. La principal industria de la isla era la producción de azúcar que se exportaba básicamente a Estados Unidos a precios subvencionados. De los 131 ingenios azucareros —cada uno de ellos controlando fincas adecuadas al tamaño del ingenio— más de la mitad eran propiedad de empresas norteamericanas. El resto del sector agrario alimentaba a la población cubana de frutas, hortalizas, leche, huevos y carnes, y exportaba algunos productos en condiciones de plena competencia a Estados Unidos. La industria básica contaba con centrales termoeléctricas, refinerías, cementeras y una pequeña industria del acero.
El turismo se había desarrollado desde los años 20 respondiendo a la creciente demanda de norteamericanos, y a las inversiones en cadenas hoteleras, algunas controladas a partir de los años 30-40 por familias mafiosas norteamericanas, un control que fue creciendo hasta el triunfo de la revolución castrista en 1959.
En 1958 Cuba era uno de los países iberoamericanos de más alto nivel de renta total y per cápita. Su PIB superaba los 2.500 millones de dólares USA (los 2.800 millones según otras mediciones) y su PIB per cápitase estimaba entre 350 y 390 dólares, dependiendo de las cifras de PIB y población que se considerasen, y con fuertes desigualdades de renta entre blancos y negros. Su tasa de analfabetismo se situaba en el 23% (por debajo del 30%, que era la tasa de España a finales de la década de los años 50). Cuba tenía editoriales importantes, cadenas periodísticas, radios nacionales y destacaba por sus servicios sanitarios. La pobreza se concentraba en el campo y en el sector agrario dedicado a producir caña de azúcar. En las ciudades predominaba la clase media.
Desde la independencia en 1898, los sucesivos gobiernos tuvieron siempre una orientación liberal conservadora, cuidando de controlar los déficits públicos, de mantener sus reservas de oro, depositadas en el Banco Nacional de Cuba, valoradas en 1958 en casi 400 millones de dólares USA, de asegurar el desarrollo económico, endeudándose exclusivamente para financiar proyectos de infraestructura.
Los proyectos industriales eran todos privados, con capitales nacionales y extranjeros. La tasa de paro era muy baja. El comercio exterior de bienes y servicios reflejaba grandes exportaciones de azúcar a Estados Unidos, que era el principal socio comercial. Cuba también exportaba tabaco, café y níquel. Sus importaciones, procedentes también principalmente, en un 70%, de Estados Unidos, y eran, básicamente, maquinaria, alimentos procesados, automóviles y algunos alimentos básicos como el arroz, trigo y manteca. Sus cuentas estaban básicamente en equilibrio. El gobierno vigilaba el mantenimiento del tipo de cambio del peso cubano (un peso cubano por un dólar norteamericano), con libertad absoluta de conversión de los pesos cubanos en dólares o en cualquier otra moneda convertible.
La última Constitución de Cuba antes del castrismo fue la de 1940, que garantizaba la libertad individual y económica y la existencia de partidos políticos. Desde 1927 se sucedieron los golpes de Estado, impulsados, en gran parte, por la corrupción y por la lucha contra la corrupción. El primero fue el que desembocó en la dictadura de Gerardo Machado en 1927, tras haber sido presidente constitucional desde 1925, que se prolongó hasta 1933. Tras Machado el sargento Fulgencio Batista se rebeló contra los oficiales y ocupó el poder hasta 1940. En 1952, nuevamente Batista, ya convertido en coronel, da otro golpe y se autoproclama dictador hasta que abandona el país en diciembre de 1958, justo antes de que Fidel Castro entrara en La Habana el 8 de enero de 1959.
El 26 de julio de 1953, el grupo denominado «El Movimiento», de Fidel Castro, asalta el Cuartel Moncada y fracasa tras haber causado 19 muertes en el ejército regular. El ejército de Batista había causado 6 muertos a los asaltantes y otros 55 fueron atrapados y asesinados. Fidel Castro fue posteriormente capturado, juzgado y condenado a 15 años de prisión. Apenas 2 años después, en 1955, fue amnistiado por Batista tras haber estado en prisión 22 meses.
La rebelión de Fidel Castro contra la dictadura de Batista comienza otra vez en 1956 y triunfa a finales de 1958. Los Estados Unidos consintieron este nuevo golpe, aunque la Constitución cubana permitía su intervención desde 1898, porque se presentó como un movimiento que convocaría rápidamente elecciones democráticas y lucharía contra la corrupción. Pero los objetivos de Fidel Castro eran muy diferentes de los que se habían planteado en los diferentes golpes de Estado y dictaduras de los 40 años anteriores.

Castro, que entró triunfante en La Habana en enero de 1959, nunca dijo la verdad, lo que realmente pensaba, sobre sus intenciones políticas y sus objetivos para Cuba. Castro nunca quiso construir un sistema con partidos políticos, ni democracia, ni elecciones libres. Como demostró el asesinato de Camilo Cienfuegos, en el que se puede simbolizar el de los participantes en el triunfo castrista que creyeron en las intenciones y convicciones democráticas de Castro, él quería ser dictador y parece que no podía imaginar más que serlo de por vida. Desde su toma del poder, quizás incluso desde antes, se dio cuenta de que los regímenes políticos que garantizaban dictaduras de por vida eran los comunistas. Para sus aspiraciones de poder absoluto, eran una garantía.
Todas las decisiones económicas trascendentales que toma Fidel Castro entre 1959 y 1970 tienen por objetivo eliminar el poder económico de todos los que vivían en Cuba o habían invertido en Cuba y tenían propiedades y empresas en cualquier sector, agrario, minero, pesquero, industrial o de servicios.
Antes de llevar a cabo las expropiaciones, sin indemnización alguna, de todas las empresas y propiedades de cubanos y de extranjeros, ya había llegado en 1960 a acuerdos con la URSS para disponer de créditos que podrían financiar los déficits públicos y de balanza de pagos que iban a producirse con sus decisiones. Una política radical que ya había llevado a cabo en el orden político, eliminando físicamente, o encarcelando, o forzando la salida del país, a todos los políticos que habían colaborado con su movimiento para derrocar a Batista. Pero también adoptó muy pronto la política de forzar la salida de Cuba de todos los dueños de nacionalidad cubana de propiedades o empresas cubanas. Entre 1959 y 1965, en apenas 6 años, abandonan Cuba alrededor de 600.000 cubanos, entre los que se encontraban los dueños, gerentes y profesionales cualificados del mundo empresarial.
Aunque la primera política, la más decisiva, era la de aterrorizar a toda la población, con fusilamientos y penas de prisión interminables que siempre se cumplían, Fidel Castro sabía que cualquier amnistía podría convertir a los liberados en enemigos con conocimientos2.
Una vez que el Estado fue dueño de todo, desde las viviendas hasta todas las empresas que realizaban cualquier actividad, Cuba se denominó «socialista». Lo fue en el sentido de la propiedad, pero no de la actividad económica, que se movía ateniéndose no a planes u objetivos, sino de acuerdo con las convicciones, deseos o caprichos, muy variables, de Fidel Castro. Su endeble formación, su analfabetismo en todo lo referente a la economía de mercado, condenaron a Cuba a la miseria y a la quiebra. No a él, que vivió hasta su muerte entre el lujo y la admiración —incomprensible— de una parte considerable de la izquierda y el progresismo de todo el mundo.
1. El periodo de aniquilación de todo lo privado (1959-1970)
Hace mucho tiempo que Cuba dejó de tener una economía analizable como analizamos las demás. No hay estadísticas fiables de nada. El FMI dice ahora que podría tener una renta per cápita similar a la de Haití. Pero, empecemos.
Las leyes revolucionarias y el Código Penal
En 1958, Cuba era una economía que podía calificarse de pujante. Era un gran productor de azúcar, con ingenios azucareros modernos, y una agricultura bastante diversificada, teniendo en cuenta su carácter subtropical, capaz de exportar a Estados Unidos. Tenía minas de níquel con su planta de tratamiento. Y un turismo en desarrollo acelerado. Era el tercer país en renta per cápita de toda América. Y contaba con un sistema sanitario respetado, un buen nivel educativo y un sector editorial de primer orden.
La destrucción de la sociedad y la economía cubana se lleva a cabo aceleradamente entre 1959 y 1970. Desde un punto de vista económico se nacionalizan y expropian todas las empresas nacionales y extranjeras y todas las fincas agrícolas por encima de las 67 hectáreas, si bien, algo más tarde, a los campesinos no expropiados se les fijan los cultivos, y los precios de lo que producen, además de integrarlos en organizaciones agrarias dirigidas por lo que podemos llamar «profesionales de la revolución».
Pero la ley más trascendental de la economía cubana, que explica la miseria en la que se desarrolla la vida de los cubanos, se publica en 1968.
El 13 de marzo de 1968 dice Fidel: «Hay que impulsar todavía más el esfuerzo productivo, hay que extirpar hasta la raíz el egoísmo, el individualismo y todas las formas de parasitismo y explotación». En unos días se nacionalizan todos los establecimientos industriales y comerciales privados que, en palabras de Fidel Castro, «son nidos de privilegiados que viven del trabajo de los demás, viendo cómo trabajan los otros». Se cerraron todas las tiendas, talleres, almacenes. Solo en La Habana, en marzo de 1968 se cerraron 13.000 establecimientos privados. En abril de 1968 el sector privado había dejado de existir.
