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Artesanos para un mundo global

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Lo artesanal está despertando hoy un creciente interés en diferentes sectores de la cultura europea y no europea. Lo mismo se organiza una exposición sobre artesanías japonesas de la época Meiji en el Museo Nacional de Arte Moderno de Kioto, sobre artesanías estadounidenses en el Museo Crystal Bridges de Arte Americano de Arkansas, o sobre artesanías mexicanas en el Museo Franz Mayer de Ciudad de México, que asistimos a la inauguración de una nueva galería en el British Museum sobre astrolabios árabes de época medieval. Siguiendo esta estela, lo mismo podemos adquirir un codiciado espejo de bronce coreano de la dinastía Joseon a través de eBay, y sin movernos de casa, que un poncho Aymara de tradición precolombina. Estas y otras manifestaciones revelan no solo una preocupación por una vertiente desatendida de la tradición, sino sobre todo una revisión profunda de las prácticas artesanales.

En el ámbito de la investigación, de la cultura o de los libros, que es el que aquí nos interesa, la mirada hacia lo artesanal ya no se limita únicamente a exponer la contribución de los artesanos a la emergencia de la ciencia moderna, como lleva haciendo un reducido grupo de historiadores de la ciencia desde los años cuarenta del siglo pasado. Ahora se abre un panorama geográfico y cronológico mucho más ancho, y mucho más interesante. Tenemos estudios que vuelven a los orígenes de una tradición oculta, ni platónica ni aristotélica, sino mecánica y arquimediana, para hablar, entre otras cosas, de las máquinas de guerra de Atenas y Alejandría. Otros estudiosos destacan la presencia de poderosas comunidades artesanales en el califato abasí, en la China Tang o en las primeras décadas del imperio otomano durante su dominio de la cuenca oriental del Mediterráneo. Asimismo, hemos comenzado a estudiar el protagonismo que los pilotos oceánicos tuvieron durante la expansión marítima europea para la configuración y consolidación de los imperios ibéricos. También se han revisitado categorías historiográficas clásicas de la historia del pensamiento, como la de la Ilustración, no para hablar de la razón ni de las luces desde una nueva perspectiva, sino de las artes mecánicas y del trabajo manual durante el Antiguo Régimen. E incluso se ha cuestionado la desaparición de oficios artesanales y de las artesanías tras los procesos de industrialización y maquinización del mundo contemporáneo. De una u otra forma, todos estos estudios pretenden conceder a la artesanía y a los artesanos el lugar que sin duda merecen.

Tomados en su conjunto, muchos de los libros publicados en los últimos años sobre el trabajo manual revelan la posibilidad de encontrar ciertos criterios de universalidad en lo que parece inicialmente local. Estudiar lo artesanal desde una perspectiva global, como un universal o como un lugar común a cualquier época y cualquier geografía, requeriría realizar un viaje a las entrañas de Hefesto, al corazón de lo artesanal, y en esa tesitura nos asaltan interrogantes de diversa naturaleza: ¿En qué pensamos cuando oímos o leemos el adjetivo descriptivo «artesanal»? Casi siempre, en un objeto o en alguien que hace algo material con sus manos, pero ¿cómo trabajan los artesanos? ¿Sabemos realmente lo que hacen y cómo lo hacen? ¿Cuáles han sido tradicionalmente sus modos de socialización y transferencia? ¿Han dejado rastro en forma de textos o los textos que existen responden a una demanda externa, tal vez económica, comercial o educativa? ¿Ocurre lo mismo con un artista o un científico? ¿Acaso necesita el artesano un texto para hacer su trabajo? Por lo general, para acercarnos a la obra de un poeta leemos sus poemas, para apreciar la obra de un pintor miramos sus cuadros, para conocer la obra de un científico leemos sus escritos, ¿Ocurre algo parecido con un artesano? En suma, ¿cómo nos acercamos a alguien, como decía el científico Michael Faraday, que piensa con sus manos?

Si el lector me lo permite, podemos continuar con este tono inquisitivo, que aun buscando respuestas va iluminando el camino. ¿Por qué los artesanos se organizan en hermandades, cofradías, corporaciones o simplemente gremios como vías alternativas de protección frente a los canales habituales del poder, aquellos que les son dados a otros colectivos? Si consideramos que el saber artesanal no es un saber científico, ni siquiera conceptual o proposicional, y que produce cosas por una vía alternativa, más práctica, entonces, ¿qué sistemas de aprendizaje, formación y adquisición de habilidades sigue alguien para convertirse en un artesano? ¿Cuál es el principal medio para transmitir y enseñar una práctica u oficio artesanal? ¿La mera experiencia, la tradición oral, la lengua vernácula? ¿Se aprende haciendo? ¿Qué papel cabe al espacio físico, al lugar? ¿Es necesario recrear el escenario donde se lleva a cabo la práctica o se hace in situ, en el mismo espacio de la práctica? ¿Y qué decir de las condiciones? ¿Lo artesanal se lleva a cabo en circunstancias que podríamos llamar «caseras», austeras? ¿Y el ritmo? ¿Es un tipo de conocimiento que se hace despacio o está proletarizado?

