San Juan Bueno, Mártir
Se preguntaba si iba moriría atrapado en la grieta en la que había caído. Juan sabía que no era sensato hacer senderismo solo, pero le agradaba adentrarse en la naturaleza sin más compañía que un libro, algo de fruta y una botella de agua mineral. La Sierra Norte de Guadalajara era muy hermosa: hayedos, encinares, arroyos, rocas de pizarra. Cuando las hojas rojas de las hayas alfombraban el suelo, la tierra parecía palpitar como un ser vivo. Desde el interior de un hayedo, el cielo solo era una franja remota, pero su luz siempre recordaba que había un infinito abierto en las alturas.






