Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

En términos absolutos

Ya en su día, el maître à penser portugués, Eduardo Lourenço, señaló que la forma mentis del país luso se reflejaba en una creación literaria repleta de monólogos, como si no hubiera interlocutor posible; una característica que se haría evidente en la carencia secular de una tradición continua en materia teatral y novelesca. Lourenço lanzó esta hipótesis en el año 1977, lejos todavía de los éxitos internacionales de la narrativa de Saramago o Lobo Antunes, desde el convencimiento de que Portugal era, por encima de todo, un país de poetas. La novela que nos ocupa –En nombre de la tierra (1990) de Vergílio Ferreira (19161996)– podría ser una muestra de esta consideración tanto por lo que respecta a la utilización

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