Ese mismo año Fidel Castro asume directamente la organización de la producción azucarera. Se propone alcanzar los 10 millones de toneladas de azúcar en 1970. Todo el país se paraliza para lograrlo. Pero el fracaso fue claro, a pesar del apoyo de intelectuales de izquierda europeos, entre estos últimos, y liderando ese apoyo, nada menos que Jean-Paul Sartre, y de la participación de políticos y militantes izquierdistas de diferentes países, que acudieron a cortar caña de azúcar para mostrar su solidaridad con la Cuba revolucionaria y con Fidel Castro.

Todas esas decisiones no fueron errores o accidentes, sino el reflejo claro de que para Castro y sus secuaces lo importante era que nadie, ninguna persona, familia o empresa, fuera independiente. Para todos ellos, la independencia y las iniciativas personales o societarias eran enemigas de la Revolución, porque esa libertad, si se traducía en algún modo de ahorro privado, podría dar lugar a planteamientos ideológicos incompatibles con su «revolución». Todos los cubanos tenían que vivir de lo que les iba a dar el Estado. Y «a cada uno se le daría según el valor de lo que aportara».
Dos años antes, en septiembre de 1967, Fidel Castro decía en Le Nouvel Observateur3: «Soy opuesto a los estímulos materiales, porque los considero incompatibles con el socialismo… Lo que nosotros queremos es desmitificar el dinero y no rehabilitarlo. Nos proponemos incluso abolirlo totalmente… La ley del valor tiene un sentido en la sociedad capitalista donde la economía se funda en la ganancia. No tiene ninguno en una sociedad socialista. No tenemos ninguna razón, nosotros que estamos en un periodo de transición al socialismo, para conformarnos con las leyes económicas del capitalismo, como si nuestro objetivo fuese solamente dirigir con más eficacia el antiguo sistema. Hemos discutido largamente sobre ese punto y hemos decidido liberarnos lo más rápidamente posible de las servidumbres del mercado. Nuestra planificación debe basarse sobre el «valor trabajo» y no sobre engañosos cálculos de rentabilidad o de ganancia. Vamos a suprimir toda contabilidad financiera en los intercambios entre las empresas socialistas».
En esos once primeros años de régimen castrista (1959-1970) Cuba sobrevive con la explotación de los recursos invertidos en empresas, viviendas, infraestructuras por las personas que habitaban Cuba hasta 1958. Y con las subvenciones y ayudas que la URSS estuvo dispuesta a pagar ya en esos primeros años, como prueba y ejemplo de que el poder de Estados Unidos era limitado y menguante. Era la Guerra Fría, la URSS se consideraba bien pagada con la propaganda antinorteamericana y socialista de Castro en todo el mundo y con sus intervenciones armadas.
La destrucción de la sociedad cubana se plasma en el Código Penal vigente ya en esos primeros años. Me refiero al Código de Defensa Social, publicado en 1963, modificado posteriormente en múltiples ocasiones, sobre todo en 1978 y que estuvo vigente hasta mayo de 2022, que endureció, aún más, las sanciones contra la disidencia y la financiación privada desde el exterior.
El 28 de septiembre de 1977 Fidel hace referencia a los delitos que quiere «combatir más firmemente», poniendo el énfasis en los delitos de juego, prostitución, robos y hurtos, a los que se denomina «rezagos del pasado». En el Código se dividen los delitos en comunes y políticos. A estos últimos no se refiere explícitamente porque se denominan «conductas antisociales»4.
El «guevarismo» de Fidel Castro lleva a Cuba directamente a la suspensión de pagos y a la inflación, pues los déficits públicos se cubren con la emisión de billetes del Banco Nacional de Cuba que producen, a su vez, la devaluación del peso cubano, que se cotiza en el mercado negro a 3 por 1 oficial. Es la primera de las grandes devaluaciones del peso cubano, un reflejo de la hiperinflación que ya nunca dejará de afectar a la economía cubana.
De hecho, en 1960 se había producido la primera suspensión de pagos, al repudiar el gobierno cubano todas las deudas con el exterior y en el interior, no reconociendo como legítima ninguna deuda. Las nacionalizaciones, en 1962, de bienes norteamericanos, con expropiaciones sin compensaciones económicas, fue el origen del embargo comercial norteamericano, que prohíbe el comercio con Cuba y afecta a la mayoría de los países sudamericanos.
Con los pocos datos fiables que existen puede estimarse que, en 1962, a los cuatro años de vida del régimen castrista, el PIB cubano había descendido de los 2.500 millones, en dólares de 1958 hasta, también en dólares de 1958, 1.962 millones, una caída cercana al 25%. Entre 1962 y 1970 no hay estadísticas fiables. Según algunos datos, el PIB de 1970 era, medido en dólares corrientes de ese año, de 5.690 millones; medido en dólares de 1958, el PIB pasó de 2.500 millones en 1958 a 1.896 millones en 1970, lo que parece indicar que en ese periodo de 8 años el PIB se mantuvo en términos reales, aproximadamente, al nivel de 1962.
Tampoco hay datos de los déficits públicos desde 1962, pues dejan de hacerse los presupuestos públicos anuales. Lo que hay son gastos públicos que recogen los de las Administraciones y los gastos correspondientes a la gestión de las empresas públicas en todos los sectores y los ingresos por la venta de lo producido por el nuevo sector público empresarial, sin casi ninguno de los ingresos típicos, al desaparecer los impuestos personales y societarios: se había creado, de hecho, la gran «Empresa Estatal de Cuba». El otro gran renglón del gasto, que aparece en 1962, es el de las cartillas de racionamiento de toda la población, cuyos productos compran los cubanos a precios subvencionados que son, directamente, gasto público en la cuantía subvencionada.
Los déficits de la balanza de pagos se cubren con créditos soviéticos, que empiezan a acumularse por encima de las subvenciones.
El 20 de mayo de 1970 Fidel Castro confiesa que no se alcanzará la producción de 10 millones de toneladas de azúcar. La autocrítica se acentúa en sus intervenciones de 26 de julio y de 28 de septiembre de ese año. Castro comunica que va a renunciar a la dirección del país para ser sustituido por personas más capaces. Pero «el pueblo» se opone. Una renuncia que nunca se produce.
2. La Cuba soviética (1970-1991)
Castro entrega el control económico a su hermano Raúl, al Partido Comunista Cubano y a los burócratas soviéticos que provocan, en ese periodo, la segunda catástrofe económica de Cuba. La economía pasa a estar regulada e hiperregulada al implantarse el modelo de la URSS, que estaba estrangulando ya a la economía soviética. Se hacen planes quinquenales por la Junta Central de Planificación. Se fijan los salarios, los precios y los beneficios de las empresas públicas que se integran en la gran «Empresa Estatal Cuba».

Por supuesto, todas las estadísticas eran erróneas o falsas. El trabajo de la Junta Central de Planificación era conseguir para cada año una cifra de crecimiento del PIB, manipulando los precios lo suficiente para que se igualaran ingresos y gastos. No obstante, los países de economía de mercado creyeron que Cuba se había convertido en un país serio, al que se podía financiar. Por increíble que nos parezca ahora, los planes quinquenales de la URSS y los de otros países comunistas convencieron a muchos economistas occidentales de que las cifras eran ciertas y de que se hacían los esfuerzos necesarios para cumplirlos con condiciones rigurosas.
Cuando Cuba se sovietiza se da por supuesto que habrá control de los déficits de balanza de pagos, de los déficits públicos y de la inflación. Y que las cifras de crecimiento serán reales. Los países occidentales, además de Japón, compiten entre ellos por ver quién es capaz de vender más bienes de equipo y plantas completas con créditos a largo plazo a Cuba. Además de que los bancos privados y los vendedores de bienes de consumo lo hacen sin garantías adicionales. Entre 1972 y 1986, en 14 años, los créditos a largo plazo de los países de economía de mercado, enmarcados en el Club de París, suman alrededor de 5.000 millones de dólares, sin tener en cuenta los de otros países. Ese es el tamaño inicial de esa segunda suspensión de pagos de Cuba en moneda convertible.
Esa cifra, los 5.000 millones (sin tener en cuenta los 8.500 millones de intereses), junto con otros 6.000 millones de rublos convertibles concedidos por la URSS hasta 1989 constituyen, entre ambos, el total de las importaciones de bienes de equipo y de plantas completas que se han instalado en Cuba desde 1959 hasta ahora para modernizar su sector industrial. Una cifra ridícula, que explica la falta de productividad de la economía cubana hasta hoy mismo.
En 1958 Cuba exportaba mercancías por valor de 733 millones de dólares, de los cuales 490 millones se vendían a Estados Unidos. Y se importaban bienes por un total de 777 millones, de los cuales 542 millones procedían de Estados Unidos. En 1975, con el embargo estadounidense en vigor, Cuba importa 3.133 millones de pesos convertibles y exporta 2.946 millones de pesos supuestamente convertibles en dólares. La URSS se había convertido en el principal socio comercial de Cuba: exportaba 1.250 millones e importaba 1.661 millones, siendo el azúcar lo más importante. Las exportaciones cubanas de azúcar se hacían a precios sobrevaluados, mientras las importaciones cubanas, empezando por el petróleo y sus derivados, se hacían a precios devaluados.
Quiero resaltar igualmente que las importaciones de Cuba del resto del mundo ajeno al COMECON sumaban en 1975 un total de 1.000 millones de pesos y las exportaciones alcanzaban los 1.600 millones; cifras coherentes con la realidad de un comercio exterior libre con el mundo fuera del bloque soviético. El embargo norteamericano había dejado de notarse. Y el comercio se realizaba con los mismos países con los que Cuba tenía relaciones comerciales antes de 1959.
La planificación
Los burócratas cubanos, felices en su aislamiento del resto del mundo no soviético, no paran de explicar cómo es el nuevo sistema económico y las dificultades que para ellos supone.
