
¡Cuidado! Está usted entrando en un museo
El 21 de junio de 1871, un joven Friedrich Nietzsche escribía desolado a su amigo Von Gersdorff. Habían incendiado el Museo del Louvre. «La noticia me dejó anonadado durante varios días, me deshacía en lágrimas y dudas: empecé a ver el conjunto de nuestra existencia científica, filosófica y artística como un absurdo, porque solo un día basta para borrar las supremas maravillas de periodos enteros del arte».