Teniendo en cuenta que los artesanos y sus realizaciones no tienen pretensiones de universalidad, esto es, se llevan a cabo en condiciones locales para atender a problemas concretos, a diferencia por ejemplo de la ciencia, ¿cuál es el recorrido que sigue un objeto artesanal para convertirse en un objeto global? ¿Qué papel desempeñan los artesanos entre nuestra idea de espacio o de mundo y la realización de un mapa, entre nuestra idea de tiempo y un calendario o un reloj, entre nuestra idea de latitud y un cuadrante o una ballestilla? Dicho de otra manera, ¿cómo conectar el mundo abstracto de las ideas científicas con los instrumentos y sus artefactos materiales? ¿Tienen los artesanos algo que decir en esta difícil conexión? ¿Cómo convertimos conceptos y categorías mentales, a veces puramente matemáticas, en un objeto material de madera o metal? Esta es, sin duda, una tensión muy compleja entre dos mundos diferentes, ya que no se trata del acto creativo de un artista que, con más o menos fortuna, intenta imitar a la naturaleza. Es mucho más complicado que todo eso, y de nuevo mucho más interesante. ¿Y qué decir de la dimensión tácita del conocimiento, ya señalada por el filósofo húngaro Michael Polanyi, para nuestra comprensión del mundo? ¿Es el saber artesanal un conocimiento solo e irremediablemente tácito? ¿Se trata de un conocimiento implícito o, mejor, de un conocimiento supuesto?

Sea como fuere, este interés que parece haber permanecido oculto durante décadas e incluso siglos está generando libros, muchos libros. El objetivo de este número monográfico de Revista de Libros sobre lo artesanal en sus diferentes variantes no es responder a todas y cada una de estas preguntas, ya de por sí complejas. El objetivo es menos ambicioso, pero de similar alcance. Se trata de hacerse eco de un síntoma global e intentar explicarlo a través de una selecta muestra de algunos de los libros más importantes que se han publicado recientemente sobre este asunto. Contamos para ello con el entusiasmo de varios especialistas nacionales e internacionales que desean ofrecer su mirada ante este fenómeno en el mundo hispanohablante.

Si bien lo artesanal sigue siendo hoy un tema, por un lado, muy academizado y, por otro lado, muy arraigado en los nichos del arte popular en los países de habla hispana, lo cierto es que empieza a emerger el deseo de saber más, no olo sobre prácticas propias, sino también ajenas. No ocurre lo mismo en el mundo anglosajón o francófono, donde lo artesanal ha gozado tradicionalmente de una buena salud y sigue haciéndolo. Con la intención de enriquecer este deseo, este monográfico quiere echar un vistazo global, multicultural, plurilingüe, polifónico, poliédrico y a la vez homogéneo y uniforme de lo artesanal desde diferentes perspectivas disciplinares y profesionales. En ese sentido, el lector se encontrará tanto con trabajos recientes sobre Arts & Craft (Artes y Oficios o artesanías) como con publicaciones que usan indistintamente los sinónimos ingleses artisan y craftman, ambos traducidos al español como artesano. Así, hemos pretendido que varios expertos procedentes de diversos sectores de la cultura reseñen libros de otros especialistas sobre lo artesanal. Esa mirada cruzada permitirá evidenciar algo que siempre hemos tenido presente, pero no siempre hemos visto: lo artesanal como uno de los principales motores de nuestra condición humana y de nuestra cultura. En otras palabras, ¿es posible dar valor social y económico a lo artesanal y no valor epistémico? ¿Acaso el mundo de los artesanos es un mundo ajeno al progreso científico, al avance tecnológico o a la fiebre industrial?