El primer problema de los planificadores es cómo fijar los precios de todos y cada uno de los bienes que se producen, intercambian y se venden, a los cubanos y a los compradores en el exterior. La ley 1312 de 23 de agosto de 1976 dispuso que a partir del 1 de enero de 1977 regirían los precios vigentes a 31 de marzo de 1976. Se trataba de más de 1 millón de precios y tarifas oficiales.
Para que todos los gerentes de las empresas y los jefes de las administraciones supieran cuáles tenían que utilizarse imprimieron 29 tomos de más de 300 páginas cada uno. Había muchos productos que tenían distintos precios. ¿Cómo conseguir que cada responsable los aplicara? Se hizo una edición de 200 ejemplares y se distribuyeron por los municipios, provincias, ministerios y otros órganos oficiales. No consta que nadie consultara esos precios, ni que se resolvieran las dudas de qué precios utilizar.
Un ejemplo de cómo esos precios eran incompatibles con la realidad lo tenemos en relación con el producto más importante de Cuba en ese momento, el azúcar. En una publicación oficial, los responsables de la planificación explican sus dificultades: «Tenemos la situación de que, por ejemplo, los productos de importación del país, vendidos a la economía interna, tienen los precios del año 68. Es el caso, por ejemplo, del combustible, del petróleo, para empezar por uno… Bien, se puede empezar a subir el precio a esos productos… pero, al subir los precios a esos productos, a las empresas azucareras… entonces, la agricultura y la industria azucarera, que ya en las condiciones actuales de precios son irrentables, les haríamos mucho más irrentables… Ahora, ¿qué hacer con este problema de los precios? Son cosas que están por decidirse…».

En el mejor de los casos, los precios de esos productos, con el azúcar incluido, estarían otros cuatro años congelados. Nunca se decidió nada. Nunca hubo precios realistas. Todo estaba manipulado. En la realidad, para funcionar, se ajustaban cantidades. Cada responsable sabía la cantidad de electricidad, petróleo, cristal, papel, acero… que necesitaba para producir lo que fuera. Y llegaba a acuerdos de cantidades para producir y para vender. Un sistema, una práctica, que no soportaba los cambios. Anecdóticamente, puede recordarse lo que ocurrió cuando la reunificación alemana, cuando hubo que integrar la economía de la Alemania «socialista» con la Alemania occidental. Los economistas occidentales se habían creído las estadísticas de la Alemania comunista, creían que era un país bastante desarrollado lo que, quizá, animó al canciller Kohl, junto a consideraciones electorales, a cambiar los marcos orientales por occidentales al tipo de uno por uno: pero, en el mercado de verdad, en el mercado negro, la relación era de 8 por 1.
La segunda suspensión de pagos (1986)
Finalmente, Cuba, un país bloqueado, según el gobierno cubano y sus fieles creyentes en todo el mundo, cesa los pagos a los países occidentales en abril de 1986. Las negociaciones entre los países acreedores —siendo España el más perjudicado— se alargaron a lo largo de los años 80, los 90 y los 2000. Hasta 2015, cuando en el Club de París se decidió la condonación de 8.500 millones de dólares de intereses. Quedaban pendientes 2.400 millones de España y otros 2.600 millones del resto de los otros 13 miembros del Club de París, que deberían pagarse en plazos hasta 2033. Los impagos de esa nueva negociación comenzaron nuevamente en 2019 y, por tercera vez, en 2021, Cuba suspende pagos. Otro impago ocurre en 2024. En 2025 el Club de París renegoció los términos de los acuerdos de 2015 y 2021. El último cese ocurre a comienzos de 2026. Suman, por tanto, seis suspensiones de pagos.
La venta de servicios al exterior: militares, médicos, profesores…
En 1975 el ejército cubano llegó a Angola para defender al gobierno que se consideraba marxista, procomunista, o, en todo caso, simpatizante de la URSS. En 1978 la intervención militar en Angola dio paso a un proyecto más ambicioso, apoyado, en parte, en la experiencia ganada en Angola. Fidel Castro decidió emprender un proyecto de «exportación de servicios» mucho más amplio que el restringido a las fuerzas armadas: ampliar la exportación a los servicios médicos, educativos y de seguridad a los países que tuvieran las divisas para pagarlos y cuya ideología se identificara con el castrismo; en definitiva, con dictaduras similares a la cubana.
En septiembre de 1978, en una de las reuniones oficiales entre Fidel Castro, al que acompañaban algunos de sus ministros, y el presidente Adolfo Suárez, con el ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, el subsecretario de Comercio, y nuestro embajador, acompañado de alguno de los miembros de la embajada española, entre los que se encontraba quien esto escribe. Suárez informó a Fidel Castro de que, en las aguas territoriales de Cuba, a pesar de los esfuerzos de Hispanoil —por entonces, la única petrolera española— se había encontrado poco petróleo y de baja calidad, no fácilmente explotable. No tardó mucho en responder Castro: «No importa… no tenemos petróleo, pero conseguiremos las mismas divisas graduando cinco mil médicos al año y vendiendo sus servicios al exterior». Nuestro subsecretario de Comercio, Carlos Bustelo, le preguntó qué harían con los médicos cuando volvieran a Cuba tras prestar servicios al exterior. Castro no le contestó. Para Fidel Castro estaba claro que la mayoría de los médicos nunca volverían a Cuba, pues si querían sostener a sus familias no tendrían más remedio que vender sus servicios, cobrando el gobierno cubano en divisas convertibles y en pesos cubanos a los militares, médicos y profesores enviados al exterior a alguno de los países amigos que los solicitaban.
Sin embargo, a pesar de la suspensión de pagos en moneda convertible, Cuba mantuvo su sistema de planificación con los resultados esperables. Algo que no preocupaba a Fidel Castro ni a los soviéticos, últimos responsables de aquel «invento». Había nacido una forma de financiarse con independencia de la «vulgar economía», un nuevo renglón de servicios en la balanza de pagos. Cuba vendía el trabajo de militares, médicos y profesores y la URSS pagaba lo que se acordara.
Cuba se convirtió en el brazo armado de la URSS y de algunos países del Este de Europa en lo que entonces se llamaba el «Tercer Mundo». En 1975 empieza a intervenir en la guerra de Angola, que no acabó hasta 1991. Más de 400.000 soldados cubanos y más de 50.000 profesionales médicos y educadores lucharon y colaboraron durante quince años con el régimen angolano. Más tarde, el ejército cubano fue determinante en otros países, como Etiopía, Somalia, Eritrea, Omán, y estuvo presente también en los conflictos con Israel apoyando a los palestinos, al tiempo que Fidel Castro se paseaba por Chile en 1973 exigiendo un golpe de Estado en el caso de que Salvador Allende perdiera las siguientes elecciones. Y colaboraba con los marxistas de Alvarado en Perú. El coste de las armas y logística militar —al margen del de personal— se financió directamente por la URSS, sin dejar rastro en la balanza de pagos.
Se calcula que desde que la URSS sustituye a Estados Unidos como principal socio comercial y económico, la economía cubana recibía anualmente subvenciones enormes, del orden del 25% del PIB. El sistema copia, en el caso del azúcar, al de los Estados Unidos, comprando un cupo de toneladas a precios muy superiores a los del mercado internacional. Asimismo, la URSS vendía su petróleo a Cuba a precios muy inferiores a los del mercado internacional e, incluso, permitía a Cuba revender en el mercado internacional el petróleo que no hubiera utilizado internamente. El mismo sistema se empleaba para la venta a la URSS de níquel cubano y para las importaciones cubanas de bienes alimenticios, industriales y bienes de equipo.
El sistema de subvención de Venezuela a Cuba, que veremos más adelante, repite el de la URSS para su petróleo, incluida la posible reventa en el mercado internacional. Cuando desaparece la URSS, salió a la luz que, además de esas subvenciones anuales, los créditos comerciales de la URSS a Cuba superaban varias veces el PIB cubano en 1989. La URSS de Gorbachov comenzó a reclamar la deuda en 1989.
El control de la emigración y el desarrollo del turismo
Las nuevas exigencias de los planificadores soviéticos, que Fidel Castro aceptó de mala gana, para facilitar la financiación de Cuba en moneda convertible y el propio crecimiento económico, eran el desarrollo del turismo y el control de la emigración de los profesionales y los universitarios.
Lo más importante era parar la emigración de los profesionales y universitarios cubanos. Eso fue lo que se hizo, provocando un gran malestar entre los que querían huir del paraíso cubano. Un incidente protagonizado por seis nacionales cubanos que se colaron con un autobús en los jardines de la embajada de Perú y la negativa de los representantes peruanos a entregarlos a las autoridades cubanas provocó la ira de Fidel Castro, que decidió retirar la protección policial a esa embajada. Un estupefacto Fidel Castro tuvo que contemplar cómo, en unas pocas horas, más de 12.000 cubanos se refugiaron en los terrenos de la embajada. La concentración de cubanos que querían huir a cualquier precio, terminó con la autorización, en otro ataque de ira de Fidel Castro, a que todo el que quisiera irse pudiera hacerlo desde el puerto de Mariel. Miles de embarcaciones llegaron desde Florida. El éxodo alcanzó las 150.000 personas. Fidel Castro aprovechó para obligar a los capitanes de esas embarcaciones a llevarse a un gran número de presos por delitos comunes y enfermos de hospitales psiquiátricos. Un hecho que desarrolla Leonardo Padura en su último libro Morir en la arena.

