
El cambiante rostro del feminismo en el mundo musulmán
El feminismo no es una ideología que se asocie con el mundo musulmán, e incluso parece incompatible con el islam. Este pone a la mujer bajo la tutela de su pariente masculino más cercano: padre, hermano, esposo o hijo. Cuando se casa, su marido está autorizado a golpearla en caso de desobediencia, repudiarla en cualquier momento, o casarse con hasta tres mujeres más. Cuando hereda, recibe la mitad que sus hermanos. Cuando testifica ante un juez, su palabra vale la mitad de la de un hombre. Fuera del entorno doméstico inmediato debe cubrirse, para proteger su reputación. La lista de agravios es larga. Y, a priori, el origen divino de esos mandatos hace muy difícil cuestionarlos. Sin embargo, los países musulmanes no han sido ajenos al liberalismo que Europa exportó junto con su dominación militar, política y económica, y en las últimas décadas del siglo XIX empezaron a alzarse voces contra la opresión de la mujer que exigían su derecho a recibir una educación y a participar en la vida pública.