Abordar la cuestión de lo artesanal hoy implica mirar hacia distintos puntos y obliga a seguir determinadas coordenadas. Por decirlo sucintamente, son varios los frentes abiertos. Uno de los más conocidos es el que delineó el filósofo e historiador de la ciencia austríaco Edgar Zilsel en los albores de la Segunda Guerra Mundial con una tesis fructífera que lleva su nombre y que se convirtió, con altibajos, en caldo de cultivo de varias generaciones de historiadores de la ciencia. Dicho rápidamente, Zilsel atribuía el nacimiento de la ciencia moderna a la colaboración entre hombres de ciencia y artesanos, que él denominaba superiores, no plebeyos, tales como Gerardus Mercator, Abraham Ortelius o William Gilbert. La versión más refinada de la línea abierta por el malogrado Zilsel ―que se suicidaría en Estados Unidos a los 53 años― la encontramos hoy, varias décadas después, en los trabajos sobre epistemología artesanal de Pamela H. Smith y en las llamadas trading zones (zonas de intercambio) de Pamela O. Long. Con más o menos intensidad, la pregunta por lo artesanal siempre ha estado viva en los estudios sobre la ciencia moderna. Lo realmente novedoso en este campo es asistir a la relectura técnica y artesanal del siglo de las luces, ahora también llamado Artisanal Enlightenment (Ilustración artesanal). Paola Bertucci propone descentralizar un movimiento a priori intelectual a partir de las aspiraciones institucionales, sociales y políticas de los llamados artistas-artesanos de la Société des Arts de París para convertirlo también en un movimiento artesanal. Desde una óptica diferente, la escuela francesa más reciente, aunque menos mediatizada que la anglosajona, ha producido excelentes trabajos sobre artesanos en el siglo XVIII, como los de Liliane Hilaire-Pérez, menos centrados en la relación de los artesanos con las élites ilustradas y más enfocados en las prácticas artesanales en sí mismas y en su universo técnico, material y social.

Más allá de la relación casi de conveniencia entre la ciencia y los artesanos, existen otros ámbitos emergentes. La historia urbana, la historia social del trabajo y la historia económica se preguntan también por el papel de los gremios y las corporaciones artesanales en la configuración socioeconómica de las ciudades bajomedievales y de la temprana modernidad. Se publican libros sobre Londres, pero también sobre artesanías en ciudades del Mediterráneo musulmán y Oriente Medio, como Estambul y El Cairo; o de América Latina, como Lima, Cuzco y el estado mexicano de Zacatecas. Lo mismo se está haciendo con algunas ciudades de la India, donde se analiza, por ejemplo, el impacto del sector textil contemporáneo y otros oficios tradicionales en el marco de nuevas políticas de desarrollo innovador y sostenible. Como vemos, el abanico de posibilidades se antoja muy amplio. Asimismo, publicaciones recientes han puesto en valor los sistemas de conocimiento indígena de los aborígenes australianos y de las antiguas sociedades africanas precoloniales.

Otro frente activo y enormemente atractivo para el lector es el que nos presenta el sociólogo pragmatista estadounidense Richard Sennett, fiel seguidor de su maestra Hannah Arendt, con la publicación de El artesano. Este es uno de los primeros intentos por compartir una reflexión sobre lo artesanal con un público no necesariamente académico. No muy lejos de este intento se sitúan curadores y museólogos que trabajan con colecciones que entrecruzan la artesanía con el diseño, el arte y la arquitectura contemporánea. Uno de los casos de mayor actualidad es el de Glenn Adamson, o el de la joven revista Journal of Modern Craft, creada en 2008. Tanto uno como otra trabajan en torno a la tensión que parece darse entre dos mundos aparentemente inconmensurables, la artesanía y la industria en el mundo contemporáneo. El mensaje es claro: el artesano no desaparece con la Revolución Industrial.

Una mención especial merece el renovado interés que están suscitando las culturas artesanales de Asia Oriental, con especial mención a China, Corea y Japón. Con la selección de libros de este número hemos querido resaltar esta nueva veta editorial. Para ello contamos con la mirada experta de algunas de las voces más autorizadas en el campo, como son Francesca Bray, Dorothy Ko, Christine Moll-Murata o Christine Guth, entre otras. Indirectamente, todas ellas parecen cuestionar el papel periférico que las culturas artesanales han tenido para el «orientalismo» occidental, como diría Edward Said. En efecto, el famoso historiador de la ciencia Joseph Needham tenía razón, a pesar del apogeo de la ciencia y la cultura china durante la época antigua y medieval, el gigante asiático nunca experimentó algo así como una revolución científica en la época modera, pero lo cierto es que no lo necesitaba, sus habitantes estaban ocupados en otra revolución, en la de la artesanía de las 10.000 cosas, como reza el título del libro de otra sinóloga experta, Dagmar Schäfer. A fin de cuentas, la idea no es apelar a una nueva revolución que sitúe a determinada cultura, civilización o tradición, por encima de otra ―como parecía esconder la célebre pregunta de Needham―, sino atender a la contribución que los artesanos han tenido en el desarrollo de los saberes. De una u otra forma, estamos ante un panorama nuevo y emergente que merece la pena explorar. Sin más, el lector encontrará aquí una muestra de lo mucho que han crecido los estudios sobre lo artesanal en los últimos quince o veinte años.

Antonio Sánchez es profesor de historia y filosofía de la ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid

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