Ni los burócratas soviéticos, ni los castristas más exaltados pudieron ni imaginar que el millón de cubanos que logró salir de Cuba entre 1970 y el año 2018, tras la salida de los primeros 600.000 entre 1959 y 1965, más el otro contingente, de entre un millón y 1,5 millones, que salió de la isla entre 2020 y 2025 se convertirían en una fuente de divisas convertibles de la siempre necesitada República castrista. Las cifras no son tan opacas como siempre, pues las transferencias desde Estados Unidos y desde otros países, como España, se han hecho por conductos oficiales. Las cifras totales, que analizaremos más adelante, superan ampliamente el valor de las exportaciones de bienes de Cuba, que siguen siendo las mismas que en 1959, excepto que ahora el azúcar ha desaparecido: níquel, cobalto, otros minerales, tabaco, ron, algo de azúcar y algunos productos farmacéuticos.
Una segunda iniciativa fue permitir el desarrollo del turismo. Para ello se permitió la entrada de capitales extranjeros con lo que se pudo construir y explotar hoteles manteniendo el gobierno la mayoría, sin reconocer el derecho de propiedad sobre los inmuebles. El turismo se convirtió, poco a poco, en una fuente de divisas convertibles.
Fidel Castro, golpista soviético
Desde 1986 Fidel Castro había dejado claro que no estaba de acuerdo con la perestroika (reconstrucción) y la glasnost (publicidad, transparencia) de Gorbachov. Reiteró una y otra vez en sus discursos que esas políticas solo servirían para debilitar su Revolución. En Cuba, entre 1986 y 1991, no hubo ninguna reforma. Castro, con su prestigio de líder antinorteamericano, apoyó a los militares, miembros del Politburo y de la KGB que apoyaron el complot contra Gorbachov que estalló en agosto de 1991.
Gorbachov sobrevivió al golpe de estado, dio libertad a los países del Este de Europa y permitió la separación de los estados miembros de la URSS que así lo quisieran. Entre los que se separaron estuvieron Bielorrusia y Ucrania.
Gorbachov terminó con la relación especial de la URSS con Cuba, lo que, seguramente, tuvo que ver con el apoyo de Castro al intento de golpe de estado contra Gorbachov de agosto de 1991; pero, también en parte, porque Rusia no podía sostener económicamente a Cuba más tiempo, la Guerra Fría había terminado y la URSS no necesitaba ya un brazo armado para enfrentarse por fuerzas armadas interpuestas en conflictos tercermundistas con Estados Unidos.

La consecuencia inevitable de la política de intervención militar en diferentes países fue el fortalecimiento del ejército: el ejército se convirtió, por encima del partido comunista, en la espina dorsal del castrismo. En 1991 había terminado el tiempo de los revolucionarios guevaristas, del partido comunista y sus planes quinquenales. Era el tiempo del ejército que, desde ese momento, ha controlado —y se ha beneficiado económicamente de— los ingresos por turismo de las transferencias, remesas y envíos de los cubanos en el exterior (hasta 2024), con sociedades controladas por los mandos militares más próximos a la familia Castro. Más adelante nos detendremos en la forma de actuar de esos mandos que ha dado lugar a una entidad llamada Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), una de cuyas principales características ha sido que durante bastante tiempo no se sabía cuál era el tratamiento de sus ingresos, al margen del resto de ingresos públicos.
En julio de 1989 Fidel Castro ordenó fusilar al general Ochoa —el general con más prestigio del ejército cubano— y a tres de sus más altos oficiales, acusados de narcotráfico. Nunca ha estado claro el porqué de esa decisión, aunque los antecedentes de Fidel Castro, desde la Universidad hasta la liquidación de todos sus oponentes políticos, antes y después de 1989, sugieren que se estaba preparando para tener su poder absoluto, no ya sobre el partido comunista sino, específicamente, sobre el ejército.
De lo que no cabe duda es de que Cuba traficaba con drogas. Lo que sería un incentivo más para el acuerdo con el narcoestado venezolano. No es posible creer que el ejército y las fuerzas de seguridad cubanas, que fortalecieron la dictadura venezolana durante 25 años, no hayan sido actores principales de ese tráfico.
3. El «periodo especial» permanente (1991-2026)
En 1991 Fidel Castro tuvo que comunicar a los cubanos que su país había entrado en lo que se llamó un «periodo especial», un periodo de severas restricciones económicas. Explicó que la causa era la desaparición de la URSS y la independencia económica de la URSS de los países del antiguo bloque soviético, pero nunca se refirió, ni indirectamente, a su posición en el intento de golpe de estado contra Gorbachov. De hecho, en 1991 se produce la normalización de las relaciones económicas exteriores. Por primera vez desde 1959 Cuba se vio obligada a organizar su economía sin ayuda exterior significativa. De un plumazo, Cuba se encontró sin subvenciones de la URSS y del resto de los países del antiguo Consejo de Ayuda Económica Mutua (COMECON) y del Pacto de Varsovia, y con un ejército de militares, policías, médicos y maestros «exportado» a otros países que ya nadie o casi nadie —la excepción fue Venezuela— reclamaba.
Este «periodo especial» tuvo, finalmente, cinco periodos bien diferenciados. El primero, de 1991 a 1994, de retroceso económico tremendo (un 36% del PIB) y el consiguiente descenso en el nivel de vida. El segundo, de 1995 a 1999, es de estabilidad en la miseria. El tercero, de 2000 a 2019, de una mínima recuperación gracias a las relaciones con Venezuela. El cuarto, de 2020 a febrero de 2026, supone otra crisis semejante a la de 1991, provocada por la pandemia, que afecta al turismo, al precio del petróleo (excepto en 2022 y 2023 por la guerra de Ucrania) y a la reducción de las remesas de los cubanos en el exterior.
El quinto periodo es la fase actual, que comienza con el secuestro de Maduro el 3 de enero de 2026 y es la quiebra de la economía cubana, que tuvo que declararse en suspensión de pagos a principios del presente año, en 2026. La prohibición de importar petróleo acelera el proceso de quiebra, pero, incluso sin ella, la desaparición del castrismo parece imposible de evitar.
El arqueo o balance de la economía
Era la hora de hacer arqueo de una economía que se había adaptado a los principios marxistas-leninistas y a los planes quinquenales de tipo soviético. Una economía que, en cuatro años, de 1991 a 1994, contrajo su actividad económica (su PIB) en un 36% y los cubanos tuvieron que sufrir reducciones significativas en sus cartillas de racionamiento.
El sector agrario
Fue el más afectado desde el primer momento por el triunfo de Fidel Castro en 1959. Al igual que ocurrió con las revoluciones de Rusia y China, Castro tachó de contrarrevolucionarios a todos los campesinos propietarios de tierras por encima de una mínima extensión (67 hectáreas en el caso de Cuba). Todos perdieron sus tierras, que pasaron a ser propiedad del Estado. Las explotaciones agrarias se organizaron en empresas estatales, granjas y cooperativas. Incluso los que habían conservado sus tierras tuvieron que integrarse en cooperativas que les fijaban qué producir, qué comprar, qué vender y a qué precio. El resultado fue una catástrofe, mitigada, en parte, por la mayor productividad, reconocida estadísticamente, de los campesinos dueños de sus tierras.

Por increíble que parezca, las reformas necesarias desde 1991 se llevaron a cabo en Cuba con lentitud y con grandes limitaciones. En lugar de seguir las políticas de Deng Xiaoping en China, que lo primero que hizo fue disolver las granjas y cooperativas estatales y dar libertad a los campesinos para producir lo que quisieran a precios de mercado, siguieron las de la nueva Federación Rusa, que tardó tres años en reconocer la propiedad privada en el sector agrario. Lo único que funcionaba bien en el sector agrario cubano en 1991 era el sector del tabaco, que Fidel Castro respetó por propaganda y por la capacidad de este sector para generar divisas.
El sector agrario en peor situación era el dedicado a la explotación de la caña de azúcar. La obsesión de Castro con el azúcar explica, en parte, la nacionalización del campo, junto con la expropiación de las 161 centrales azucareras que funcionaban en 1959. La incompetencia de Castro era tal que creyó que el campo y las centrales azucareras serían capaces de producir permanentemente 10 millones de toneladas de azúcar anualmente y que esa producción le daría el control del mercado internacional del azúcar. Una estupidez que se puso de manifiesto con la zafra de 1970, que no pudo pasar de 8 millones de toneladas a costa de paralizar todo el país para conseguirlo. Desde 1991 la producción de azúcar se empezó a reducir: era evidente que no era una actividad productiva sin la maquinaria moderna que Cuba no tenía. Hoy, apenas existe una decena de centrales azucareras. El objetivo de la última zafra, la correspondiente a 2024/2025, era la producción de 265.000 t. La producción fue de solo 150.000 t. Cuba ha empezado a importar azúcar.
La disminución del cultivo de caña de azúcar no ha tenido el efecto que sería de esperar con su sustitución por otros cultivos. El campo cubano sigue estatizado, aunque con concesiones a agricultores propietarios o usufructuarios de tierras públicas a los que se permite producir y vender en mercados libres. Los dos sectores, el público y el privado, sin embargo, han sufrido desde 1991 una restricción que no les permite mejorar: no han tenido acceso a permisos para comprar maquinaria, ni fertilizantes, ni pesticidas, ni carburantes que son, básicamente, de importación. Un problema no resuelto en este larguísimo «periodo especial permanente», porque nunca ha habido las divisas necesarias para comprar lo imprescindible. Hasta tal punto que hoy las importaciones de alimentos son el primer rubro de las siempre limitadas importaciones.
