
Inteligencias alternativas
Existen huellas de vida en la Tierra desde hace tres mil ochocientos millones de años, cuando apenas habían transcurrido setecientos millones de años desde la formación del planeta. Este escaso período de tiempo fue suficiente para que surgieran los primeros organismos unicelulares y, a partir de ellos, las dos líneas evolutivas que condujeron hacia bacterias y arqueas. Esta rapidez permite conjeturar que la génesis de un sistema viviente es un acontecimiento con una probabilidad no despreciable cuando se dan las condiciones apropiadas. De ahí el interés que despierta el descubrimiento de exoplanetas de características similares al nuestro o la posible presencia de agua en un plantea como Marte, en el que quizás pudo también surgir la vida a pesar de poseer un ambiente más inhóspito para la misma.
La unidad de vida tal como la conocemos es la célula. Las células son sistemas complejos capaces de reproducirse y de mantener una organización y una homeostasia interna a través de una buena cantidad de reacciones químicas que constituyen el metabolismo celular. Son capaces de percibir cambios en el medio externo e interno y de reaccionar en consecuencia, generando reacciones químicas y, a veces, movimientos.






