
Una prodigiosa renovación literaria: 1913
En diciembre de 1912, las editoriales parisinas Fasquelle y La Nouvelle Revue Française rechazaron una primera novela titulada Les intermittences du cœur (Las intermitencias del corazón), que su autor, un hombre de mundo con más contactos que logros comprobados, había enviado por medio de terceros. El editor Ollendorf hizo lo propio el mes de enero siguiente, acompañando su negativa con una nota entre amable y fastidiada: «Quizá soy corto de miras –escribió, en una frase que hizo historia–, pero no concibo que un señor emplee treinta páginas en describir las vueltas que da para un lado y para el otro antes de dormirse». Tres rechazos en otras tantas semanas: 1913 empezaba de manera poco auspiciosa para Marcel Proust.