En el sector de la minería, lo único que ha funcionado es el níquel y el cobalto, primer renglón de las exportaciones cubanas (el mineral se trata en Canadá) y producciones reducidas de zinc, oro, plata, cromo y hierro. Las minas cubanas de níquel y cobalto son explotadas por una empresa canadiense.
Cuba produce también petróleo y gas natural en pequeñas cantidades, insuficientes para cubrir su demanda interna. En 2025 se produjeron 40.000 barriles diarios de crudo equivalente (petróleo y gas). Se trata de un petróleo pesado y con alto contenido de azufre, que solo se emplea para sus termoeléctricas. Las necesidades de Cuba son del orden de 100.000 barriles por día.
La industria
La industria cubana era ya un desastre en 1991 y sus resultados eran y son cada vez peores por la falta de inversiones. Los créditos de la URSS modernizaron una parte significativa de la industria básica; pero recordemos que los créditos de la URSS se terminaron en 1989 y hasta 2014 ni siquiera hubo un acuerdo de refinanciación.
Un problema que ha afectado a todas las industrias de las economías socialistas planificadas es que, al carecer de un sistema de precios de mercado, son incapaces de impulsar el desarrollo de otros sectores industriales. El impulso para nuevas industrias ha sido siempre de orden político. Son legión los proyectos visionarios de Fidel Castro, demostrando que en materia económica fue siempre un gran ignorante: todos sus proyectos, después de absorber los escasos recursos económicos de Cuba, han terminado por desaparecer.
El endeudamiento exterior
Otra herencia envenenada con la que se encontró la Cuba del periodo «especial permanente» de 1991 fue el endeudamiento exterior, tanto con países de economía de mercado, en divisas convertibles, como con la URSS, en rublos, supuestamente convertibles en dólares.
En abril de 1986, como habíamos adelantado, Cuba cesó los pagos en moneda convertible. Las negociaciones para resolver la crisis se alargarían hasta 2015. En ese año, aprovechando el impulso de la política aperturista con Cuba de Barack Obama, el Club de París, que agrupa a la mayoría de los países capitalistas, llegó a un acuerdo sobre una deuda exterior de 12.500 millones de dólares, pues al principal acumulado —alrededor de 5.000 millones— hubo que sumar los intereses de más de 30 años de impagos.
Lo que no esperaba Fidel Castro es que, ya en 1989, la URSS primero, y después la Federación Rusa, reclamase el pago del principal del déficit comercial que se había acumulado hasta ese año (unos créditos concedidos al margen de las enormes subvenciones que recibió el régimen castrista por ser el brazo ejecutor de los sueños o delirios expansionistas soviéticos). La deuda a finales de 2014, considerando principal e intereses, sumaba 35.000 millones de dólares.
La deuda exterior de Cuba con otros países, Japón y China entre otros, sumada a la de la Federación Rusa y la del Club de París, alcanzaba, en total, 54.000 millones de dólares, de los cuales al menos 8.500 eran intereses. La Rusia de Putin había llegado en 2014 a un acuerdo con Cuba en virtud del cual se condonó el 90% de la deuda. Los 3.500 millones de dólares restantes se pagarían en 10 años, invirtiendo ese dinero en la propia Cuba en empresas mixtas rusocubanas. Algo que, al menos en parte, sí parece haberse cumplido.

También se llegaron a acuerdos con el llamado Club de Londres, que agrupa a bancos privados y empresas suministradoras con deuda pendiente. China había llegado a un acuerdo de condonación de 6.000 millones en 2011 y México había condonado otros 300 millones en 2013.
La deuda viva tras las condonaciones de todos los países acreedores se cifraba en 2015 en 15.000 millones de dólares. El compromiso del Gobierno castrista era pagarlos en plazos hasta 2034 y años posteriores. En realidad, al margen de pagos testimoniales, nada se ha pagado.
Para comprender la magnitud de los 54.000 millones de dólares de deuda externa hay que compararlos con el PIB de Cuba, que en 1991 eran 24.000 millones de dólares a precios actuales. En 1993, el PIB se había reducido hasta los 17.300 millones de dólares a precios actuales. Eso significaba que la deuda originada desde 1959 hasta 1991, los 54.000 millones de dólares, eran el 225% del PIB de 1991 y el 317% del PIB de 1993. Ese enorme endeudamiento significó que hasta 2015 Cuba no encontró financiación para cubrir sus déficits de balanza de pagos, al margen de las subvenciones y pagos que obtuvo de la Venezuela de Chávez desde el año 2000, y del turismo y las remesas de emigrantes cuyos ingresos totales servían para estabilizar la economía.
El déficit público
El FMI ha calculado que el déficit público en 1990 era del 10% del PIB y que alcanzó el 30% en 1993. Todo el déficit público se monetizaba, igual que ahora, imprimiendo billetes de curso legal en Cuba, lo que, a su vez, producía, como ahora, una inflación desmesurada que repercutía en el tipo de cambio del peso cubano, desorganizando y confundiendo los precios que se utilizaban internamente para preparar los correspondientes planes económicos. Además, se ha erosionado sistemáticamente el nivel de vida de los cubanos, pues el ajuste a la inflación se ha hecho siempre con subidas de salarios y pensiones muy inferiores a las de los bienes y servicios que los consumidores han tenido que comprar a la «Empresa Estatal Cuba».
La situación era tan desesperada que Cuba tuvo que aceptar la circulación del peso cubano convertible y del dólar hasta el 2021, año en que se volvió a autorizar únicamente un nuevo peso cubano en lugar del peso convertible y de los dólares, estableciendo un tipo de cambio oficial de 1 nuevo peso por 24 pesos convertibles.
4. Desaparece el monstruo y llega el burócrata soviético
En 2013, Raúl Castro sustituye temporalmente a Fidel Castro, que muere en 2016, y hasta 2020 es el nuevo presidente de Cuba. Desde 1959, Raúl Castro había sido el ministro de Defensa del castrismo y en 1970 reemplaza a Fidel en la gestión de la economía, pero nunca dejó de ser el cerebro y el brazo del terror.
Cuando, en 2013, sustituye a su hermano la carta de presentación de Raúl es la seriedad, sin más aventuras exteriores, salvo la relación con Maduro que se intensifica. El presidente Obama, en su segundo mandato, apoyó la supuesta seriedad del nuevo dictador cubano. Se levanta el embargo sobre alimentos y medicinas, se permiten transferencias de familiares a Cuba, aunque con nuevas cortapisas, y se liberalizan los viajes a Cuba.
A nivel internacional, Obama apoya a los gobiernos europeos que adoptan una política complaciente con el régimen castrista. En 2015, se llega a un acuerdo sobre la deuda exterior de Cuba con los países miembros del Club de París (acreedores públicos) y del Club de Londres (acreedores privados), a la que ya hemos hecho referencia. A esta apertura económica sigue una apertura política, como si Cuba hubiera dejado de ser un régimen de terror. A ello no fue ajeno el pontificado del Papa Francisco. En España, el Gobierno de Rajoy propone una política exterior más complaciente con el castrismo. No en vano España es el principal acreedor de la deuda exterior cubana frente a la Unión Europea.
La principal aportación de Raúl Castro a la supervivencia del castrismo es la reducción del tamaño de la Empresa Estatal Cuba, en particular en el sector agrario, al permitir a agricultores privados usufructuar tierras del Estado Y la autorización para que todos los cubanos que lo deseen puedan abandonar el país. Pero a lo que nunca ha renunciado Raúl Castro es a la política del terror, a la aplicación de una legislación cada vez más dura contra la disidencia, a mantener el control sobre la propiedad privada de los cubanos, el principio ideológico más importante del castrismo, pues, aunque hay 650.000 «cuentacorrentistas», se les limita el crecimiento y las actividades que pueden desarrollar.
No merece la pena analizar la evolución del PIB desde 1989 hasta ahora. El galimatías de precios existentes en cada momento, desde los de los planes quinquenales que recogían 1.000.000 de precios oficiales hasta las alteraciones de precios, afectados en grado variable por la inflación. Quizás, el mejor camino para analizar cómo ha evolucionado la economía cubana desde 1991 consiste en ver cómo lo han hecho las exportaciones e importaciones de bienes y servicios, se trata, en este caso, de cifras conocidas, expresadas en dólares, por organizaciones internacionales y por las agencias de crédito de los países que se relacionan comercialmente con Cuba.
Exportaciones. Venta de servicios por petróleo: el acuerdo con Venezuela desde 2000
En 1989, las exportaciones sumaron 5.400 millones de dólares. En 1993 se habían reducido a 1.200 millones de dólares anuales, casi lo mismo que se vendía en 1958.
Entre el año 2000 y febrero de 2026 estuvo en vigor un convenio con Venezuela, denominado «Petróleo por servicios», que ha permitido a Cuba recibir de Venezuela, hasta 2025, petróleo por un valor global de 63.000 millones de dólares, que aparecen estadísticamente como exportaciones de servicios de Cuba a Venezuela5. Un promedio de 2.520 millones de dólares anuales en esos 25 años, una cantidad que supera el promedio de todas las exportaciones de bienes de Cuba en ese mismo periodo.
Los servicios que Cuba ha prestado a Venezuela son los de la organización y apoyo de personal para asegurar los servicios de seguridad, el funcionamiento del ejército y las prestaciones personales de médicos, enfermeros y maestros y profesores que suplían los que prestaban los profesionales venezolanos que habían abandonado su país.
