
Benedicto XVI y la verdad
Razón, fe y guerra cultural Cuando Joseph Ratzinger fue designado obispo de Múnich en 1977, consultó a su confesor si tenía derecho a declinar el honor: él amaba su tarea de docente, investigador, teólogo universitario. Su confesor dijo: «Debes aceptar»«Fue para mí una decisión inmensamente difícil. Se me había autorizado a consultar a mi confesor. […] Esperaba que él me disuadiese. Pero, con gran sorpresa mía, me dijo sin pensarlo mucho: “Debe aceptar”» (Joseph Ratzinger, Mi vida, Encuentro, Madrid, 2006, p. 183).. Tras un cuarto de siglo como eminencia gris de Juan Pablo II, al morir éste en 2005, Ratzinger, ya de 78 años, creía por fin llegada la hora de un retiro de estudio y oración en alguna parroquia






