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Cuando las catedrales eran verdes

Milán se jacta de contar con un nuevo icono, el Bosco Verticale, dos altas torres residenciales en el renovado barrio de Porta Nuova que se hallan engalanadas con mil doscientos árboles y arbustos vivos. El arquitecto, Stefano Boeri, diseñó un «gran cartel» verde para la metrópoli, que, en efecto, plantea las buenas intenciones de la sostenibilidad más que las buenas prácticas. A los residentes se les prohíbe por contrato que cuiden de las plantas, que requieren de jardineros para acicalarlas como bonsáis, podando tanto las raíces como las ramas con objeto de impedir que invadan los balcones de las sucesivas alturas. Y aunque se construyeron también algunos edificios cercanos en conjunción con el proyecto, las torres fomentan una oleada de gentrificación en este barrio que tiene un interés sólo superficial por reducir la huella ecológica de la ciudad. A pesar de sus deficiencias ecológicas, le vegetación contribuye a un microclima positivo. En su libro, un tratado para replanificar Milán, preparado cuando Boeri estaba aún a cargo de la EXPO 2015 , el arquitecto afirma que las torres proporcionan un biotopo equivalente a media hectárea de bosque salvaje. A la mayoría de los milaneses les encanta el extraño aspecto del Bosco Verticale, un gesto hacia la creación de una ciudad sostenible, que representa la actitud «verde» que está extendiéndose por la mayor parte de las ciudades europeas.

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Indalecio Prieto: un socialista atípico

Si hay un personaje de la izquierda española que ha suscitado una cierta, a veces inconfesable, simpatía entre sus adversarios ha sido el socialista Indalecio Prieto (1883-1962). Su figura, dirá en 1962 el republicano conservador Miguel Maura, acabará ganándose el respeto de las futuras generaciones mucho más que los «falsos santones» de la España autocrática vigente cuando Maura escribía estas palabras. Su hondo sentido nacional, que casi nadie cuestionaba, su socialismo liberal y su desbordante humanidad le valieron el aprecio de personajes que se encontraban en sus antípodas políticas, hasta el punto de alimentar el mito de un Prieto fascista malgré lui. Ernesto Giménez Caballero pensó en él como un posible Mussolini español, que cumpliera las condiciones biográficas, sociales y psicológicas de un verdadero tribuno popular, lejos del señoritismo imperante en la extrema derecha española, y José Antonio Primo de Rivera le dedicó en vísperas de la Guerra Civil un artículo titulado «Prieto se acerca a la Falange». Fue a raíz del sobrecogedor discurso que el líder socialista pronunció en Cuenca el 1 de mayo de 1936 advirtiendo del peligro de un levantamiento militar acaudillado por Franco y lanzando un desesperado llamamiento a la izquierda para recuperar la cordura en un momento de grave excitación colectiva. El mensaje iba dirigido sobre todo al sector caballerista del PSOE, embarcado en un proceso de bolchevización ideológica y táctica que resultó letal para la República.

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