El turismo
Los ingresos por otros servicios, que crecen hasta el año 2020, son los generados por el turismo. En 1989 se ingresaron 200 millones de dólares. En 1991 se ingresaron 400 millones con cerca de 400.000 visitantes. El gobierno cubano, a pesar de sus reticencias a la presencia de extranjeros y de «capitalistas explotadores» permite las inversiones de capitales que se concretan en la construcción y mejoras de 336 hoteles, con un total de 83.000 habitaciones. Los ingresos suben a 1.000 millones en 1995 y sigue aumentando en años posteriores hasta los 2.000 millones en el 2000 y cifras parecidas hasta 2019. En 2020 la pandemia redujo los ingresos a 900 millones de dólares y después se han recuperado hasta alcanzar 1.600 millones en 2024. Un cálculo muy limitado permite cifrar en 75.000 millones los ingresos brutos por turismo desde 1991 hasta 2024. Los ingresos netos no están claros, porque las limitaciones de la agricultura y la industria fuerzan a importar muchos de los bienes que se necesitan para los servicios turísticos.

Las importaciones
En un país como Cuba, con unos sectores productivos tan poco eficientes, las importaciones son no solo determinantes del crecimiento o de la recesión económica, sino imprescindibles para asegurar un mínimo de cobertura de las cartillas de racionamiento, del funcionamiento de la industria y los insumos imprescindibles para el sector agrario.
El desglose de las importaciones de Cuba es desolador. Las más importantes son las compras de alimentos y medicamentos —que se hacen básicamente a Estados Unidos desde que Barack Obama levantó en 2016 el embargo para esos sectores—. Después, el petróleo y todo tipo de productos refinados que Cuba no produce, o que podría producir a un coste desmesurado. A continuación, los fertilizantes, pesticidas y bienes de consumo. En mínimas cantidades también se importan bienes de equipo. Recuérdese que desde 1986 hasta los acuerdos sobre la deuda exterior de 2015, Cuba no consigue créditos a largo plazo, que son los que financian la compra de bienes de equipo. En cualquier caso, a partir de ese año tampoco hay margen para la importación de bienes de equipo.
La evolución de la cifra de importaciones explica mejor el panorama económico. En 1989 Cuba importó 8.100 millones de dólares, siendo la URSS el principal suministrador, empezando por el petróleo. En 1993 la crisis había reducido las importaciones hasta los 2.000 millones de dólares. Después, con el apoyo del turismo —y de las remesas de los cubanos del exterior, que analizaremos posteriormente—, las importaciones se elevan a 5.200 millones el año 2000. El apoyo de Venezuela ha sido fundamental: a partir de informaciones oficiales del gobierno de Cuba, hizo posible el crecimiento hasta los 7.000 millones en 2005, 11.700 millones en 2015, y un total de 12.300 millones en 2018. La pandemia de 2020 obligó a reducir las importaciones hasta los 7.300 millones en ese año, recuperándose nuevamente hasta los 10.000 millones en 2023 y reducir de nuevo a 8.000 millones en 2024.
5. La deuda exterior, suspensiones de pagos y remesas: GAESA
En 2020, la deuda exterior de Cuba había seguido creciendo y se situaba en torno a los 20.000 millones de dólares. En 2021 Cuba volvió a suspender el pago de su deuda. Ese impago deterioró aún más la calificación crediticia de Cuba, que solo obtiene desde entonces créditos comerciales a corto plazo con muy pocas garantías. En 2021 se llega a un nuevo acuerdo de refinanciación de la deuda que es inmediatamente incumplido. Ese cese de pagos se renegocia y se llega en 2025 a nuevo acuerdo con el Club de París. La deuda con los países miembros del Club de París alcanzaba los 4.600 millones de dólares, de los que unos 2.200 millones eran deuda con España. Desde 2021 no hay pagos por intereses, ni amortizaciones de principal de las deudas de Cuba con el exterior. Las autoridades castristas anunciaron en 2025 y a principios de 2026 que tampoco podrían cumplir los acuerdos de ese mismo año.
Pero ese no es el final. En la balanza de pagos por cuenta corriente se contabilizan tanto las transacciones de bienes y servicios como las resultantes de las transferencias de los emigrantes en el exterior, que se denominan, simplemente, remesas. Las remesas de los cubanos que viven en el extranjero son más importantes que los ingresos del turismo. Los cubanos que escaparon como pudieron desde 1959 y 1960 y protagonizaron sucesos como el de Mariel en 1980 y el de los balseros en 1994 han pasado de ser «gusanos», la calificación oficial que les regalaba el castrismo, a ser empujados a irse de Cuba para reducir los gastos de sus cartillas de racionamiento y con la esperanza de que los que han emigrado al extranjero envíen una parte de sus ingresos en divisas para sostener a sus familias en Cuba, algo que ha ocurrido efectivamente. El castrismo ha pasado de controlar al máximo la salida de sus habitantes a darles, a partir de 2013, la libertad de emigrar, una decisión que tomó Raúl Castro en los últimos años de Fidel, con una novedad adicional: los cubanos ya no temen perder sus viviendas, ahora pueden conservarlas, aunque hayan emigrado y ya no vivan en Cuba.

En 1993, las remesas fueron de 200 millones, creciendo año tras año, hasta llegar en 2000 a 843 millones. En los años posteriores siguieron creciendo hasta 1.300 millones en 2005. Los topes se alcanzaron entre 2015 y 2018 —consecuencia también de los permisos del Gobierno estadounidense— con cifras de 3.354 millones en 2015 y 3.700 millones en 2018. En 2020 la pandemia afectó a las remesas, que se reducen a 2.300 millones, y se mantienen en torno a los 2.000 millones anuales desde entonces.
El total de las importaciones de bienes y servicios en esos años (1993-2025) suman, aproximadamente, 267.000 millones de dólares. Esas compras se han financiado con los ingresos por exportaciones de bienes y servicios (mercancías, turismo y venta de «servicios especiales», como los prestados a Venezuela) que han alcanzado los 185.000 millones de dólares. El déficit, por tanto, ha sido de 82.000 millones de dólares. Que se han podido pagar, en parte, con los 50.000 millones de dólares por remesas de emigrantes. El resto, alrededor de 32.000 millones, explican el crecimiento de la deuda externa que sobrepasa, otra vez, tras la crisis de la pandemia, los 30.000 millones de dólares, en 2024. Las exportaciones de «servicios» (médicos, seguridad, profesores de enseñanza) a Venezuela dentro de este periodo (2000-2025) pueden valorarse en torno a 63.000 millones de dólares USA.
Sin los acuerdos con Venezuela el déficit acumulado no sería de 32.000 millones, sino de 95.000 millones. Imposible, por eso, que, aunque Cuba tenga petróleo procedente de Rusia o de cualquier otro país que se lo venda, la Cuba castrista pueda funcionar sin Venezuela.
El Grupo de Administración Empresarial
Se calcula que las remesas de cubanos residentes en el exterior desde 1993 a 2025 han podido sumar unos 50.000 millones de dólares. Las organizaciones de cubanos ubicados en EEUU cifran en otros 50.000 millones de dólares el valor de los envíos de bienes de consumo y medicamentos en ese mismo periodo. En total, más de 100.000 millones de dólares en 30 años.
Esos 50.000 millones de bienes de consumo y medicamentos no figuran en ningún balance. Son los ingresos que han permitido a las familias que los han recibido sobrevivir mucho mejor que los que no los han recibido. Este volumen de transferencias se ha hecho obligatoriamente con la intermediación de una empresa creada por Raúl Castro en 1993, llamada Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), cuya sede no queda claro si está en Panamá, en México o en ambos sitios, controlada por el alto mando militar cubano y que supone una importante y, a la vez, sorprendente creación del castrismo.
El gobierno cubano ha tenido que intervenir en 2026 para incentivar el flujo de dólares hacia Cuba, autorizando los pagos a través de nuevos intermediarios. La razón de estas nuevas intervenciones tiene que ver con la prohibición que ha impuesto Estados Unidos a las transacciones que se realicen bajo control militar cubano.

Pero ¿qué es GAESA? Los siguientes párrafos son un resumen del estudio titulado «GAESA: estado ladrón» publicado por Cuba Siglo XXI, del que es autor Emilio Morales6: «Bajo la etiqueta del socialismo, una oligarquía militar controla [o, en todo caso, ha venido controlando durante los últimos años] más del 70% de la economía y el 95% de las finanzas nacionales, mientras el gobierno civil actúa como un simple títere. En la práctica, el gobierno que dirige Miguel Díaz-Canel no tiene control de las finanzas del país. El Banco Central de Cuba […] está completamente subordinado y sometido a los intereses de GAESA […]. Si hubiera que señalar un responsable principal de la debacle inflacionaria que agobia al país, sin duda, todos los hechos apuntarían hacia GAESA. El oportunismo y el control que tiene esta entidad sobre las finanzas y la economía del país impiden la implementación de reformas que […] transformen el modelo económico y saquen al país de la crisis […] en la que se encuentra empantanado […]. Medidas como la creación de las tiendas que usan monedas libremente convertibles, la implementación de la norma que se conoce como Tarea de Ordenamiento Monetario, la prohibición de depositar dólares físicamente en las cuentas bancarias del país y la implementación del nuevo mercado cambiario desataron a partir de su implementación una espiral inflacionaria que, hoy en día, al gobierno le resulta imposible detener […]. Asimismo, el pésimo manejo de las inversiones […] ejecutadas a la conveniencia e intereses lucrativos de los oligarcas de GAESA, ha sido otro factor de peso en la crisis inflacionaria que presenta el país. Esto ha dejado sin recursos al propio Estado, quien ha visto cómo sus industrias y sectores más emblemáticos se han desmoronado en los últimos años (industria alimentaria, matriz energética, red de transporte, servicios de salud, industria azucarera, abasto de agua potable, educación, entre otros) por falta de recursos financieros y la ausencia de una política de inversiones consecuente con las verdaderas necesidades y prioridades estratégicas del país. A este hecho, que muestra la supeditación del gobierno cubano a GAESA […] había que sumar la poca transparencia y la ausencia de mecanismos institucionales para controlar y fiscalizar las operaciones de GAESA». Además de todo esto, GAESA ha venido controlando una alta proporción de las finanzas en divisas del país, sus ingresos han superado los del presupuesto del Estado, operando en paralelo con este y sin apenas pagar impuestos; y, todavía más llamativo, se ha señalado que GAESA tiene activos internacionales en cuentas propias, fuera del control del Banco Central de Cuba y a la disposición de los mandos militares que controlan la sociedad.
