
Globalización: la visión de largo alcance
En 1865, cuatro mil kilómetros de cable submarino conectaron las comunicaciones mundiales. Para enviar un mensaje de Londres a Río de Janeiro se necesitaban varias semanas en un paquebote, si es que lograba llegar finalmente. Hacían falta meses si su destino era la joya de la corona británica, Bombay. Cuatro décadas después, los lechos oceánicos acogían 406.300 kilómetros de cable. Las ciudades del mundo quedaron enlazadas; en un abrir y cerrar de ojos podía enviarse un mensaje de un rincón a otro del planeta. Y llegaba realmente, lo que era extraordinario en términos comerciales. Floreció el periodismo económico, que informaba sobre lugares lejanísimos, oportunidades comerciales y el señuelo de las inversiones de alto riesgo.