6. Las grandes cifras de la economía cubana en el periodo 2019-2025
Es muy difícil, por no decir imposible, llegar a calcular e identificar las cifras macroeconómicas más importantes de la economía cubana desde 2019, el año anterior al comienzo de la gran crisis, que comienza en 2020 con la pandemia, que golpea a Cuba igual que al resto del mundo.
En 2019 las cifras oficiales eran de un PIB de más de 100.000 millones de dólares (datos del Banco Mundial), resultado de transformar los pesos cubanos a un tipo de cambio que va desde el oficial, del 1×1, hasta otros que no conocemos.
En 2020 circulaban en Cuba cuatro monedas diferentes: el peso cubano, que es el que se utilizaba para pagar sueldos y pensiones; el peso convertible en dólares, que se hacía al tipo de cambio de 1 dólar por 24 pesos; el dólar americano; y unas cuentas corrientes en pesos convertibles en los que solo figuraban como depósitos para pagar importaciones. La complejidad era todavía mayor porque las cuentas de las empresas estatales se llevaban en pesos cubanos ordinarios, con la particularidad de que, a las empresas con la autorización pertinente, se les aplicaba el cambio de 1 dólar por 1 peso, lo que les permite pagar las importaciones a ese cambio ridículo hasta, al menos, 2021.
En 2021 se establece un nuevo «orden monetario». Todo se contabiliza en pesos cubanos, que se cambian al tipo de cambio oficial de 1 dólar por 24 pesos cubanos. A los poseedores de cuentas en pesos convertibles o en dólares o depósitos en pesos convertibles se les da un plazo de 6 meses para convertir todas sus cuentas a pesos cubanos al tipo de cambio oficial. Después de la unificación monetaria, a la que me refiero a continuación, y con efectos retroactivos, la cifra para ese año se había reducido a 60.000 millones de dólares. Resultado de aplicar otro tipo de cambio. Una cifra igualmente inverosímil.
En 2020 comienza la crisis del COVID, una crisis que para Cuba es similar a la de 1991 a 1993, pero afectó más a Cuba que a otros países. Las cuentas exteriores, aún en déficit, estaban en cierto equilibrio. Ese equilibrio se rompe al disminuir las exportaciones de bienes, el turismo y las transferencias desde el exterior, todo lo cual desemboca en un mayor déficit público y, aún más importante, en un déficit exterior del que Cuba no ha podido recuperarse. La restricción de importaciones afecta, como en épocas anteriores, a la producción nacional de bienes y servicios. Se multiplican la inflación y la deuda exterior e, inmediatamente, se devalúa el peso cubano y se modifican los precios internos no homogéneamente, sino subiendo los sueldos y pensiones menos que los precios de la economía. En definitiva, ese desbalance busca reducir el déficit público y las importaciones, lo que, obviamente, afecta duramente al nivel de vida, a la verdadera renta per cápita.

No hay que olvidar que en 1958 un peso cubano se cambiaba, libremente, por un dólar estadounidense. El último tipo de cambio oficial, 455 pesos por un dólar, explica mejor que nada el deterioro de una economía sin posibilidad de recuperación. Con ese tipo de cambio oficial, la CEPAL ha calculado que el PIB de Cuba en dólares de 2024 se situó en torno a 12.900 millones de dólares.
Podemos resumir la evolución reciente de la economía cubana atendiendo a los ingresos y gastos públicos y su resultado, los déficits públicos; los componentes de la balanza de pagos (las balanzas comerciales y de servicios, y su agregado, la balanza por cuenta corriente); la deuda exterior; el PIB total y per cápitaen 2024, último año para el que se dispone de este dato.
Cuadro 1. Déficits Públicos
Los déficits públicos del calibre de los que hemos visto anteriormente se han monetizado en parte y, en parte, se han cubierto con emisiones de bonos públicos que han tenido que comprar obligatoriamente los bancos cubanos, con los que la monetización solo se retrasa. La crisis de la pandemia y el agotamiento de un sistema productivo, en el que apenas se ha invertido desde 1991, se ha saldado con los déficits públicos ya señalados.
| Año | % s/PIB |
| 2020 | 17,7 |
| 2021 | 11,7 |
| 2022 | 11,1 |
| 2023 | 20,0 |
| 2024 | 6,6 |
Cuadro 2. Balanza Comercial de Cuba en los años 2020 al 2025
Cifras oficiales cubanas (datos de la ONEI) y estimaciones de organismos internacionales:
| Año | Exportaciones de bienes | Importaciones de bienes | Saldo Comercial |
| 2020 | 1.685 | 8.933 | -7.248 |
| 2021 | 1.886 | 10.397 | -8.511 |
| 2022 | 1.889 | 12.003 | -10.104 |
| 2023 | 1.583 | 8.973 | -7.390 |
| 2024 | 1.474 | 8.986 | -7.512 |
| 2025 | 1.500 (aprox.) | <9.000 | -7.500 |
En millones de dólares estadounidenses
Cuadro 3. Balanza de Servicios
| Año | Saldo |
| 2020 | +5.469 |
| 2021 | +6.231 |
| 2022 | +5.840 |
| 2023 | +6.299 |
| 2024 | Sin datos |
En millones de dólares estadounidenses
Cuadro 4. Balanza por Cuenta Corriente
| Año | Bienes y Servicios | Remesas | Saldo |
| 2020 | -1.779 | +1.703 | -76 |
| 2021 | -2.280 | +1.084 | -1.196 |
| 2022 | -4.264 | +2.040 | -2.224 |
| 2023 | -1.091 | +1.972 | + 881 |
| 2024 | -1.500 (aprox.) | +1.113 | -382 |
En millones de dólares estadounidenses
La Balanza de Pagos por Servicios recoge los ingresos por turismo y los pagos por parte de Venezuela y de otros países que compraron los servicios militares y de seguridad de Cuba. Esta información oficial cubana no ha sido ratificada por organismos internacionales. Las cifras de las remesas de cubanos en el exterior que figuran en la balanza por cuenta corriente son muy inferiores a las obtenidas por otros organismos oficiales, mucho más fiables.
Dando por buenas todas esas informaciones, si no fuera por las remesas de emigrantes la Balanza de Pagos de Bienes y Servicios registraría, constantemente, déficits, a pesar de los ajustes que el gobierno cubano efectuó en esos años en las cartillas de racionamiento y en el reducido aumento de los salarios y las pensiones en relación con el aumento de los precios.
Cuadro 5. Deuda Exterior
| 2020 | 18.900 |
| 2021 | 19.700 |
| 2022 | 20.500 |
| 2023 | 23.000 |
| 2024 | 25.000 |
| 2025 | 28.000 |
En millones de dólares estadounidenses
Así como los déficits públicos se han transformado en inflación, los déficits de balanza de pagos no han desaparecido, sino que se han transformado en deuda exterior en moneda convertible. En 2020, la deuda exterior era de 18.900 millones de dólares; en 2021, teniendo en cuenta la suspensión de pagos al Club de París, era de 19.700 millones; en 2022, fue de 20.500 millones; en 2023, alcanzó los 23.000 millones; en 2024 llegó a 25.000 millones; y en 2025 se posicionó en los 28.000 millones. No se sabe qué países han financiado ese aumento del déficit exterior. Venezuela es probablemente el más afectado.
Los 28.000 millones de deuda exterior de 2025, comparados con un PIB en dólares de ese año (con el tipo de cambio de 455 pesos por 1 dólar) de 12.924 millones de dólares, incrementan la deuda exterior hasta el 216% del PIB de 2025.
PIB y renta per cápita
Sea cual fuere el PIB nominal en dólares de 2020, hay datos oficiales que explican cuál es la situación hasta llegar a 2024 o 2025. El PIB de 2020 se redujo un 11%, entre 2021 y 2023, se estabiliza y vuelve a caer con fuerza en 2024 y 2025. El gobierno cubano calculó para 2024 un PIB de 90.000 millones de dólares al aplicar el tipo oficial de 1 dólar por 24 pesos. En 2022 se fija el tipo de cambio en 120 pesos por 1 dólar. En diciembre de 2025 el tipo de cambio oficial se modifica y se fija en un dólar por 455 pesos cubanos. Es evidente que esa devaluación no puede haber ocurrido en solo 4 años. Pero el tipo de cambio informal en esas fechas era peor, era de un dólar por 510 pesos cubanos.
En lo que respecta a la renta per cápita, el cálculo es muy diferente según que el PIB sea mayor o no, de los 12.924 millones del cálculo de la CEPAL.
1) ¿Cuál es la actual población de Cuba? El gobierno cubano ha sostenido, hasta hace poco, que Cuba tiene una población de casi 11 millones de habitantes. Pero, según los demógrafos, la cifra real podría estar entre 8,5 y 9 millones de habitantes. El Gobierno reconoció con datos de la Oficina Nacional de Estadística una población de 9.748.000 habitantes en 2024.
Si tenemos en cuenta que están saliendo de Cuba, al parecer, entre 200.000 y 250.000 personas al año desde 2020 a 2025, efectivamente la población podría ser de 9 millones de habitantes. Sobre esta base, un PIB de 12.924 millones daría como resultado una renta per cápita de 1.329 dólares.

Otra manera de calcular la renta per cápita es analizar cómo se han modificado las cantidades y los precios de los productos que componen la cartilla de racionamiento. La cartilla —«la libreta», como la denominan los cubanos— sigue teniendo precios subvencionados, pero han disminuido las cantidades, habiendo desaparecido de ella productos fundamentales como la carne y los huevos. Ante las protestas por la inflación y los cambios en las tarjetas, se han vuelto a tomar decisiones que rompen con la política de transparencia monetaria de 2021. Así, se han limitado los precios máximos en los mercados agrarios oficiales y libres de los alimentos más importantes.
Desde 2020 a 2025 el PIB de Cuba, según las estadísticas oficiales y las de CEPAL, se redujo entre un 15% y un 20% en términos reales. El PIB desde 2020, en pesos corrientes, por su parte, no ha dejado de crecer, porque la inflación ha sido de alrededor del 30% anual.
En 2024 la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) del gobierno de Cuba publicó que el PIB de ese año en términos constantes (sin tener en cuenta la inflación) fue de 50.693 millones de pesos cubanos. Ese año el tipo de cambio oficial era de 120 pesos por 1 dólar.
2) De 2025 no tenemos todavía cifras oficiales. Se ha informado de una caída real del 5% del PIB. Sobre esa base, el PIB cubano oficial habría sido de 47.500 millones de pesos constantes. Pero en diciembre de 2025, el gobierno tuvo que modificar el tipo de cambio oficial a 455 pesos por 1 dólar. Una devaluación del 367% en dólares sitúa el PIB en dólares en 2025 en 12.924 millones. Ese es el cálculo que ha hecho la CEPAL. Obviamente, al tipo de cambio informal de marzo de 2026, que se sitúa ya en los 515 pesos por 1 euro, tanto el PIB como la renta per cápita son todavía menores.
7. Y final: la agonía del castrismo
Un país con los datos que hemos visto desde 2020, de déficit público, inflación, balanza de pagos, deuda exterior, PIB y renta per cápita es un país en agonía. Si, además, pierde, como parece, más de 200.000 personas al año, que ahora son mayoritariamente personas de entre 20 y 40 años, con formación profesional o universitaria, se complica aún más el futuro de su economía.
El final del acuerdo con Venezuela ha supuesto el fin del promedio de ingresos de 2.500 millones al año, incluso más, porque, probablemente, las cifras anuales han superado al promedio en los últimos años.
La Balanza de Pagos de Cuba, con 2.500 millones de dólares menos de ingresos al año, significa que sin remesas los déficits alcanzarían los 4.000 millones de dólares al año. Y el deterioro del turismo, una realidad desde 2020, se ha agravado, tanto por la escasez de petróleo, como por los apagones y la inseguridad consiguiente. Si en lugar de ingresar 2.000 millones al año por turismo la cifra desciende hasta los 500 o los 1.000 millones, la Balanza de Servicios de Cuba podría pasar de los superávits de entre 5.000 y 6.000 millones de 2024 a otro de solo entre 2.500 y 3.000 millones de dólares. El déficit de la Balanza de bienes y servicios podría situarse entre 4.500 millones y 5.000 millones de dólares anuales: no parece posible que nadie pueda financiar a Cuba en esas cantidades.
De nuevo, la única solución es reducir drásticamente las importaciones que hoy son imprescindibles para mantener la producción agraria y la industrial. La reducción de importaciones, sobre los niveles actuales, puede provocar una hambruna como las que afectan a los países africanos. Incluso si Estados Unidos permite la importación de petróleo, el descenso del PIB real es ya inevitable.
La única solución es la desaparición del castrismo y la vuelta de Cuba a un régimen de economía de mercado, con una Constitución como la última de 1940, en el peor de los casos, en la que quede claro que se respeta la democracia y la propiedad privada7[7].
Los castristas de Raúl Castro creen haber hecho grandes avances sobre el poder desmedido, hasta su muerte, de Fidel Castro, pero la Constitución de 2019 les delata. Esa última Constitución castrista dice que «se reconoce la propiedad privada, las empresas mixtas extranjeras y la existencia de mercados» como componentes de la economía cubana «bajo control del Estado». Pero dice también que «la República de Cuba se declara marxista y leninista», «irrevocablemente socialista» y se reafirma en que «nunca volverá el capitalismo explotador del hombre por el hombre». Y eso lo dicen los que han explotado a los cubanos, enviándolos a guerras que no entendían y a médicos y maestros llamados a trabajar en condiciones casi siempre penosas, recibiendo salarios de miseria, mientras el Estado castrista ingresaba cantidades sustanciales de divisas por esas tareas.
Alberto Recarte es licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid y Técnico Comercial y Economista del Estado. Fue consejero comercial de la Embajada de España en La Habana (1974-1978), consejero económico del presidente del Gobierno (1980-1982) y ha sido consejero de diferentes empresas. Ha sido vicepresidente de la Fundación Hispanocubana y es autor de Cuba: Economía y Poder (1959-1980), El Informe Recarte (2009) y el Desmoronamiento de España (2010).
- En 1898, cuando Cuba logra su independencia de España, con la intervención del ejército norteamericano, tenía una población de 1,5 millones de personas, un millón de españoles y 500.000 negros y mulatos, de origen africano básicamente, que habían llegado a Cuba como esclavos, que se fueron liberando lentamente hasta la abolición definitiva de la esclavitud en 1886. Desde 1898 hasta 1930 (el año de la Gran Depresión mundial) los gobiernos de Cuba atraen a 1,5 millones de inmigrantes, básicamente de España. ↩︎
- Un ejemplo fue el juicio a los 43 miembros de la Fuerza Aérea del ejército regular celebrado en marzo de 1959. Todos fueron absueltos por un Tribunal Revolucionario tras demostrarse que, lejos de bombardear a la población, habían procurado arrojar las bombas en campas y zonas despobladas. Fidel Castro se manifestó en contra de la absolución. Dijo que todos eran culpables. Se los volvió a juzgar y fueron condenados a prisión de 20 a 30 años. El mensaje fue muy claro. A los suyos, que él era el único que tenía, también, el poder judicial y a los demás, que si querían conservar la vida o la libertad tenían que obedecer a sus decisiones, fueran las que fuesen. ↩︎
- Le Nouvel Observateur, revista francesa, era muy importante en aquel entonces. ↩︎
- En relación con los presos políticos, el 20 de octubre de 1977, Fidel Castro declaraba: «Nosotros tenemos una concepción del preso político y del preso contrarrevolucionario. El preso político es aquel que es arrestado y condenado por querer mejorar la sociedad, luchando por el bien del hombre y por el progreso de la sociedad. No tenemos el mismo concepto de aquellos que luchan por hacer retroceder la sociedad. Y nosotros los denominamos presos contrarrevolucionarios, que están presos por cometer delitos, concretamente graves delitos. Y continúa «el 80% de los individuos que teníamos presos por delitos contrarrevolucionarios están en libertad hoy día. Por lo tanto, los que quedan – puede haber algún nuevo ingreso, no lo niego, ¡no lo niego! mediante este programa (se refiere a programas de reeducación política) irán saliendo y, en algunos casos, cuando cumplan su condena saldrán». ↩︎
- Según los datos del «Miranda Center for Democracy», contenidos en el informe «Oil for Repression», presentados en la Universidad Internacional de Florida y corroborados por el Gobierno de Estados Unidos. ↩︎
- Emilio Morales: GAESA: Estado ladrón. Dossier Cuba 21. Número 4. Año 2025. ↩︎
- Al que quiera saber más sobre la economía cubana se le puede aconsejar la novela de Leonardo Padura, «Muerte en la arena», que es una historia del castrismo. Un drama de tres familias y algún amigo. No hay una sola referencia a la política interna, ni exterior de Cuba, ni a la política económica, ni a la represión política, ni los disidentes. Se limita a explicar las penurias de esas 3 familias cuyos abuelos fueron socialistas o castristas, pero cuyos padres malviven como médicos, profesores, escritores, funcionarios o santeros. Lo que sí hacen es describir cómo les han afectado las grandes decisiones de Fidel Castro –al que creo recordar que cita solo una vez–, desde la ofensiva revolucionaria de 1968, con la nacionalización de hasta las pequeñas quincallas, la Zafra de 10 millones, la guerra de Angola, la alianza con los países comunistas de Europa, los éxodos de cubanos o la ruptura con Gorbachov. De Mariel relata cómo a cada cubano que quería irse, pagando lo inimaginable, se le obligó a montar en su embarcación a cuatro criminales o perturbados mentales. Dos de las familias sobreviven gracias a los envíos de divisas de sus hijas, una vive en Florida y otra en Barcelona. La tercera nada en abundancia gracias a que su hijo es un santero que adivina el futuro y logra con ello grandes beneficios. No se libra el sistema educativo, donde solo triunfan los oficialistas. El único elogio al castrismo que contiene esta novela es la eliminación del racismo. Su ejemplo, un negro, amigo de las familias, que es físico nuclear pero que ahora sobrevive como jardinero de la familia del santero. La mayoría de los miembros de esas familias y sus amigos solo encuentran alivio a sus penas con el amor, el sexo, cuando lo encuentran, y con el alcohol, cuando lo consiguen. ↩︎






